LOS MALOS Y EL GUAPO

El PSOE tiene 4 años para que todos olviden lo que acaban de hacer. Tiene 4 años para lavarse la cara y ya se han puesto a ello. De momento todo parece indicar que su estrategia será atacar con todas sus fuerzas al PP, a la izquierda.

He querido escribir esto en mitad de una oleada de indignaciones, porque llegará el día, que ahora se ve tan lejano, en el que volvamos a tener unas elecciones en España (previsiblemente dentro de 4 años) y entonces, los que hasta ahora han votado al PSOE, votarán en su mayoría… al PSOE. Y no, no tengo una bola de cristal, pero tengo memoria y me acuerdo de militantes indignados con los recortes de Zapatero, y me acuerdo del artículo 135, y luego me acuerdo de que, pese a la bajada en votos, el PSOE sigue siendo el segundo partido más votado en España. “No es lo mismo”, me dicen los votantes socialistas. Como si no hubieran seguido apoyando políticas neoliberales, o como si la carrera política de un candidato fuera más importante que todos los afectados por esos recortes, no tengo muy claro…

Me acuerdo también de la ferocidad de las campañas y de la estrategia de meter miedo a la gente sobre los partidos de izquierda (como “izquierda de verdad” no gusta a quien vota ‘centro’, e “izquierda a la izquierda del PSOE” queda muy largo, lo llamaré por su nombre: izquierda). Y me acuerdo de que esa campaña del miedo les funcionó. Y les funcionó porque tenían a los grandes medios y a las grandes empresas de las cuales ahora, y no antes, no cuando le beneficiaban a él, Pedro Sánchez se queja. Muchos votantes se olvidaron de los recortes y de cómo se ha vaciado de contenido la legitimidad de los Parlamentos anteponiendo la deuda a la dignidad de las personas, porque venían los radicales pretendiendo cambiar eso que al votante socialista le parece que no hay que cambiar y votaron PSOE otra vez, porque Venezuela, Cataluña…

Si el PSOE fuera listo, su gestora convocaría un congreso ya y facilitaría de esa forma que Pedro Sánchez vuelva a ser Secretario General del partido. Ahora un montón de gente enfadada e indignada con el PSOE sigue apoyándole a él. Hacia él van, ahora mismo, los votos de los descontentos con el PSOE, algunos podrían acabar en otra parte muy lejana y radicalmente bolivariana, o podría él traerlos de vuelta a casa, a la que irónicamente ellos llaman “la casa del pueblo”, Ferraz.

¿Qué haría Pedro Sánchez si pudiera volver atrás, pongamos, al mes de septiembre, a cuando aún podía decidir quién quería que gobernase en este país?

Nada.

Lo repetiré otra vez: Nada.

Cuando Joan Tardà le animó a seguir pedaleando, sabía que Sánchez, anclado en las estrategias aznarianas de los 90, no tenía ninguna intención de entenderse con el independentismo catalán. Pablo Iglesias y Xavi Domènech también lo sabían y comentaron en aquél lejano mes de septiembre que Pedro Sánchez no había dado ningún paso para concretar ninguna propuesta a su izquierda, que se le acababa el tiempo, que, teniendo en cuanta los plazos antes de la segunda investidura de Rajoy, no creían que fuera a suceder ya. Su decisión, cuando aún podía decidirlo, no fue ir por esa vía y cuando hoy dice que sí lo era, está mintiendo.

¿Qué pensaba hacer entonces? Nada. Esperar a que se convocaran terceras elecciones, en las que Rajoy previsiblemente hubiera sumado más escaños, sumado a lo que le quedase a Ciudadanos, hubieran llegado solos a los 176, sin necesidad de la abstención del PSOE. Pedro Sánchez hubiera salvado el obstáculo, hubiera ido a la oposición sin mancharse las manos con una abstención a favor del PP y sin manchárselas tampoco con una negociación a su izquierda a la que se ha pasado meses demonizando. Y finalmente hubiera tenido 4 años para trabajar porque llegase el día en el que poder ser presidente del Gobierno en solitario, que es a lo que aún aspira el PSOE, la vuelta del bipartidismo.

Anoche Pedro Sánchez hizo campaña por su propia candidatura. No criticó el apoyo de su partido a las políticas de derechas, ni siquiera criticó la falta de democracia interna, por no criticar no criticó ni el esperpento de las luchas por el micrófono y las urnas improvisadas tras una cortina, lo dejó en una leve preocupación o desacuerdo con la dirección de la gestora, quizá porque lo que él hizo con Tomás Gómez tampoco fue muy democrático. No criticó tampoco en lo que se ha convertido Felipe González, a quien defendía en aquél lejano día de la primera investidura de Mariano Rajoy, quizá porque ya sabía lo que era y pese a eso le admiraba. Pedro Sánchez criticó anoche exclusivamente que frenasen su carrera política, valiéndose de medios que, como muy bien le mostró Évole, en otras ocasiones han manipulado para favorecerle a él. No criticó tampoco anoche que su partido haya dejado de representar los intereses de la mayoría. Me faltaron preguntas en ese sentido, cosa que sí preguntó Évole a los militantes. Y es curioso, porque la mayoría de los militantes se lanzaron automáticamente a tachar un discurso de Alfonso Guerra, en el que hablaba de la diferencia de clases y la igualdad de oportunidades, de demagogia. Qué bien entrenados por el discurso actual del PSOE. Incluso dijeron que no había ningún discurso político en esas palabras. La lucha de clases ya no es política amigos, démonos a la bebida. Suerte que había alguien que sí parecía de izquierdas, la más crítica, Trini, la militante socialista valenciana, la que más parecía a punto de dejar de serlo.

A Pedro Sánchez no le duele la izquierda que le duele a Trini o que les duele a los ex votantes del PSOE a los que citó Rufián.

Al menos sí hay votantes del PSOE que aplaudieron a Rufián su discurso en el Congreso. Quizá dejen de votar al PSOE, pero todo parece indicar que votarían a un PSOE liderado por la misma persona que se negó a pactar con la izquierda e impuso un pacto con Ciudadanos lleno de medidas que luego firmó el mismísimo PP.

Anoche Jordi Évole dejó que Sánchez usase su programa para hacer campaña, que metiera argumentario prefabricado de su propia campaña y unas cuantas mentiras, como que intentó pactar a su izquierda y por eso se lo cargaron. “No es cierto que Sánchez hablara con nosotros en la segunda legislatura. Hace 8 meses que no habla con nosotros” , dijo anoche en El Objetivo, Rufián.

“Me arrepiento de haber llamado a Podemos populistas”, dijo Sánchez, pero no de haberles llamado radicales, no de haberse negado a negociar con ellos, no de haberles impuesto un acuerdo de derechas. Sigue pensando que la política de izquierdas es populismo, pero se arrepiente de no haber caído en la cuenta de que Unidad Popular sólo tiene 300.000 votos menos que su partido.

El PSOE podría recuperar a sus votantes de centro mañana mismo, usando a Pedro Sánchez para traerlos de vuelta. La gente votaría a Pedro Sánchez como quien vota a un David de izquierdas que ha vencido a Goliat y Pedro Sánchez volvería a intentar un gobierno del PSOE en solitario, volvería a intentar firmar pactos de derechas con Ciudadanos. Lo repitió anoche de nuevo: “Podemos no quiso” como si lo natural hubiera sido que la izquierda firmase un acuerdo de derechas. Pedro Sánchez aún está ahí. Y los militantes que ahora están indignados, apoyarían lo que sea que Sánchez hiciera porque es el bueno de esta historia y porque ya era bueno cuando pactó con Ciudadanos, le defendería igual que defendieron un acuerdo lleno de neoliberalismo. Sólo tienen que decir que la izquierda es radical y que ellos, y Ciudadanos, son el centro moderado. La gente no fue engañada con eso, apoyaban eso pudiendo leer el documento y odiaban a la izquierda por rechazar ese documento lleno de política de derechas.

Pero ahora todos fingen que Pedro ha cambiado de ideología en 15 días y que, ahora sí, pactaría con la izquierda. Ahora sí. A partir de ahora va la buena. Ahora cogerá su coche y se lanzará a la carretera y todo el mundo nos olvidaremos de que al Congreso donde salió elegido Secretario General fue con el apoyo de Susana Díaz. El candidato de los malos fue Pedro Sánchez, los militantes harían bien en no olvidar eso.

La suerte para los que sí queremos izquierda, es que el PSOE no piensa traer de vuelta a Pedro Sánchez y su gestora no tiene ninguna prisa por convocar un Congreso que le facilite tal cosa. Dejarán que esto se enfríe. Y digo suerte porque la izquierda recordando al PSOE lo que es izquierda y lo que no lo es, no duele tanto como lo que los malos le han hecho a Pedro Sánchez, esos malos que hace un mes eran de los suyos y que ideológicamente siguen siéndolo. Pero para eso también sirven 4 años haciendo campaña para que la gente tema a la izquierda radical por mucho que en “la casa del pueblo” hayan notado por fin que algo huele a podrido.

“El PSOE no puede tener la misma idea de España que y el PP. No puede ser”, dijo anoche un militante socialista. El que quiere ser centro, pero no puede ser centro y derecha a la vez.