Brasil sorprende con un pabellón premiado en esta 57Biennale

Cinthia Marcelle (1974, Belo Horizonte, Minas Gerais) fue la encargada de realizar el Pabellón de Brasil que acaba de obtener una mención especial del jurado como mejor propuesta nacional.

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Como es costumbre desde 1995, el curador que acompaña los envíos a la Biennale es siempre el de la edición previa de la Bienal de San Pablo, que cae en años pares, mientras que el encuentro de Venecia es en años impares. De esta manera, Jochen Volz tiene a su cargo la curaduría de esta propuesta, que ocupa un amplio pabellón construido en 1964, en la zona de Giardini, donde conviven 30 “embajadas artísticas”, de las cuales 3 son latinoamericanas (Brasil, Venezuela y Uruguay).

En esta ocasión, Coto de Caza como lo podemos traducir, consiste en un piso inclinado hecho de rejilla metálica, similar a los respiraderos del subterráneo, que tiene aprisionadas entre sus celdillas piedras como las que se encuentran por todo el suelo de las calles de la Biennale. Además, se presentan telas sostenidas en palos, blancas, y otras rayadas en tonos de blanco y grises, pintadas para disimular su color.

Un video muestra a un grupo de hombres con las caras tapadas levantando las tejas de un techo para escapar por él. Esta pieza fue hecha en conjunto con Tiago Mata Machado. Todo sugiere que hay una especie de motín y estos hombres están en situación de protesta. La alusión a las distintas cárceles del mundo donde se producen siniestros accidentes como una constante hacia una población marginal, representativa de las zonas más pobres del planeta, se vuelve una referencia contundente. La referencia a las masacres en las cárceles brasileñas de los últimos tiempos, es evidente.

Como dice el propio Volz: “Marcelle juega con la ambigüedad, ella crea un entorno inestable, dirigido por la suspensión, obsesión y rebelión. Toda la instalación provoca una sensación de inestabilidad”. Pero el ambiente del Pabellón dista mucho de ser una reproducción literal. Las piedras atrapadas en la rejilla del piso hacen pensar en una batalla ya concluida, y perdida por los rebeldes. Incluso los palos con banderas blancas hablan de rendiciones posibles. Esto que percibimos se acerca también a las propias palabras de Volz, que agrega en su texto: “Por mucho que podamos ser seducidos a aferrarnos a la imagen de la prisión y al comienzo de un motín, indicada por la proyección de vídeo y resonando con la rugosidad de la rejilla de acero, también se podría imaginar estar en un laboratorio peculiar o en el estudio de un artista, en un bosque techno o en una gran ciudad salvaje”.

Las fotos de esta nota son gentileza de Clara Ortiz.