El perdón y la paz interior

Después del enojo viene la calma. No necesariamente el perdón.

Hay momentos en los que tenemos que canalizar todo nuestro enojo hacia el que nos hace daño y expresarlo, porque reprimirlo puede volverse un auto-envenenamiento lento.

Después del enojo viene la calma, y posiblemente la paz interior, pero no necesariamente el perdón.

Saber que has perdonado a alguien que te ha hecho daño es un estado superior de los seres humanos. Refleja un gran nivel de madurez y de trabajo interior. A veces no se logra en el corto plazo y deben pasar años para otorgarlo. El perdón es un regalo, no sólo para otros sino también para nosotros mismos.

Después del enojo viene la calma, el aprendizaje, la paz interior, pero no necesariamente el perdón.

Mientras no hay perdón, no hay completa felicidad. Pero sí puede haber paz y tranquilidad, sabiendo reconocer el camino que falta por andar. El perdón requiere un trabajo profundo de auto-reflexión, y hay mucho merito en trabajar para lograrlo. También requiere mucho amor y voluntad. Si no hay voluntad y si no hay amor de verdad, no hay perdón real. El amor tiene muchas caras, y cuando el amor es perdón tiene cara de libertad.

Si nos tardamos en perdonar no seamos tan duros con nosotros mismos. El tiempo es sabio pero nosotros no. Seamos pacientes con nuestras debilidades, porque llegar a estadios superiores de santidad toma trabajo, tiempo, madurez y reflexión. No es fácil.

Después del enojo viene la calma, el aprendizaje, la paz interior y, finalmente, cuando hemos llegado a una etapa de madurez espiritual y emocional, le vemos el rostro al perdón y somos libres.