¿Y si nos movemos del “feedback” al “feedforward”?

En esta semana me gustaría explorar otra práctica común que las áreas de RRHH han incorporado a la organización y es el muy conocido proceso de “feedback” o retroalimentación.

La retroalimentación es el proceso mediante el cual respondemos, reaccionamos u ofertamos nueva información como retorno a un estímulo del exterior. En las organizaciones se utiliza como una forma para cuidar las posibles desviaciones.

Es decir, a partir de un insumo (usualmente el resultado de la Evaluación de Desempeño) ofrecemos al interlocutor una perspectiva de ajuste y/o evaluación con el propósito de que corrija, mejore o modifique algo que sucedió en el pasado.

A pesar que esta práctica es común en la organización, no siempre nos lleva hacia donde queremos. Muchas ocasiones después del proceso de retroalimentación no se observan los resultados que esperamos.

Con frecuencia, incluso, las personas pueden sentirse lastimadas, cuestionadas, juzgadas o tener una visión diferente de lo sucedido previamente. Así que el proceso puede convertirse en una discusión de percepciones con relación a la historia.

Si bien hay técnicas que minimizan el proceso, como el seguir un guion (hay varios modelos de guion) y/o incorporar en el proceso una retroalimentación acerca de lo positivo, seguimos hablando de lo que ya sucedió.

De hecho el propio término lo refiere. El significado de la palabra “retro” es el que se refiere a objetos y actitudes de un pasado cercano y que ya no son actuales.

La utilidad de la retroalimentación

¿Es útil? Usualmente, sólo cuando cuando ambas partes comparten la perspectiva de lo sucedido y llegan a un acuerdo acerca de los ajustes a realizar.

¿Existe alguna forma de minimizar los riesgos del proceso y maximizar las posibilidades de éxito?

Desde la perspectiva de cómo los seres humanos co-creamos sistema sociales y contribuimos en ellos, la mirada estaría en el “futuro”.

Es decir, no en lo que ya sucedió, sino en lo que quiero que suceda.

Sé que algunos estarán pensando qué es lo mismo, he escuchado muchas ocasiones esta reflexión, y me parece que es uno de los mitos que tenemos respecto a cómo construimos realidad.

Creemos que cuando hablamos de lo que no nos gustó en el pasado, eso significa que el otro sabrá que hacer diferente en el futuro, pero NO necesariamente es así.

De hecho la probabilidad es mínima, a menos que se construya juntos la imagen de futuro específico que queremos construir.

Por otro lado, hacer notar lo que no me gustó o no considero que fue útil en la historia, usualmente no tiene ninguna utilidad, porque la historia no puede cambiarse.

De tal forma que la invitación sería movernos hacia el “feedforward”, es decir a alimentar el futuro que queremos construir.

¿Cómo? Identificando claramente las distinciones que queremos observar, las diferencias que queremos tener y acordando juntos qué necesitamos para que eso suceda.

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