Tidal nació muerto

Y no, nadie en su sano juicio, en América Latina, debería pagarlo.

Con un despliegue de famosos cantantes y músicos poperos, en una sala casi vacía apenas poblada por medios de comunicación y con un par de fans, además de una transmisión en vivo “sorpresa”, se anunció el lanzamiento de Tidal, un servicio de música por transmisión en línea (streaming) que no aporta nada nuevo a la escena del mercado. Sin explicar que se trata, realmente, de un Spotify en color negro y más caro, Alicia Keys leyó en el ‘prompter’ que se avecinaba una “revolución” en la industria de la música porque, este servicio, sería propiedad de los mismos artistas y no de los intermediarios (las discográficas) que colocan sus canciones en estas plataformas.

Entre lo que ofrece Tidal, podemos destacar su promesa de sonido en alta fidelidad con “calidad de CD” que, realmente, sólo un muy reducido grupo de persona podrá apreciar o valorar y, sin miramientos, podrá pagar los 20 dólares mensuales que piden.

Bastante se ha ironizado en las redes con la sentencia “hacer más ricos a famosos de por sí ya ricos”. Y al igual que yo, muchos compartirán ese pensar. Y sí, suena tentadora la idea de tener “calidad de CD” pero, ¿no se supone que por eso compramos ya su CD? Y si no compramos el CD y preferimos una descarga ilegal por internet, ¿de verdad nos importa la calidad de la canción?

Quizás estoy hablando por Latinoamérica y su cultura de consumir, casi compulsivamente, piratería, la misma que compartimos con mercados como China, Rusia y Brasil en música, películas y videojuegos; sin embargo, también es cierto que nos gusta pagar por servicios como Netflix, Spotify o Deezer.

Sobre Spotify, podemos presumir que, en su primer año en México, nos convertimos en el quinto país más importante en materia de ingresos por publicidad de alrededor de 200 marcas, y el más exitoso en los 56 a los que llegó en 2013. A un año, según palabras de Gustavo Diament, director general para América Latina de Spotify, uno de cada 6 smartphones en el país utiliza el servicio. La estrategia: varios planes de pago, entre ellos, uno gratuito.

Netflix México tiene 1.4 millones de suscriptores, más del 70% del mercado de América Latina, se ha convertido en el país que más consume este servicio a nivel global, incluso por encima de Estados Unidos, Canadá y Brasil.

En el caso de Deezer, México ocupa el segundo puesto en cantidad de suscriptores sólo después de Francia, su país de origen. No es casualidad, la intención de Deezer en México es utilizar al país como trampolín para alcanzar al mercado estadounidense.

Con estos datos, sorprende que la “élite de la música”, como se le ha llamado a ese grupito conformado por indigentes del mercado como Beyoncé (115 millones de dólares en 2014), Calvin Harris (66 millones de dólares en 2014), Rihanna (48 millones de dólares en 2014) o DeadMau5 (16 millones de dólares en 2014), no hayan querido lanzar su servicio en Latinoamérica y que, además, olvide que estas plataformas de ‘streaming’ sirven para descubrir nuevos talentos y compartir música.

Los servicios como iTunes, Spotify, Deezer y Rdio tienen las puertas muy abiertas a los talentos incipientes e independientes que buscan compartir su música con el mundo. Estas plataformas sirven como exponentes de talentos de todos los rincones del mundo que, a través de intermediarios, logran colarse a las listas de reproducción y recomendaciones de los usuarios. La paga, sigue siendo un misterio pero, si los datos del gigante sueco son ciertos, cada reproducción en Spotify genera $0.007 centavos de dólar. De esa cifra, el 70% es para la discográfica y el 30% para el servicio. Pagarle al cantante o banda ya decisión de la discográfica.

Si cada uno de los 15 millones de suscriptores Premium de Spotify escucha sólo una vez al día, una canción de Beyoncé, ella recibe 105 mil dólares, de los cuales, 73 mil 500 son para su discográfica. Sólo en un día, una canción. A la semana, gana poco más de medio millón de dólares, 2 millones al mes sólo por una canción al dia… y sabemos que no escuchamos sólo una canción de Beyoncé al día. Un artista independiente necesita que su canción se escuche mil veces en Spotify para que, si bien le va, reciba 7 pesos mexicanos, menos de un dólar; de los cuales, 5 son para la disquera y ésta, si acaso, le dé un peso o un peso y 50 centavos por reproducción, una vez al día, de una sola canción. Pobrecita.

Tidal nació muerto desde el preciso momento en el que creyó que es más importante pagarle al artista que brindarle una experiencia de los fans al escucharlo. Con un mercado cautivo por las facilidades de otros sistemas de ‘streaming’, por su portabilidad, por su historial en listas de reproducción y, si así se quiere, por tradición, Tidal no podrá más que ofrecernos el mismo pop (y hasta ahora sólo eso) pero más caro y, aceptémoslo, limitado en oferta.

Y recuerdan que Alicia Keys mencionó que Tidal era una revolución… bueno, yo me preguto: ¿qué revolución se hace desde los de arriba hacia los de abajo?

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