Sadomasoquismo Estadista

Él tenía todo lo que yo deseaba: rifles fálicos, bombas de semen y muchas cárceles donde celebrabamos nuestras orgías para pedirle a Dionisio que Él nos eyaculara con su órgano imperial.

Siempre me prometía que cumpliría mis fantasías. Hacía que yo me humillara y le rogara por escrito que me lo diera, ni que en un papel que debía meter a un caja. A veces es tan místico. Pero por más que se lo pidiera, nunca me lo daba completo, siempre me lo empujaba hasta mitad: ni afuera ni adentro. Si Él supiera que todas las noches me lubrico con aceite de coco mientras lo espero escuchando los discursos de Ferré.

¡Ay esto tiene que cambiar! Ya me estoy cansando de la indiferencia con la que me trata. Creo que le haré caso a los consejos de mi amiga Tennessee y seguiré su plan. Si a ella le funcionó, a mí también me funcionará.

Pero si eso no funciona, ya tengo un plan b. Le diré que si no me lo da, nos separaremos. Le haré creer que soy yo quien tiene el control. Yo sé que Él no puede vivir sin mí, así que vendrá a rogarme para que no lo deje.

Like what you read? Give Kelvin a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.