De cómo superé el miedo a volar

Estoy segura de que todas esas películas de catástrofes áreas que vi en mis años de vulnerabilidad, aquellos programas llamados: “Los 10 accidentes aeronáuticos más impactantes de la historia”, o “Los aterrizajes más increíbles”, entre otras noticias televisivas, y unas cuantas historias en Selecciones, han sido los principales contribuyentes al miedo que me causa estar allá arriba en las nubes.

Pienso que hay diferentes niveles, yo todavía no estoy en el pánico, ni he tenido que tomar pastillas, ni tomarme todo el vino posible, pero sí admito que me sudan las manos, me entra un escalofrío en el estómago y evito mirar por la ventana, aunque el paisaje en el cielo puede ser realmente hermoso y pacífico. El caso es que subir al avión, sentir el despegue, que no voy a tocar tierra, y que no hay vuelta atrás es una sensación que comparo con el momento en que entré a la sala de parto: vas con una subida de adrenalina, miedo y otras emociones, tienes claro que no hay vuelta atrás, pero la emoción te hace continuar.

Una amiga dice que no estamos hechos para volar, que no es parte nuestra naturaleza. Yo creo que también el hecho de no tener el control en aquellas horas, afecta. Pero bien, todo el mundo dice que es el medio de transporte más seguro. Lo leí en todos esos blogs que te dan técnicas para sobrellevar aquellas horas en que ves como avanza el vuelo en la pantalla, te duermes, despiertas y lo ves otra vez, y así sucesivamente…

En esta ocasión el destino era INDONESIA. Yo estoy en Panamá.

Para llegar a Indonesia, cruzando el charco y más…

Panamá- Amsterdan
Amsterdan- Kuala Lumpur, Malasia
Kuala Lumpur- Yakarta
Yakarta — Bali (La isla de Dios)

¡Fueron en total 36 horas! Prácticamente hice turismo en los aeropuertos.

Los baños en Asia pueden ser interesantes, aquí una guía para usarlos correctamente.

De todas esas horas, entre cielo y aeropuertos, observé como a medida que iba aproximándome a mi destino, así también el entorno cambiaba, para algunas personas es obvio, pero para mí es maravilloso ver el mundo y su diversidad cultural.

Cuando llegué a Malasia, era otro MUNDO. Lo ves y sientes a penas pones un pie en Kuala Lumpur; es una lastima que no salí del aeropuerto para ver la ciudad, sin embargo lo que se percibe es que están apostando por ofrecer a los turistas una buen impresión. Su aeropuerto es moderno, todo es está bien señalizado. Entre algunos puntos notorios -puede ser una percepción-, la cantidad de empleos ocupados por mujeres, esto me dejó pensando en la situación de equidad de género en dicho país.

Para corroborar levemente:

Según una encuesta de Unicef realizada para #Beijing20, el 70% de los encuestados malasios están de acuerdo en que el estatus del hombre en la sociedad es mayor que el de las mujeres. En contraste el 69% opinó que las mujeres en Malasia deben tener las mismas oportunidades de ser electas en oficinas públicas al igual que los hombres.

De regreso al tema, de cómo superé mi miedo a volar, creo que pasar por Malasia fue sin duda alguna un reto y la parte más sensitiva: estuve en suspenso, me sudaron las manos y el corazón se me aceleró, solo deseaba que el avión aterrizará bien, que no se desviará para otra parte, tal y como sucedió en la tragedia que todos recordamos. El terrorismo deja sus secuelas… . 
Despúes de Malasia había que tomar otra vez el avión para viajar hasta Yakarta, en este punto te preguntas, ¿quién es el que vive lejos?
Lo cierto es que ya estaba “corchada”. Es decir, me daba igual, no tenía nalga, me dolía todo y mi técnica de repetirme: “el avión es como subirse a un bus o taxi”, ayudo. Sé que no es una comparación digna, pero a mí me funcionó para adaptarme a todas esas horas de vuelo. Y de Malasia solo recuerdo lindas sonrisas.

Fin: cuando llegué a Yakarta era de noche, se sentía y olía a Asia. No pude ver nada interesante porque iba como zombi, pero sí sentí que era una ciudad sumamente industrializada. El tema es que la zombi debía subir al último avión para llegar a Bali, pero antes la bienvenida que recibí en ese hermoso y contrastante país al que quiero regresar, me lo dio su COMIDA. Estaba tan agotada que mordí un ají y mi vida empezó a desintegrarse..

Recuerdo Indonesia y me causa sentimientos, por un lado quiero estar allá, y por otro pienso en lo distante y la cantidad de horas… ¡Ah! cierto: “El tiempo es relativo”.