No quiero

De encontrar la valentía para romper los esquemas


En 40 minutos se terminará mi jornada laboral. La rutina y el repaso de los hábitos alimenticios en las últimas semanas viendo a la selección con una cerveza y una pizza me dicen que tengo que ir al gimnasio.

¡Ouch! Nada más no quiero, pienso en los tres meses que pagué por adelantado y me obligo más, la obligación, que palabra tan fea.

Si tan solo tuviera 9 jugadores de alquiler para mejenguear todos los días, o unos tres compas para jugar básket. Creo que es muy fácil identificar que es lo que me gusta y qué no.

Y aún así la obligación me hace sentir prisionero de esas “causas”, mientras la ilusión me dice que la tarde está muy bonita y que me vaya a caminar por Alajuela.

Lo voy a hacer, como para ganarle una pequeña batalla a esos esquemas de reglas y rutinas que yo solo me impongo. Espero que algún día me sirvan para ser más valiente y me hagan dejar la informática para ponerme un pequeño hotel en Tamarindo y caminar por la playa en vez de ir al gimnasio, no sé, yo lo odio, se me nota en la panza.

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