LA VIDA EN CALOVÉBORA #DIARIORODANTE

Calovébora, Panamá

Calovébora es un destino recóndito, un tanto salvaje, inimaginable, rico, alegre, contrastante, sabroso, paradójico y podría seguir agregando más aditivos mágicos… Pero para términos de referencia geográfica, se encuentra dentro de la Comarca indígena Ngäbe-Buglé de Panamá, en el Golfo de los Mosquitos. Para llegar se debe caminar seis horas por senderos boscosos a través de la Cordillera Central o sierra de Tabasará, para así llegar al norte, adonde después de navegar dos horas más en piragua, se arriba a la desembocadura del río y por lo tanto aparece el pueblo de Calovébora. En lengua indígena Bugle, se le conoce como «Bebleicha».

Una colina con mirada al mar es el hogar de 2,963 personas, según el censo del 2010. Las casas de madera pintadas con formas geométricas, por puro gusto propio de sus moradores, comparten el suelo con las palmeras; parecen que fueron construidas pensando en los elementos de este lugar, que considero paradisíaco desde otra óptica, un mar revuelto de color chocolate, de olas fuertes que golpean y dejan en la orilla troncos de árboles macizos y otros recuerdos. Un torrente río fuente de vida de las comunidades. Viento, y mucha lluvia…, aquí no existe temporada seca. Es el Caribe, pero uno feroz, lejos de parecerse al de una postal. Aun así, sus habitantes han sabido cohabitar con el clima y sus efectos.

Para los calovereños el turismo es una palabra conocida, pero que no se repite muy a menudo. Debido a su remoto acceso (que va a cambiar para bien o mal en los próximos años ya que el gobierno aprobó la construcción de una carretera), no es frecuente la visita de turistas y quienes en su mayoría han llegado son europeos que buscan aventura.

Continuará…