No sé si vuelva a correr

Kevin Aguilar
Nov 8 · 3 min read

- Es la 1:15am del sábado 2 de Nov.

Estoy sentado en una silla de ruedas desde hace 3 horas con un dolor en mi columna que está alcanzando niveles difíciles de describir y estoy recibiendo inyecciones mientras espero mi cirugía en posición #211.

Llevo 7 meses de caminar con un bastón y 6 de no poder ir al trabajo, tampoco puedo ir a la universidad, mis terapias no avanzan y estoy escribiendo todo esto con mi mano izquierda únicamente porque mi mano derecha tiene una vía con algunos medicamentos que no sé escribir.

Curiosamente mi preocupación más constante durante estos ultimos meses es saber si en algún momento voy a poder ponerme mis tenis y salir a la calle a correr, lo cual es extraño dadas mis circunstancias actuales según me han dicho.

Correr ha sido una forma de agradecerle a Dios por mi salud y de conectarme con Él de una forma que es difícil de replicar de otra manera y para ser honesto, es lo que más me hace falta.

Pasar de ser la persona que corría durante el almuerzo en el trabajo a estar acostado durante la mayor parte del día no es un cambio sencillo, pero hay una historia sobre el rey David que viene a mi mente, donde David vive un proceso difícil, pero lo vive de la manera correcta.


“Cuando David y sus hombres llegaron, encontraron que la ciudad había sido quemada, y que sus esposas, hijos e hijas habían sido llevados cautivos. David y los que estaban con él se pusieron a llorar y a gritar hasta quedarse sin fuerzas. También habían caído prisioneras dos esposas de David, la jezrelita Ajinoán y Abigaíl, la viuda de Nabal de Carmel. David se alarmó, pues la tropa hablaba de apedrearlo; y es que todos se sentían amargados por la pérdida de sus hijos e hijas. Pero cobró ánimo y puso su confianza en el Señor su Dios. (1 Sam‬ ‭30:3-6)‬‬


La mayor enseñanza de esta historia es que a la hora de vivir procesos difíciles se vale llorar hasta quedarse sin fuerzas y tener miedo, porque si cobramos ánimo y ponemos nuestra confianza en Dios vamos a ver su propósito cumplirse.

Volviendo a mi historia inicial, aún no descubro el propósito de esta situación —y puede que nunca lo haga – pero mis convicciones han sido probadas en más de una forma, he llorado, reído, me he frustrado y me le he reclamado a Dios en múltiples ocasiones, pero principalmente he aprendido que la mejor forma de cruzar cualquier proceso es disfrutándolo –por difícil que parezca – y nunca soltando la mano de Dios.

En medio de esta situación no tengo la capacidad de comprender por qué estoy viviendo esto y tampoco sé si volveré a correr, pero lo que sé es que Dios tiene un propósito más grande de lo que yo pueda imaginar.


“Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna.” Salmo 73:26

    Kevin Aguilar

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