¿Cuál es el elemento más importante en esta empresa?

Muchas personas piensan (independientemente de si actúan en consistencia o no) que las personas son el elemento más importante en la organización. ¿Será cierto?

En las últimas semanas he estado preguntando a algunas personas de RH cuáles consideran que son las tres dimensiones clave de la organización. La respuesta ha sido en todos los casos: Estructura, Procesos y Personas.

Si definimos la estructura como el proceso mediante el cual organizamos las contribuciones de las personas para que los procesos (los otros) se cumplan, entonces podríamos decir que las dos dimensiones clave de la organización son las personas y los procesos.

¿Cómo se vinculan las personas y los procesos?

Quizá estés pensando, ¡qué pregunta tan más tonta! Obviamente las personas llevan a cabo los procesos. Incluso habrá alguien más que piense que no sólo los realizan, también los diseñan. Y probablemente encontremos algún atrevido considerando que no sólo los realizan y los diseñan, sino que además los innovan y desarrollan.

Desde esta perspectiva, la eficiencia de la organización depende de la eficiencia de sus procesos y de la ejecución de estos por las personas.

Nosotros no podríamos estar más de acuerdo. El tema es:

“¿Qué es un proceso?”

Un proceso son los pasos que vamos a realizar para alcanzar el propósito esperado. ¿Cómo definimos estos pasos? A través de acuerdos, básicamente, entre las personas y las áreas (que son grupos de personas que colaboran en procesos comunes).

Desde esta mirada, entonces los procesos son los acuerdos que emergen de una secuencia de conversaciones entre diferentes personas y grupos de personas en la organización.

Así que podríamos decir que de la calidad de la conversación es la calidad del proceso.

Si esto es así, entonces el punto clave es cómo generar conversaciones eficientes. Si conocemos el modelo ViSi de Comunicación, sabemos que la clave de una conversación eficiente está en la contribución que cada una de las personas hace a la conversación.

Así que la respuesta sería, ¿quieres una conversación de calidad? ¡necesitas una contribución de calidad!

¿Quién hace las contribuciones? ¿De qué depende la calidad de las mismas? Depende de dónde emergen en la persona.

Si emergen de un estado que llamamos “suficiencia” que es la certeza interna de mi lugar en el mundo con todas mis capacidades para sobrevivir en él, entonces generalmente estas contribuciones suelen tener un valor alto y estar orientadas al propósito. Si surgen de lugares como el miedo, el enojo, el desamparo, la inseguridad, muy probablemente estas contribuciones estarán más orientadas a buscar poder, control, dependencia y quizás su calidad se vea mermada.

Porque para que una contribución tenga valor, requiere incrementar las probabilidades de que el resultado que busco a través de ella pueda ser generado.

Así que nos encontramos en el lugar dónde, cómo decía mi abuela “la cochinita tuerce el rabo”. ¿Por qué? Porque para que un ser humano contribuya desde su suficiencia, necesita estar conectado saludablemente con su autonomía y la responsabilidad que tiene sobre sí mismo, su vida y los resultados que quiere lograr.

Esto quiere decir que si bien las organizaciones no somos responsables del bienestar de las personas (las personas son responsables de su bienestar), sí somos responsables de ofrecer el espacio y la forma donde esto pueda gestarse de tal manera que nuestra organización sea eficiente como resultado de un proceso social, vivo, orgánico, natural.

¿En tu organización hay espacio para ofrecer tu contribución? ¿Qué calidad de conversación tienen? ¿Qué calidad de procesos?

Si trabajas en el área de RRHH, ¿sabes cómo ofrecer formas para que esto suceda en tu organización? Aprende y participa con nosotros visitando www.rh2020.com