13 de Febrero

París, Francia


La noche cae sobre la ciudad y comienzo a escuchar mi corazón sobre mis orejas. El piso de mármol y las paredes de cristal hacen que el lugar sea aún más frío, pero procuro no inmutarme.

Disfruto de la vista que da el estar en el último piso, la ciudad, el crepúsculo -que es más obscuridad que luz-, y a lo lejos se pueden ver los semáforos y las luces de los coches, cambiar y avanzar. Tan terriblemente rutinario.

Una copa se mueve impaciente entre mis manos y el vino se regocija entre sus curvas, pero no parece tener mucha prisa por tocar mis labios y yo no tengo mucho apuro por acabar con sus dilemas.

De todo lo que pude observar, me topé con mi reflejo, demasiado tranquilo para mi sentir. Perfectamente arreglada, con el vestido rojo de cortes en lugares correctos y tacones tan altos como mis culpas.

Pero me gusta.

Y me gustan las perlas en mi cuello y tu anillo presionándose contra mis dedos. Me gustan mi cabello poco natural y mi sonrisa perfecta, la manicura cara y la espalda descubierta.

Escucho la puerta detrás de mi, volteo para encontrarme con un hombre tremendamente apuesto, ceñido en un traje negro, hecho a su medida, con la piel color blanco cálido y los ojos verdes intenso.

Comienza a caminar hacia mi, lentamente, como un tigre al asecho, su mirada se oscurece y puedo distinguir un deje de ironía en sus pasos, demasiada confianza en sí mismo, como siempre.

Deslizo mi mano al borde inferior de mi vestido, lo levanto ligeramente y le apunto con el arma, directo a sus bellos ojos, no lo pienso tanto, no dudo y presiono el gatillo.

Pero no dispara.

Su ronca y profunda voz envuelve toda la habitación, rebotando con todo lo tangible, <<¿Acaso no sospechabas ya que lo sabía?>>, ni siquiera me permite sentir nada, y se abalanza sobre de mi.

Dejo caer el arma y la copa.

Me besa y borra todo pensamiento. Recorre con su nariz mi cabello y con sus manos el ligero sendero de mi espalda. Pronuncia cosas que no puedo entender y permito que me lleve.

Caigo y se deja caer sobre de mi en la cama, no hace nada más que besar mi rostro, susurrar cosas inaudibles y petrificarme con sus miradas de desesperación, decepción y algo más que no logro descifrar.

Lo miró a los ojos.

Inhalo.

Lo suelto.

Exhalo.

Lo amo.

Sangro.

Y muero.

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