Y entonces fue cuando oré con fe…


No quedaba más por hacer en mi mente, el ánimo y las ganas de vivir habían huído por la puerta de ese apartamento en Madrid.

Gracias a Dios tenía a mi lado un par de ojitos inocentes con todas las ganas de vivir, que hacían que yo me levantara de esa cama ajena.

Tenía que ponerme de pie para alimentarlo y asearlo, el no tenía porque vivir el infierno en el que yo me encontraba.

Se me viene a la mente la imagen de aquella película que sólo una vez he soportado ver «La vida es bella» donde Guido le hace creer a su hijo que todo lo que están viviendo se trata de un juego, solo para evitarle lo que podría ser el momento más doloroso de su corta vida.

Recuerdo esos días y no sé cómo logré vivirlos y superarlos, pero es en ese momento en el que reconozco que no fui yo, sino Dios quien no me abandonó y me dio las fuerzas necesarias para salir de allí, de ese país al cual esos ojitos inocentes y yo, no pertenecíamos.

Al caminar por esas calles que encierran tanta belleza, esa belleza que yo había perdido… y que no tenía intención de recuperar mientras me encontrara viviendo esa pesadilla; sé que mi estado emocional estaba realmente afectado, lo dicen además las pocas fotos que conservo de ese tiempo. Y es que siempre cuidé de mi aspecto físico, arreglarme y oler bien desde que tengo uso de razón era importante para mí. Pero en ese momento, sencillamente no me interesaba. Veía a las personas en la calle y decía: …para que arreglarme si nadie me conoce ni conozco… Es que hasta la brisa era desconocida al olfato.

Me encontraba en esa ciudad espectacular a la que siempre quise visitar, porque es un sueño viajar a Europa, y yo por las razones equivocadas estaba allí, viviendo un viaje al que llamé «Paseo de sueños y verdades» pero eso será para contar en otra historia.

Al ver que ya había perdido toda ilusión, comencé a orar todos los días en el baño de ese apartamento, mientras escucha la canción de Lilly Goodman «Al final» y creí tanto en la letra y en mi súplica a Dios; y es que sé que nunca antes he orado con tanto fervor como esa vez. Una semana exacta después de rogar a Dios de rodillas y con llanto en el alma, El nos sacó de ese lugar. Fue desde luego toda una odisea llegar de nuevo a mi país. Se puso a prueba mi coraje, mi fortaleza y mi valentía. Que desde luego ya no tenía, porque todo lo que logramos mis ojitos inocentes y yo, fue gracias a la misericordia y gracia de Dios en nosotros.

Y es cuando empieza todo el proceso de recuperación, me refiero a comenzar a salir del hueco donde me encontraba, recuperar la dignidad y salir a la calle con la frente en alto. Se encuentra uno distintas miradas en un pueblo pequeño, pero recuerdo una en especial, fue una persona en el supermercado cerca de mi pueblo, y me dijo entre una pequeña conversación que tuvimos: «uno nunca sabe que tan fuerte se puede ser, hasta que ser fuerte es la única opción» y se me grabó para toda la vida, porque esa era yo, tratando de ser fuerte, porque esa era mi única opción o al menos la que yo sabía que debía tomar.

Y es que siempre se puede!!!

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