Conversación o como unirnos a dar vueltas

Como muchas otras palabras y conceptos que han tenido su tiempo, esta es la palabra del momento. Hoy todo el mundo la utiliza, se escribe mucho acerca de ella y todos te dicen “cómo hacerlo bien”.

Ahora hay expertos, autores de libros, conferencistas e instructores que “saben cómo salir avante” en conversaciones difíciles, cómo identificar conversaciones cruciales, cómo no morir en el intento ante conversaciones retadoras y cómo transformar todo lo anterior en conversaciones efectivas.

¿Será que de verdad entendemos qué significa? ¿Cuál es el motivo de todas estas técnicas, consejos y prácticas? ¿Será que realmente podemos asegurar una “conversación efectiva” (lo que eso signifique) en situaciones difíciles o cruciales (lo que sea que también signifique)?

En mi comprensión actual del ser humano, como sistema vivo y como ser social, yo diría que no importa cuánto y cómo aprendamos “maneras”, “tips” o “métodos” porque no hay ninguno que asegure una conversación efectiva o un resultado exitoso.

¿La razón? Muy simple. Si así fuera, significaría que puedo:

a. Controlar el futuro, lo que parece según la evidencia comprobada, que no es posible.

b. Controlar lo que el otro haga, lo cual desde las más profundas sabidurías antiguas ya sabemos que es tarea perdida y sin sentido.

c. Cambiar a las personas a través de lo que yo hago, lo que seguramente ya has descubierto es que no importa cuanto trates, no hay manera de cambiar a nadie.

¿Y si empezamos por definir “conversación”?

El diccionario y la mayoría de la gente que escribe acerca del tema, lo define (palabras más, palabras menos) cómo “la acción de hablar que se da entre dos o más individuos con la intención de intercambiar ideas para lograr un propósito común”.

Cuando la leo, emergen muchas preguntas: ¿Qué es hablar? ¿Es sólo lo que expresamos a través de esto que llamamos lenguaje? Y si así fuera, ¿Qué tipo de lenguaje? ¿El oral? ¿El verbal? ¿Será posible conversar si no hablo en cualquiera de estas formas? ¿Realmente tenemos un propósito común? ¿Cómo definimos qué es común y cómo nos damos cuenta?

Me gusta mucho la etimología de las palabras, tengo la impresión de que nos muestran el sentido original de algo que hemos cambiado o distorsionado mucho.

La palabra conversación viene del latín “conversari” y se forma del prefijo “con” que significa “unión, colaboración” y el verbo “versari” que significa “girar, cambiar, dar vueltas”. Así que, si entendemos conversación desde su origen etimológico, conversar es la acción y efecto de “unirnos a dar vueltas”.

Cuando Michael Blumenstein habla del proceso de comunicación en los sistemas sociales tiene una frase (en realidad tiene muchas hermosas, profundas y sabias, ésta es una de ellas) que me encanta: “Conversar es la construcción individual de la realidad a través de la contribución social”. Y nada más consistente con la idea de “unirnos a dar vueltas”.

Desde esta mirada, la conversación es una forma de co-creación y como toda forma de co-creación no es buena o mala, difícil o sencilla, retadora, crucial o intrascendente.

Este marco de “valor” se lo asignamos cada uno de forma individual y jamás sabremos si el otro, incluso aunque lo afirme, lo considera de la misma forma que yo.

Quizá sea tiempo de empezar a dejar viejos mitos de control, de significados y sobre todo, de comunicación.

Partamos de la premisa que biológicamente no estamos diseñados para comunicarnos, pero sí podemos “juntarnos a dar vueltas”. Lo que emerge individualmente tiene más fuerza que lo que creemos que podemos controlar y lo que se construye en conjunto es posible más allá de los adjetivos de valor que le podamos asignar a la conversación.

¿Y a ti, te gusta “juntarte a dar vueltas”? ¿Has descubierto la riqueza que emerge de ese “dar vueltas”? ¿Has experimentado el propósito que se puede construir dando vueltas o el futuro que somos capaces de realizar juntos?