Feminismos

El otro día me dijeron: “a veces siento que ya no puedo habar contigo por tu forma de pensar”; y con “forma de pensar” se referían a las mil y un cosas que ocupan mi cabeza desde que descubrí el feminismo.

“Feminismo” esa palabra prohibida, con múltiples acepciones, amada por muchos y odiada por más, ese concepto que llegó para cambiarme la vida y la de los que me rodean.

Si bien acepto que debo aprender a controlar mi ira selectiva y que no puedo andar por ahí enojada las 24 horas del día con el malvado patriarcado represor, me impacta la cantidad de cosas que en estos meses he aprendido, y aun más, las que me faltan por aprender. Todos los días me sorprendo con esas pequeñeces que antes me parecían normales o de las que incluso no me percataba, ahora me escandalizan, enojan, frustran y entristecen.

A mis 21, son muchísimas más las cosas que me faltan por vivir y aprender a las que ya viví y aprendí, pero tengo la seguridad que haberme abierto a aprender sobre feminismo va a convertirse en uno de los pilares de ese aprendizaje futuro y de mi vida en general.

Tantas autoras (es), estudiosas (os), investigadoras (es).

Tantos conceptos, ramas, teorías, campañas.

Una nube interminable de conocimiento que desemboca en la misma lucha, una de la que estoy orgullosa ser parte: las mujeres también somos humanos y debemos ser libres. Aunque muchos no nos quieran creer.

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