Chapa de la campaña de Podemos para las elecciones del 26J. Kevin Fontecha

El 15M dio el pistoletazo de salida a Podemos, que supo canalizar toda la ira e indignación de un pueblo que se sentía despreciado y vapuleado por las políticas del Gobierno. Tras irrumpir con mucha fuerza en el panorama político español y demostrar su capacidad para destruir el bipartidismo reinante, sus rivales unieron fuerzas con el objetivo de frenar el crecimiento de esta joven formación que se presentaba a sus primeras Elecciones Generales. Diputados de Podemos denuncian que distintos medios de información y diferentes partidos políticos orquestaron una máquina del fango que ensució la imagen del grupo capitaneado por Pablo Iglesias.

El 15 de mayo de 2011 pasó a formar parte de la historia más reciente de España como la fecha en la que el pueblo dijo basta a la situación política y social imperante en el país. Se produjo un movimiento popular en el que la gente salió a la calle con el objetivo de manifestar su indignación por la crisis económica existente desde 2008.

Más de 20.000 personas tomaron la Plaza del Sol de Madrid. Mientras que, al mismo tiempo, más de cincuenta ciudades gritaban al unísono de: “No nos representan”. Las casetas de campaña se amontonaron en la plaza, a tan solo una semana de las elecciones autonómicas que iban a darse en trece comunidades autónomas. Lo sorprendente de este movimiento fue su espontaneidad. Las redes sociales on line fueron el instrumento que canalizó a miles de individuos, capaces de hacer temblar el orden establecido.

Miles de personas manifiestan su descontento contra las esferas políticas durante el 15M en la Plaza del Sol. Juan J. Muñoz

El “clima” propiciado por el 15M, como así lo denomina el investigador Fernández-Savater, llegó hasta “las entrañas del régimen del 78, cambiando la forma de ver y de vivir de la sociedad civil”. A su vez, desarrolló una serie de técnicas de debate con la misión de garantizar el consenso. Se eliminaron las jerarquías, igualando los tiempos de intervención. No se acogían banderas ni ideologías, tampoco dio cabida a los sesgos políticos. El movimiento de los indignados destacó por ser apartidista. Después de tanta protesta en las calles, bajo el lema de “dormíamos, despertamos” y de que la gente fuera protagonista activa de la política, el poder dejó de estar únicamente en el Congreso.

Asimismo, el 17 de enero de 2014, tan solo tres años más tarde, nace Podemos: un partido llamado a convertir la indignación en cambio político. Y, aunque la flota morada nunca ha reclamado ser la representación política del 15M, bien podría ser su hijo adoptivo, ya que ambos comparten la misma esencia, los problemas sociales.

La sombra de Pablo Iglesias durante un mitin de Podemos. Archivo Podemos

Como afirma Alejandro Pérez, miembro del consejo ciudadano de Podem Catalunya: “Podemos recoge la reflexión lanzada por el 15M y la traduce a nivel político e institucional, sin voluntad de suplantar ni sustituirlo”.

La nueva formación política divisó en el 15M un rayo de luz. Una puerta que se abría para trasladar los problemas de la gente a las instituciones. El movimiento que emerge el 15 de mayo y Podemos forman parte de un empoderamiento popular y colectivo. “Venimos del 15M, pero no somos el 15M, somos la politización de sus argumentos”, distinguía Juan Carlos Monedero, cofundador de Podemos, en diciembre de 2014.

El discurso de esta nueva fuerza progresista se movió en la diferenciación de dos palabras: pueblo y casta.

“El cielo no se toma por consenso, sino por asalto”, declaraba Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, en la asamblea llevada a cabo con el propósito de definir los principios organizativos del partido para afrontar su primera gran disputa electoral: el 20 de diciembre.

El partido capitaneado por Pablo Iglesias se presentaba a sus primeras elecciones generales el 20 de diciembre de 2015, bajo el lema de “Un país contigo, Podemos”. La intención, de esta nueva formación política, era acabar con la concentración bipartidista que imperaba en España desde que se consumó la Transición.

En la primera legislatura de la democracia española, y tras dejar atrás el franquismo, fue Unión de Centro Democrático (UCD) quien gobernaría, con Adolfo Suárez al frente desde 1979 hasta 1981 y con Calvo-Sotelo en lo que restaba del 81 hasta las elecciones del 82. Un año más tarde, tras perder las votaciones, UCD acabaría disolviéndose.

A finales de año, es Felipe González con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) quien toma las riendas del gobierno durante catorce años, desde el 82 hasta el 96. Una vez concluido su mandato, es el Partido Popular (PP) con José María Aznar a la cabeza quien gobernaría durante las siguientes dos legislaturas, comprendidas entre el año 1996 y 2004. Una vez acabada la etapa de Aznar, el PSOE volvería al poder, con Rodríguez Zapatero como presidente de España hasta 2011, cuando el PP de Mariano Rajoy conseguiría mayoría absoluta para hacer y deshacer a su antojo.

Según los datos ofrecidos por los distintos rivales políticos, el conjunto morado fue, de los cuatro partidos llamados a disputarse el grueso de escaños, el que menos dinero invirtió en campaña, con 2,9 millones de euros de gasto, obtenidos a través de microcréditos (aportaciones de sus simpatizantes) que Podemos se comprometió a devolver una vez recibiera la subvención del Estado. Cifra minúscula en comparación con los 12,7 y 9 millones de euros gastados por el PP y el PSOE respectivamente. Ciudadanos, por su parte, empleó 4 millones de euros.

Después de un largo día en el que votaron más de 25 millones de personas, Podemos consiguió lo que hasta entonces nadie pudo hacer: irrumpir con tanta fuerza en el mapa político español como para rebatir el bipartidismo. Los de Pablo Iglesias se situaban como tercera fuerza con 5.189.333 votos y 69 escaños. Tan solo superado por el PP, que con 7.215.530 votos no lograba retener su mayoría absoluta y por el PSOE, que veía como un grupo con apenas dos años de historia lograba colocarse a menos de 400.000 votos.

Podemos demostraba así que estaba capacitado para pelear por la hegemonía de la izquierda con el PSOE, que cosechaba los peores resultados de su historia. Asimismo, José Ignacio Torreblanca, Profesor Titular en el Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la UNED, asevera en su libro Asaltar los cielos: “La aparición de Podemos es el fenómeno más importante acaecido en la política española en los últimos treinta años”.

Podemos logró herir el bipartidismo imperante en España desde la Transición

Tanto Podemos como Ciudadanos, con 40 escaños, conseguían reciclar el tablero político de España y adaptarlo a los nuevos tiempos que se están viviendo en Europa, donde los pactos y acuerdos para formar gobierno son primordiales.

Sin embargo, tras la negativa de Mariano Rajoy a presentarse a la investidura para formar gobierno, se produjo el intento fallido del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. Los socialistas pactaron con Ciudadanos una serie de medidas y firmaron un acuerdo de investidura que fue rechazado por todos los diputados que no pertenecían a ninguna de estas dos escuadras políticas. Esto llevaría al país a unas segundas elecciones; mientras que el Partido Popular seguía como gobierno en funciones.

El lunes 9 de mayo de 2016, Pablo Iglesias y Alberto Garzón anunciaban un preacuerdo electoral para que Podemos e Izquierda Unida concurriesen juntos a las elecciones del 26J. Pacto respaldado de forma notoria por los militantes y simpatizantes de ambos partidos. Dicho acuerdo garantizaba a Izquierda Unida, que tan solo había logrado dos escaños en las elecciones del 20D, a pesar de haber conseguido 923.105 votos debido a la Ley D’ Hont, una sexta parte de los escaños obtenidos por la coalición.

A priori, debía ser un éxito para la izquierda española. De repetirse los mismos resultados que el 20 de diciembre, la suma bruta entre ambos grupos hubiera alcanzado los seis millones de votos, ya por encima del PSOE y a tan solo un millón del Partido Popular.

Alberto Garzón y Pablo Iglesias anuncian el acuerdo para concurrir juntos en las elecciones. José Camó

La coalición entre ambos grupos provocó que sus rivales políticos atacasen con toda su artillería. La diana era Podemos y los dardos venían desde cualquier procedencia. En el PSOE no se cansaron de reiterar que el único culpable de la repetición de las elecciones era Pablo Iglesias. Por su parte, desde el Partido Popular achacaban a los de Podemos ser el nuevo comunismo y de haber pactado con el viejo. Mientras que, en Ciudadanos, se aferraban a la idea de que Podemos es Venezuela. “En mi país hay partidos que apoyan lo que pasa aquí”, acusaba Rivera desde territorio latinoamericano.

Desde la formación morada se respiraba aire de optimismo y tranquilidad. Nos sentamos con Alberto Rodríguez, diputado de Podemos, en un bar del municipio de Santa Lucía de Tirajana con su naturalidad y cercanía característica. Con cierta timidez, pide dos zumos de naranja.

“Hemos ganado experiencia y sumado nuevos actores políticos como Garzón”, manifestaba el diputado, mientras esbozaba una satisfactoria sonrisa cuando se le preguntaba por sus expectativas reales de cara a las elecciones del 26J.

Alberto Rodríguez durante la entrevista. Kevin Fontecha

“Estamos a tan solo 2 millones de votos del Partido Popular y eso en un país de 46 millones de habitantes no es nada”, destacaba el miembro de Podemos. A su vez, mientras saboreaba el zumo de naranja, incidía en los casi cinco millones y medio de votos que había extraviado el PP el 20 de diciembre. “Todo hace pensar que el 26 de junio perderán muchos más”, señaló Rodríguez.

No obstante, se defendía de las informaciones sobre una posible financiación ilegal de Podemos. “El tema principal de la campaña va a ser atacar a Podemos. Somos el polo que representa a millones de personas que están pasándolo francamente mal en este país”, resaltaba el diputado tinerfeño, al mismo tiempo que negaba con su cabeza, mostrando una gran indignación. Asimismo, recordaba que, hasta el momento, todas las querellas presentadas en contra de su partido habían sido rechazadas por la justicia.

De forma simultánea, Alberto Rodríguez afirmaba, con una gran convicción, que hay miedo a que Podemos entre en las instituciones y levante las alfombras. “Muchos temen perder sus privilegios y por ello usan el miedo, para mantenerlos”, criticaba.

“Están poniendo en marcha la máquina del fango, tratan de meternos en el barro y así bajar el nivel de la política para no hablar de propuestas que pueden mejorar la vida de la gente”, avisaba el diputado de Podemos, al que la sonrisa le había pedido un descanso. Ahora, con el ceño fruncido, exigía que no se difame de forma continua.

Alberto Rodríguez ante la atónita mirada de Mariano Rajoy en el Congreso de los Diputados. Público.es

“Cuanto más se separe la gente de la política, más opciones ganan ellos”, explicaba el congresista al ser cuestionado sobre las posibles vinculaciones de su partido político con Venezuela. “Mediante el miedo buscan que la gente se canse, que desconecte de la política”, matizaba.

Y es que, como hemos visto anteriormente, el 15M supuso un despertar colectivo de la población. Fomentó un clima diferente, totalmente nuevo. La fuerza con la que se levantó el movimiento consiguió cambiar la mentalidad de muchos. La comodidad imperante en los españoles parecía fallecer, dando paso a una ciudadanía que se movilizaba por la defensa de sus derechos, exigiendo un futuro donde poder vivir en condiciones.

Desde Podemos temen que el “efecto 15M” se vea neutralizado y contrarrestado debido a la máquina del fango. Alberto Rodríguez destaca que esto no es algo que haya inventado el Partido Popular, si no que viene de mucho más atrás: “El ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels, dijo que repetir mil veces una mentira acabará convirtiéndola en verdad”.

Victoria Rosell, Pablo Iglesias y Alberto Rodríguez en la Universidad de La Laguna. (EFE)

Rodríguez recuerda el caso de su excompañera, Victoria Rosell, quien renunció a la Diputación Permanente del Congreso después de que el Supremo admitiese la querella que interpuso José Manuel Soria contra ella.

“El revanchismo y la intención de debilitar a Podemos ha sido rastrero, la trayectoria de Rosell es intachable. Recordemos que quien ha denunciado a Vicky dejó de ser ministro por mentiroso y llevarse su dinero a paraísos fiscales”, arremetía el diputado tinerfeño con mucha nostalgia, al mismo tiempo que dejaba ver su lado más humano.

Un informe del juez Alba, sustituto de Victoria Rosell en el Juzgado de Las Palmas, fue clave para que el Tribunal Supremo admitiera a trámite la querella contra la exdiputada de Podemos. Tan solo quince días después, eldiario.es publicaba unos audios donde el propio juez amaña unas declaraciones contra Rosell.

Alberto Rodríguez define este acto como un ataque sin ningún tipo de principios morales ni éticos, basado en la mentira: “No hay más que ver como fue el juez quien amañó declaraciones contra la compañera”.

En los audios aportados por eldiario.es se escucha al juez Salvador Alba decir: Lo acreditas así y ponemos en marcha la maquinaria. Rodríguez, por su parte, cree que cuando el juez habla de poner en marcha dicho instrumento, se refiere a acelerar un entramado político, mediático y judicial para atacar a un adversario político al que no puedes vencer en el terreno de las propuestas.

“El bipartidismo está herido de muerte”, concluía el congresista canario con cierto aliento esperanzador, después de haber recuperado su sonrisa inicial.

Finalmente, ha habido sorpasso de Unidos Podemos al PSOE”, “la suma de izquierdas obtendría mayoría absoluta”, eran las principales conclusiones que dejaban los sondeos a pie de urna realizados por Radio Televisión Española (RTVE) y la Federación de Organismos de Radio y Televisión Autonómicos (forta). Al mismo tiempo, otra medición de GAD3, elaborada para ABC y la COPE, ratificaba sendas afirmaciones. Sin embargo, ambas encuestas estaban muy alejadas de la realidad; lo que propició que la ilusión creada en el entorno de Unidos Podemos a lo largo del día y durante la campaña electoral se desvaneciera una vez llevado a cabo el escrutinio de los votos.

El Partido Popular, obteniendo 700.000 votos más que en el 20D, sumaría catorce escaños a los 123 que había logrado en 2015, lo que hacía un total de 137. El PSOE, por su parte, conseguía mantenerse como segunda fuerza en España, perdiendo tan solo a 100.000 de sus votantes y cinco escaños, en relación con las anteriores elecciones. Por lo tanto, la sorpresa saltaba en las filas de Unidos Podemos que, con cinco millones de votos, dejaba atrás el millón que debía añadir la suma con Izquierda Unida y evidenciaba así el espejismo del sorpasso. Ciudadanos descendía hasta los 32 escaños.

“Nosotros no somos un partido político, tampoco somos una confluencia de partidos políticos. Somos una cosa mucho más importante, estamos construyendo un movimiento popular que genere una mayoría nueva y reconstruya una España que no deje a nadie atrás”, aclaraba Íñigo Errejón, número dos de Podemos, en su mitin final.

Errejón: “Somos la fuerza que culturalmente marca el destino de España, por eso vamos a heredar nuestro país”.

“No basta con los imprescindibles, esa gente estará en primera línea, lo fundamental son los que faltan. Es con esos con los que se construye victoria”, rugía Errejón, mientras sus compañeros trataban de entender los resultados electorales obtenidos por la coalición.

Los miembros de la coalición Unidos Podemos tras conocer los resultados electorales del 26J. Archivo Podemos

Así pues, en Podemos se daban un golpe contra la realidad. Y, pese a que los resultados no fueron malos, ya que lograron mantener sus escaños, tampoco eran los esperados. El Partido Popular se ha alejado y ha acrecentado su poder; mientras que el PSOE, muy debilitado, ha resistido como primera fuerza de izquierdas.

Una de las posibles causas del anquilosamiento sufrido por Podemos el 26J, que estudian desde el corazón del partido, ha sido la coalición con Izquierda Unida. Íñigo Errejón fue rotundo en su pensamiento sobre la alianza: “En política, dos más dos no son siempre cuatro”.

La diputada Carmen Valido nos recibe en la sede de Podemos tras tomarse un café. Saluda con mucha cercanía y nos traslada a una sala muy amplia, donde se realizan los círculos del partido en Las Palmas de Gran Canaria. Nos ofrece asiento y con una dosis de humor comenta: “A ver si me sé las preguntas”.

Carmen Valido tras concluir la entrevista en la sede de Podemos. Kevin Fontecha

Valido considera que no se ha dejado atrás un millón de votos. “Solamente se pierde en base a la previsión que hacían los medios”, expresaba.

“Tal vez, esas encuestas estaban falsamente aumentadas para que luego nos lleváramos un golpe”, cuestionaba la diputada grancanaria al ser preguntada por los resultados de las elecciones del 26 de junio.

Al mismo tiempo, Carmen Valido medita que una de las posibles causas por las que dos más dos no sumaran cuatro ha podido ser la abstención: “hubo mucha gente que no fue a votar y el Partido Popular tiene un colchón de votos que es fijo, que además es favorecido por la Ley D’Hont”.

La apuesta por la “mano tendida” al partido socialista y la moderación en el discurso de Pablo Iglesias y de todo el partido, bajo el lema de “La sonrisa de un país”, no supo calar en los indecisos. Los ciudadanos que no fueron a votar aumentaron en más de un millón de personas con respecto a las primeras elecciones. Curiosamente, la abstención concuerda con el millón de votos que la gran mayoría de medios atribuía a Unidos Podemos días antes de llevarse a cabo las elecciones.

Carmen Valido atisba otra de las posibles causas: la máquina del fango. “Creo que se llevó a cabo contra nosotros, disparaba barro hacia todos lados y después a ver cómo te lo quitas; lo único que puedes hacer es saltar por encima y proponer iniciativas políticas para que sea la propia política quien acabe con el fango. Es muy difícil”, afirmaba algo cabizbaja la diputada canaria.

Además, destaca que a ella le tocó vivir dicho tema muy de cerca, puesto que ocupó el escaño al que había renunciado Victoria Rosell tras la denuncia recibida: “El caso de Vicky fue un dolor tremendo para nosotros, ver cómo una persona que ha estado luchando durante tantos años contra la corrupción, alguien que siempre ha sido completamente imparcial e impoluta en su trabajo, se veía forzada a tener que usar una de las herramientas que tenemos nosotros en Podemos y dejar el partido, siendo inocente, fue muy doloroso”.

Victoria Rosell durante un acto de Podemos de cara a las elecciones del 20 de diciembre. EFE

“Creo que Vicky podría haber sido perfectamente ministra de Justicia”, destacaba Carmen Valido, confiando plenamente en la inocencia de Rosell. Además, insistía en la experiencia de su excompañera como jueza: “Habría hecho un buen trabajo, lleva mucho tiempo luchando y bregando por la justicia”.

Carmen Valido: “A mí no me hace ninguna gracia que Vicky tuviera que irse”.

Con respecto a la supuesta campaña de desprestigio hacia su partido, tanto Carmen Valido como Alberto Rodríguez han manifestado que Podemos ha sido el objetivo de todos, tanto de rivales políticos como de las élites económicas. A su vez, la congresista canaria reprobaba las difamaciones y falsas querellas hacia su formación: “Muchos saben que las denuncias no van a llegar a nada, pero mientras esté denunciado va a estar vivo en los medios”.

Por su parte, Alberto Rodríguez también aviva el debate sobre la ética y la objetividad del periodismo actual: “Los medios de comunicación privados son empresas que responden a la línea editorial de sus accionistas, de sus dueños, y en función de los intereses que tengan, llevan una línea política u otra, esto no es algo que venga Podemos a descubrir, cualquiera que encienda una televisión o lea un periódico lo puede ver”.

Carmen Valido y Alberto Rodríguez durante un acto de campaña de cara a las elecciones del 26 de junio. Kevin Fontecha

Es por ello que el diputado tinerfeño cuestiona la objetividad de los medios de información, tanto privados como, sobre todo, públicos: “Está lejos de ser la adecuada”, discutía. Además, concluía que el Partido Popular “no sabe distinguir entre la frontera de dónde acaba su partido y dónde empiezan las instituciones públicas del Estado”.

Da igual si es verdad o mentira. No importa el daño personal que pueda llegar a ocasionar. El poder no tiene sentimientos, tampoco una conciencia que apele a su ética. En el mundo de la política parecen valer las trampas, y sus grandes altavoces, los medios, ayudan a su funcionamiento. En su búsqueda por determinar los temas sobre los que se va a hablar, los medios de información hacen malabarismos para reconducir la opinión pública.

A lo largo de la historia, las estrategias electorales tomadas por los distintos partidos han influido a la hora de alzarse con la victoria o caer derrotado. Polarizar el mensaje político acentúa las diferencias entre unos y otros. Los conservadores o los progresistas. Los de izquierdas o derechas. Los buenos o los malos. El discurso es fundamental para captar electores, tanto como las apariciones en radio, prensa o televisión. El problema subyace cuando las noticias son negativas, provocando un clima de incertidumbre en la mente del receptor. Una mancha. Una pequeña sospecha puede cambiarlo todo.

Los medios de información, esos fieles a la veracidad, han ido perdiendo credibilidad con el paso de los años. Según el estudio Digital-born News Media in Europe, realizado por la Universidad de Oxford, España es el país europeo que mayor nivel de desconfianza muestra hacia las noticias que lee, escucha o ve. Tan solo tres de cada diez españoles confían en ellas.

“Los medios de comunicación construyen la agenda, sobre lo que se va a hablar en los bares, en el trabajo… No son un instrumento del poder. Los medios son la forma en que se expresa el poder”, nos exponía Ángeles Diez, doctora en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. La doctora, que atendía nuestra llamada telefónica para explicarnos su punto de vista sobre el tema, considera que no hay “una sola causa” que justifique la caída electoral de Podemos, pero sí cree que “la campaña que se realiza” vinculando al partido morado con Venezuela “desprestigió a Podemos”, debido a “la mala imagen y opinión pública que se tiene en España sobre el país sudamericano”.

Además, Ángeles Diez reflexiona sobre la estructura de poder que hay detrás de los medios: “Son corporaciones mediáticas, un grupo de empresas que son dueñas de medios de información”. Este hecho hace cuestionar su independencia, tanto económica como ideológica. “Forman parte de energéticas, bancos, aseguradoras, etc., que orientan la opinión pública en una dirección u otra”, concluye.

Por su parte, Umberto Eco, escritor y filósofo italiano, definía la máquina del fango en Salvados como “un modo de deslegitimación del adversario, revelando aspectos de su vida privada que originan una sombra de sospecha sobre una persona”.

Dicha maquinaria “quería hacer daño a Podemos, pasó con el tema de Monedero con hacienda y luego con Venezuela”, declaraba Julia Otero, periodista de Onda Cero. Asimismo, en la política parece que la forma más efectiva de mantenerse o alcanzar el poder es debilitar al rival, como en la Guerra Fría. “Lo que gana elecciones es la capacidad de destruir al contrincante”, explicaba el sociólogo Manuel Castells, autor del libro Comunicación y Poder.

Íñigo Errejón y Pablo Iglesias dialogando sobre sus diferencias en el Congreso de los Diputados. Javier Barbancho

Y tras tanta insistencia, parece ser que los fantasmas han llegado a la casa de Podemos. Tras la configuración de gobierno por parte del PP, con el apoyo de Ciudadanos y la abstención del grupo socialista, se han incrementado las discrepancias entre el número uno y el número dos, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón respectivamente.

Unas desavenencias cocidas a fuego lento. Diferentes puntos de vista y opiniones dispares que han provocado la actual crisis interna de Podemos. Se palpa el nerviosismo en los pesos pesados de este joven partido que ha sido agresivo y contundente en su discurso, pero débil ante los puñetazos recibidos en el cuadrilátero político. El fango ha colaborado en la lucha interna que a día de hoy existe en la estructura de la formación morada. Veremos qué sucede en Vistalegre II.

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