La talla

(objetos densos I)


Mi tallista me esculpe con cuchillo de palo y me rebana con dolor.

No puedo gritar.

Mi tallista está esperando a rotularme un sexo para valorar el tamaño de mi boca.

Ama las compensaciones.

Mi tallista.

Si me talla un pene, me hará unos labios diminutos; y si me rotula una vagina, promete hacerme una boca prominente.

Mi tallista me levanta unas nalgas en alto relieve y su roce me provoca espasmos silenciosos.

Mi palpitar se proyecta sobre su navaja y la sacude, la perturba, la inspira.

Mi tallista me contornea unos pechos y se dispone a hendirme poros en la cara;

y me señala con el filo en mi mentón barbado;

y me recorre con la hoja en mediatriz hacia abajo.

Mi tallista se detiene y moja con su lengua el ombligo que me hiende.

Se estremece.

Mi tallista me choca contra su vientre y se roma la punta en mi naciente cavidad.

Le clavo mis estacas y me frota hasta hacerme brotar labios del ardor.

Grito.