¿Acordar o comprometerse?

En los últimos seis meses he escuchado la palabra “compromiso” de boca de casi todas las personas encargadas de Recursos Humanos con quienes hemos conversado.

Pareciera que es la enfermedad del siglo XXI. Todas las organizaciones quieren compromiso de las personas que colaboran en ellas y parece que no lo encuentran o les resulta muy difícil encontrarlo y que se mantenga.

Me pregunto: ¿sabrán lo que realmente están pidiendo?, ¿conocen el precio de ese compromiso?

¿Qué es el compromiso?

Si exploramos el origen etimológico de esto que tanto pedimos en las organizaciones, quizá nos sorprendamos… La palabra “compromiso” viene del latín compromissum y se utiliza para describir “una obligación que se ha contraído”.

Si exploramos la etimología de “obligación” encontramos que proviene del latín obligatio, que es una variante de “obligare” y que significa “atadura”.

Así que, cuando hablamos de compromiso hablamos de “una atadura que se ha contraído”. ¿Te suena atractivo?

He preguntado a muchas personas si les gustaría “estar atados” y la respuesta invariablemente ha sido no. Les gustaría estar en algún lugar no por atadura, sino por elección, con la libertad de moverse y elegir.

En resumen, cuando le pedimos a las personas compromiso, les pedimos que “contraigan una atadura” con la organización. Seamos sinceros, nadie en su sano juicio, nadie inteligente, proactivo, emprendedor, responsable (que son características que nos gustan de nuestros colaboradores, como organización), elegiría algo así en conciencia.

El tema, desde la perspectiva organizacional, es que requerimos que el personal establezca lazo, “se ponga la camiseta” dicen algunos de manera coloquial. ¿Cómo lograrlo desde el respeto, la dignidad, la libertad de elección?

Hacer que la gente se comprometa es sencillo. Sin embargo, muchas organizaciones pretenden conseguirlo a través del miedo, el uso del poder, la amenaza de correrlos o bien, condicionando los beneficios a los compromisos. El tema es que el colaborador sólo mostrará compromiso mientras se sienta obligado, observado o supervisado. Y en el momento en que nos demos la vuelta, probablemente cambiará de actitud. El reto verdadero para la organización es cómo lograr lo que quiere con personas que quieran ligarse a ella desde la autonomía y el gusto, es decir, con el corazón.

¿Es posible? Parece que sí.

La palabra “acordar” viene del latín accordare, (a=proximidad y cordis=corazón). Es decir, acordar es aproximar el corazón. Así que cuando hablamos de “estar de acuerdo” estamos hablando de “poner juntos los corazones”.

La posibilidad que emerge para las organizaciones es “acordar” las decisiones, los procesos, los comportamientos; porque entonces no necesitaremos el compromiso de la gente, mejor aún, tendremos su acuerdo.

El compromiso ata, el acuerdo junta. El compromiso obliga, el acuerdo mueve por sí mismo. El compromiso es difícil de sostenerlo en el tiempo, el acuerdo se sustenta desde el corazón.

¿En tu organización, acuerdan o se comprometen? ¿Saben cómo acordar? En el próximo artículo hablaremos de cómo generar acuerdos.

Si quieres saber cómo contribuir a generar una organización basada en el acuerdo y no en el compromiso, acércate a nuestro programa de RH2020 (www.rh2020.com)