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EXPLOTACIÓN MEDIÁTICA DEL NARCOTRÁFICO EN COLOMBIA

Breve análisis de la exportación de narconovelas y la imagen del país en el exterior.

NARCONOVELAS: UN ESTIGMA SOCIAL PARA COLOMBIA

40 años de asesinatos, violaciones y abusos, resumen la historia del narcotráfico en Colombia, país que por varias décadas ha sido el líder en la producción y distribución de cocaína a diferentes regiones del mundo.

Esa es una realidad, misma que a los colombianos les duele, les pesa en los hombros, en la cabeza y en el corazón. Entre 1980 y el 2000, el país vivió los peores años de violencia, atentados contra la población civil, corrupción y caos de su historia, la creación de peligrosos carteles de la droga como el Cartel de Medellín, el Cartel de Cali y el Cartel del Norte del Valle generaron graves consecuencias sociales y económicas para el país, muertes, desaparecidos y el sufrimiento de millones de familias; además, con el surgimiento y reconocimiento internacional de ‘Capos de la droga’ como Pablo Escobar Gaviria, alias “El Patrón”, Griselda Blanco alias “La Viuda Negra” y Gonzalo Rodríguez Gacha, conocido como “El Mexicano”, han influido de forma innegable en una estigmatización de Colombia como el país de la coca, y de cada uno de los colombianos como un narcotraficante en potencia, una visión que se ha generalizado en el mundo.

Si bien es cierto que el narcotráfico marca gran parte de lo que fue y es Colombia, y que ha sido una realidad, que aunque ha disminuido, no desaparece por completo, en la actualidad el país busca crecer económica, política y socialmente, expandiéndose a nivel internacional, y esto ha sido un proceso difícil en la medida en que el país se enfrenta al estigma del narcotráfico.

Where are you from?
I’m from Colombia
Cocaine, yeah baby!
¿Eres de Medellín?
¡Sí!
¿Pablo Escobar?

Esos son sólo algunos ejemplos de los múltiples comentarios que se encuentran a diario en conversaciones con extranjeros sobre Colombia, y la verdad es que ¿cómo culparlos? El país no sólo se enfrenta a una cruel historia, sino que los mismos colombianos se encargan de difundirla en el mundo con el gran número de narconovelas que exportan.

La narconovela, o novela de narcotráfico es un subgénero del melodrama televisivo que surge hace aproximadamente 10 años en Colombia y que ha crecido exponencialmente en el mundo gracias a los altos niveles de raiting que generan.

Títulos como Sin tetas no hay paraíso, El Cartel de los sapos y El Capo, hacen parte de varios años de explotación extrema de la temática del narcotráfico en más de 17 ficciones producidas por los dos canales nacionales de Colombia: Caracol TV y RCN TV, logrando impresionantes alcances internacionales. Gracias a alianzas con cadenas como Telemundo, estas producciones llegan a Estados Unidos, España y casi toda Latinoamérica, países que reproducen la historia de violencia y masacre que hace unos años afectó a los colombianos.

Académicos como el profesor Bodgan Piotrowski, de la Universidad de La Sabana de Bogotá, explican que el realismo que exhibe la novela del narcotráfico es crudo y despiadado, porque así son las sociedades a las que retrata, y que probablemente allí radique la clave de su éxito, pues el narcotráfico poco a poco deja de ser una realidad exclusiva de Colombia para radicarse en países como México, Argentina y Brasil, entre otros.

El éxito de estas producciones además radica en que tienen la estructura de las telenovelas, son superproducciones millonarias de hasta 100 mil dólares por capítulo, y tienen la dinámica narrativa de las series, centrando su atención en los personajes (en su mayoría reales) que son los más reconocidos narcotraficantes de la historia.

En Colombia, Escobar, ‘el patrón del mal’ se convirtió en una de las series de televisión más vistas de la historia con un promedio de audiencia de 16 puntos; se ha exportado a más de 15 países entre Latinoamérica, Estados Unidos y España, además, la serie ha sido tal fenómeno televisivo que ha dado paso a otras producciones como La Viuda Negra y Tiro de Gracia.

Tanto en Colombia como en diversos países latinoamericanos se ha generado gran polémica por la transmisión de las narconovelas, debatiendo no solo los antivalores que promueven y el mal ejemplo en el que se pueden convertir estos personajes para los públicos jóvenes que las consumen, sino también el enfoque desde el que se realizan, pues en estas producciones se olvida el papel de las víctimas, su historia y su dolor, para pasar a otorgar títulos y aptitudes de héroe, a quienes, en últimas sólo fueron (y algunos aún son) los peores criminales de la historia colombiana.

A partir de esta polémica, países como Panamá y Venezuela buscan disminuir y/o eliminar estas producciones de sus medios nacionales, mientras que otros como Chile y Argentina, han convertido a las narconovelas en la franja prime time de sus canales, reproduciendo historias que posicionan a Colombia como el país de la coca, el sicario y las bombas.

Fernando Gaitán, uno de los más grandes escritores y guionistas colombianos, creador de la reconocida Betty la fea, también dio vida a El Capo, una de las narconovelas más vistas en el país y el mundo. El escritor afirma que “el narcotráfico hace parte de la historia de nuestro país y quién mejor que nosotros mismos para contar nuestra historia…” sopesando como argumento para la exportación de estas producciones, que es una forma de entender la historia del país.

Es indiscutible que, frente a este tema, existen muchas y muy diversas posiciones, y que el debate, al igual que la realización y exportación de estas producciones continuará vivo por varios años, pues un hecho innegable es que las narconovelas generan ganancias económicas y por supuesto, mucho rating.

Pero, ¿cómo pueden, hechos tan dolorosos y trascendentales para una nación, adquirir tales niveles de rating en las audiencias nacionales e internacionales? ¿Qué imagen queda para Colombia después de tales producciones?

Sin duda, los medios colombianos juegan a abrir una ventana que muestra una realidad cruda, pero fantasiosa para aquellos que pueden divisarla desde lejos. Sin embargo, lo más grave de esta exportación mediática no es la presentación de una realidad innegable, sino la exaltación de narcotraficantes que lideraron masacres y fueron los causantes de las más grandes tragedias colombianas y que sean los mismos colombianos quienes las producen y además las dejan en los primeros lugares de audiencia a nivel nacional e internacional.

Teniendo en cuenta todo lo concerniente al tema, sería entonces importante analizar cómo disminuir el efecto negativo de estas producciones, encontrar formas de controlar su consumo por parte de públicos menores, pensar en cambiar el enfoque actual y hablar desde la víctima y no desde el victimario, olvidando ese carácter de héroe que se le otorga al criminal; tal vez el impacto negativo sería menor si apuntáramos a un reconocimiento de la historia del país desde lo académico y educativo y no desde el negocio del entretenimiento, y probablemente si en las producciones que se exportan mostraran la cara positiva del país, el mundo tendría un mejor concepto de Colombia y su gente.

Si bien es cierto que sería absurdo negar esta trágica historia colombiana, y que sería aún más absurdo olvidar que sucedió (corriendo el riesgo de una repetición de estos fenómenos sociales que tanto daño le hicieron al país), también es completamente inaceptable permitir que la única imagen que se vea del país sea la del narcotráfico, que aunque real, no es ni lo único ni lo más importante que una nación como Colombia tiene para mostrar.

PROGRAMA RADIAL

PORTAVOZ LATINOAMERICANO

Debate sobre el efecto negativo de las narconovelas en la imagen de Colombia en el exterior.