Sentimientos religiosos

Comía con mis padres un día entre fecha señalada y fecha señalada de unas Navidades. Estábamos en una terraza y, como suele pasar aquí, hacía un sol más propio de abril que de diciembre. Hablábamos de todo un poco, también de política, en concreto de educación, no recuerdo qué reciente noticia había desencadenado que ese fuera el tema de conversación, el caso es que acabamos hablando de qué cambios habría que hacer para mejorar el sistema educativo e irremediablemente mencionamos que habría que quitar la asignatura de religión de la educación pública porque en ese terreno, tanto mis padres como yo, tenemos poco de socialdemócratas de los que andan de puntillas para que durante décadas todo siga igual en determinados ámbitos. En mi caso es por ideología y en el suyo porque ambos estudiaron de pequeños en centros religiosos. Mi padre en un centro de curas y mi madre en un colegio de monjas que ahora es concertado y entonces era obligatorio. De aquellos años se llevaron, un profundo odio a la institución de la Iglesia mi padre, que es el típico que no entra al templo de Dios ni en bodas, bautizos o comuniones, y un recuerdo vivido de aquellas monjas que eran “más malas que un dolor” y cómo les atemorizaban de pequeñas con la idea del infierno, mi madre.

“Aún tienen mucho poder” concluían mis padres y yo me fui a lo práctico: tienen mucho poder porque argumentan que tienen muchos fieles, que mucha gente en España es católica y parte de gente consta como tal porque sólo hace falta estar bautizado para pasar a formar parte del club. En mi caso estoy bautizada, supongo que fue importante para parte de mi familia creyente y porque eran los 80 y pasar de bautizar a tus hijos supongo que era demasiado. La cuestión es que comenté que lo suyo sería que todos los que en realidad no somos creyentes apostatáramos, así no podrían seguir hablando de muchos creyentes que en realidad no lo somos, a lo que mis padres me contestaron al unísono de una manera que jamás me hubiera imaginado: “No lo hagas”. En un primer momento incluso pensé que no les había entendido, pero sí: “No lo hagas que nunca se sabe”. ¿Nunca se sabe, qué? “Que esa gente tiene mucho poder y nunca se sabe”.

Me pareció tremendamente triste que pensasen, totalmente convencidos además, de esa manera, me di cuenta de la marca que les dejó una educación católica, saber de su poder y haber aprendido a temerlo.

Para los que no somos creyentes es difícil abrir la boca para hablar de este tema porque, a poco que digas, se entiende que estás faltando al respeto a los creyentes, la línea que separa manifestarte ateo y faltar al respeto a los creyentes es muy delgada, delgada hasta el absurdo, tanto es así que no puedes decir qué significa Dios para ti y que te resulta incomprensible que una creencia merezca para algunos creyentes mucho más respeto que las personas. Se puede insultar a esa persona con la que no comulgas ideológicamente y seguir siendo un buen cristiano, se puede ser representante de la Iglesia y cargar contra la mitad de la población, comparar una manifestación masiva de feministas en protesta por la regresiva Ley del aborto de Gallardón con los trenes de Auschwitz, abogar por limitar nuestros derechos, decir que otra parte de la población no tiene derecho a vivir su sexualidad, comparar la homosexualidad con una infección, hacer declaraciones xenófobas sobre los refugiados, alabar la desigualdad y sometimiento de las mujeres se puede incluso justificar delitos como la pederastia y la violencia de género, desde el púlpito se puede pedir a las mujeres víctimas de maltrato que la culpa es suya por divorciarse, y así un, demasiado largo, etc.

Se puede hacer todo eso y seguir pidiendo que los demás respetemos la imposición de unos valores religiosos que no compartimos, la gente que hace esas declaraciones dice que los demás les debemos un respeto, pueden decir todo eso y nadie va a apelar a ningún sentimiento religioso porque los ateos no tenemos tal cosa y faltar así a la dignidad de las personas por lo visto no se considera ningún atentado a dichos sentimientos. Los no creyentes no tenemos ese privilegio del sentimiento religioso para esgrimirlo cada vez que queramos que se haga imponer nuestra voluntad a los demás, pero desde luego tenemos derecho a no creer y a tener nuestros propios valores no religiosos, les guste o no.

No tiene el respeto de los demás aquél a quien la gente teme, le temerán, pero no le respetan, por eso necesita amenazar, amedrentar e imponer obediencia.

Un grupo de estudiantes protestó en 2011 porque hubiera capilla en la Universidad Complutense, un centro de estudios público y organizaron una protesta en la que estuvo presente Rita Maestre portavoz de Ahora Madrid en el Ayuntamiento. En aquella protesta no se agredió a nadie, pero sí se protestó contra la opresión que ejerce la Iglesia con las mujeres entre otros colectivos y contra la imposición que supone que la capilla esté allí, en un centro público.

Maestre lo relata así en una entrevista para El País:

“Tenía 21 años. La querella la pusieron Manos Limpias, Alternativa Española, y el centro Tomás Moro (de orientación conservadora cristiana). En la semana en torno al 8 de marzo se prepararon distintos actos desde el grupo activista en el que yo participaba, Contra Poder, pero da la casualidad de que en este caso en concreto yo no andaba en la organización. En Contra Poder preparábamos charlas y nos manifestábamos contra el Plan Bolonia. Antes de la facultad yo no había sentido inquietudes políticas, pero al respirar aquel ambiente en ebullición me sentí seducida de inmediato.

Aquella mañana llegué a clase y me encontré con que se había preparado una movida. Me pareció que la protesta tenía sentido y me uní. Fuimos marchando por el campus y finalmente entramos en la capilla de la Complutense. Allí se gritaron consignas en contra de la intromisión de la Iglesia en las instituciones públicas. Yo me limité a mirar y a flipar con lo que ocurría. Tras la querella, me fueron a detener a casa. Eran las 9 de la mañana. Mis padres ya se habían ido a trabajar y no volví a hablar con ellos hasta que salí de comisaría.”

Se ha conocido que Rita Maestre se reunió con el Arzobispo de Madrid Carlos Osoro y le pidió disculpas, cosa que me parece bien, no la voy a criticar como se han lazado a hacer otros, que incluso desde la izquierda se han equipado con una batuta que va marcando lo que se debe hacer y qué se debe decir y cuándo con una exigencia que comienza a ser impertinente, pero a lo que iba, que no me parece mal la disculpa y tampoco soy quien para juzgar porque entre otras cosas no soy yo la que está en su pellejo. Tanto si es porque eso beneficie judicialmente a su causa, como si lo ha hecho porque su intención no fue cargar contra personas que creen, es ella la que decide qué hacer y punto. Pero no acabo de entender por qué unos no creen en sus disculpas y otros lo consideran una especie de traición a la izquierda, porque es perfectamente compatible que quien quiera, crea en Dios y al mismo tiempo no imponga su religión en los espacios públicos, en instituciones, en centros educativos públicos, en costumbres y en todas partes. No se está en contra de los creyentes porque se puede ser creyente sin obligar a los demás a ver la religión como tú, no nos importa vuestras creencias ni tenemos intención de perjudicaros mientras las profesáis, pero profesar una religión no es imponer a todas las mujeres por ley qué derechos podemos y qué otros no podemos tener, ser creyente no es pretender que todas creamos como tú, ser creyente no es imponer que los centros públicos impartan tus creencias por obligación. No se atacan los sentimientos religiosos, se defiende algo a lo que tenemos derecho le pese a quien le pese, una vida sin los mandatos de la religión católica, porque no creemos en ellos ni tenemos el porqué vivir temiendo las consecuencias de no cumplirlos.

El arzobispo de Madrid dice sobre el encuentro con Maestre:

“Mi perdón, mi entrega, mi servicio, mi fidelidad quisiera que fuese igual para todos”, ha dicho Osoro, tras explicar que durante el encuentro con Maestre hablaron “de todo” y que él le manifestó que en cualquier lugar del mundo y, en particular, en las universidades hay aulas de teatro o campos de deporte, lo que también hace plantearse “por qué no van a existir lugares en los que, quienes creen, puedan vivir una experiencia de Dios”.

“La dimensión trascendente es esencial a la existencia humana y tiene diversas manifestaciones”, ha dicho el arzobispo, para quien “es un derecho esencial de la persona humana y una obligación de las instituciones poder entregar esos espacios donde esas dimensiones esenciales de la vida y el ser humano puedan expresarse”.

Osoro obvia, que pedir que no haya capillas en centros públicos no es negar ese derecho a un templo donde los creyentes puedan vivir una experiencia de Dios, porque los creyentes ya tienen templos a los que acudir si lo desean. Un centro de estudios público no es un sitio al que ir a rezar, para rezar los creyentes tienen las Iglesias, nadie les está negando ese derecho. Y además es un centro público y la ley obliga a que sea aconfesional, la ley civil, que alguno lo mismo necesita esta aclaración sobre por qué ley nos regimos en exclusiva los no creyentes.

Y así amigos es como se convierte el exigir que se cumpla la ley, en una agresión contra un derecho de los creyentes, aunque ese derecho nunca se les haya negado. Así es como funciona cada vez que los ateos reclamamos que se respeten espacios públicos libres de religión o pedimos que no se nos imponga a todos, creencias religiosas con las que no comulgamos. Pedir con acciones, expresiones, videoclips o procesiones, que dejen de imponer su religión a los demás se convierte en una agresión porque lo que en realidad defienden es poder seguir imponiéndola, por la fuerza.

Yo también le pido a Rita Maestre que no se le ocurra dimitir por esto, que no dimita por exigir que se respeten nuestros derechos y a la vez le doy las gracias por defenderlos, a ella y a todas y todos los que protestaron ese día y a todas y todos los que han hecho otras protestas necesarias para librarnos de esta opresión arriesgándose a ser perseguidos y amedrentados por ese poder ilegítimo.

#YoApoyoARitaMaestre