Madonna - Edvard Munch

Diario de bus #3: En la ciudad de la furia

Febrero 15, 2017

Y es que en San José la entropía es la única constante. La oposición de dos figuras: humano, ciudad. Se entrelazan, tejiendo la amarga manta que se tiende sobre ella, sedienta de tomar a uno más y escupirlo ardiendo por vender sus valiosos artículos o que quizás una moneda que no va a hacer pobre a nadie acabe en su bolsillo.

Es entonces cuando la verdadera naturaleza del humano se refleja en su ciudad. Compuesta, muy compleja, pero perfectamente identificable. Y caminando su espalda me detiene.

Aveces me clava los dientes y me envuelve en sus brazos. Cuando el deseo mortal recorre mis vértebras una y otra vez y mis ojos se vuelven negros, teñidos en la sangre de mis pensamientos.

San Jose, mi hermosa, mi querida, mi droga. Me llamas tendida en tu cama, tus piernas abiertas y tus labios mojados. De repente me hablas al oído e hipnotizado me devuelvo hacia vos. Fría.

Oscura, feliz, cruda. Y en tanto la neblina llegue a mi torrente sanguíneo podes seguir comiendo de mi. No espero nada más que eso. Tus mordiscos solo me hechizan. Dulce.

Más allá de tus besos, una caricia en mi frente basta para mandarme al infierno y de vuelta. Mis venas hirviendo mientras tus uñas se insertan en mi carne. Mirame a los ojos y contame tus secretos. Déjame saborear tu piel para entrar al cielo de nuevo y perderme en las nubes.

El espejo no miente. No más que vos. Sigo siendo una imagen tuya, salvaje, irracional, rabioso en busca de placeres instantáneos que logren difuminar la línea de la realidad. Tragedia y soberbia, querer dejar la cabeza y aun así atormentar la mente con el pensamiento del final. Ayudame a olvidar la fobia. Encántame con tu tacto venenoso y déjame descansar en tu lengua, solo para esperarte 5 días más y desear morir de nuevo a tu lado.

A mí amada, querida ciudad mía, no te callés para recordar que estoy vivo.