Walking in Maputo, Mozambique

This a compilation of thoughts, adventures and experiences of a Bolivian-passport holder, a young man, a lonely planet travel guide, comfy shoes and a big backpack. One of those backpackers like. Klever, the world and his friends.


Jueves 15 de enero de 2015, Maputo — Mozambique

Medio día. Posiblemente 33 grados Celsius.

El siguiente blog será bastante más largo de lo normal por ser el primero en su serie. Prometo que los futuros serán mucho más cortos, ya sea por la falta de tiempo por el trabajo en la pasantía o porque después de un tiempo viviendo en un lugar iré perdiendo mi capacidad de sorpresa. It would also be written in Spanish, but I’ve heard Google Translate got recently updated this week with better functions. You can give it try if you wish to follow the blog ;)

Dicen que todo texto necesita una introducción. Así que a modo de introducción y a falta de un título más creativo,


Introducción, dos puntos.-

Anoche llovió, entonces no hizo tanto calor. Esta mañana amaneció mejor. Por coincidencias divinas de la vida también es feriado nacional porque el nuevo presidente — resultado de unas elecciones el pasado mes de octubre plagadas de escándalos y fraude que no tienen nada que envidiarle a las latinoamericanas — va finalmente a jurar al cargo y tener su tan esperada inauguración presidencial. El ganador es obviamente del oficialismo de tintes izquierdista, FRELIMO (Frente de Liberación de Mozambique), el mismo y único partido en poder desde la independencia casi hace tres décadas. Cualquier paralelismo con la agenda presidencial de Bolivia esta semana son, como dije, puras coincidencias divinas de la vida.

Llevaba días de querer empezar a escribir mis andanzas en un nuevo continente. Pero como muchos de ustedes me conocen, soy un fuerte creyente que el poder de la procrastinación nunca debe ser subestimado y no debe ser puesto a prueba.

Hay muchas maneras de inmortalizar aventuras y lindas experiencias que la vida nos hace vivir.

En mis primeros viajes, cuando el mundo todavía debatía si el calentamiento climático era verdad, solía tomar fotografías a la antigua. Con esas cámaras a rollos que uno luego tiene que llevar al centro para hacerlas revelar. Probablemente los jóvenes lectores en la audiencia no sepan de que estoy hablando. ¿No existían cámaras digitales a colores acaso? ¿Para qué te compraste un teléfono entonces? Se preguntaran. No soy tan viejo, pero cuando nací no existían las cámaras digitales y los indestructibles ladrillos Nokia costaban mil dólares.

En viajes subsecuentes, por esas épocas en la que el primer período de compromisos del Tratado de Kyoto entró en vigor, comencé a usar una cámara digital con baterías recargables que me ayudaban a ahorrar tanto en la impresión de fotos cada dos por tres, como también a reducir mi consumo de pilas tóxicas. Lastimosamente esta falsa sensación de poder fotográfico infinito viene acompañada de horas sentado delante de una computadora esperando que se descarguen los archivos para después dedicar muchas más ordenando todo en carpetas en una computadora lenta.

En mi tercera etapa de viajes, cuando Kyoto se fue a la mierda y los países del norte se encargaron personalmente de matar toda posibilidad de un segundo periodo de compromiso y decidieron, en su lugar, comenzar a negociar un nuevo tratado climático mundial para el 2020, la flojera me ganó y no quería ni recargar la cámara digital. Así que empecé a sacar fotos con el teléfono y sincronizarlas con la computadora directamente.

Este 2015 marca el comienzo de una nueva etapa de viajes, también marca un par de cumbres importantes en la ONU que tal vez cambien el curso de la historia y la forma en la que entendemos el concepto de ‘desarrollo sostenible’ y como hacemos frente a la peor crisis planetaria que los humanos hayamos tenido que enfrentar jamás como especies para sobrevivir en un clima más caótico que nuestro padrón electoral.

Pero yendo un poco más al grano y dejando de lado las referencias a la política climática mundial, una de mis resoluciones más realistas para el nuevo año era comenzar a escribir blogs a forma de coleccionar e inmortalizar cosas que pasan por mi mente cuando no estoy sudando en el caluroso y querido Estado Plurinacional de Bolivia. Este deseo de escribir también nace de las ganas de no olvidarme como escribir y de la envidia sana que me provoca ver los blogs de otros muchos amigos y amigas compartiendo sus aventuras viajando en este pequeño mundo que todos llamamos hogar. Nunca fui un gran fotógrafo de todas maneras.


El viaje muy largo, largo, larguísimo.-

Hice check-in en las oficinas de American Airlines el lunes 5 por la tarde. Madrugué martes por la mañana hacia el aeropuerto. Fui uno de los primeros en la cola despuecito de que abran los mostradores. Se saludan con una noticia que augura malas noticias. Me piden el pasaporte, lo hojean y empiezan a anotar cosas.

-Señor Descarpontriez- procede la señora.

-Si?- respondo.

-El sistema nos informa que su vuelo (y los vuelos con la misma ruta del resto del mes) ha sido sobrevendido- sonríe. -No estaría interesado en convertirse en voluntario para ser reasignado en otro vuelo el día de mañana así sea el caso?- continua.

Una cosa es voluntariar con Techo y otra es que te dejen plantado un día más cuando ya habías hecho check-in el día anterior, pensé. Tampoco era la primera vez que me hacían esta.

-Mmm, tendría que analizarlo- dije y puse cara de pensativo. Calcular los costos de oportunidad y costos marginales debidamente siempre toman su tiempito.

-Le vamos a dar un voucher de 800$ con un año de duración para que pueda comprarse un vuelo a cualquier destino en el mundo que usted desee usando American o cualquiera de las aerolíneas asociadas a la red One World (ósea, el resto de las aerolíneas del mundo). También le ofrecemos transporte y alojamiento en un hotel esta noche- dice.

-De una- respondí. Sabiendo que mi mamá ni loca me iba a dejar quedarme solo en un hotel esa noche y tampoco tenía ganas de desempacar nuevamente. La oferta era muy suculenta para dejarla ir.

Media vuelta. Cierro los ojos. Los abro. El taxi del aeropuerto ya esta afuera esperando. Me despido de mi madre. Mi hermana dormía. hago check-in por segunda vez. Estoy a punto de subir a la zona de pre-embarque y me encuentro con mi mamá detrás mío en el aeropuerto. Se quería despedir una vez más. ¡Como la quiero! Cruzo migración. El inspector de la FELCN que el día anterior me había preguntado el motivo de mi viaje y se confundió cuando traté de explicarle que era la Ecología Humana, lucía, para variar, confundido al verme de nuevo en menos de 24 horas, sorprendido y en un tono burlón con mezcla de sabelotodo me pregunta si ya había ido tan rápido a entregar mis encargos en el norte y sí volvía a Bolivia a por más.

Llego a Lima. Poco había cambiado en el aeropuerto desde la última vez que había estado ahí apenas 3 semanas atrás, excepto tal vez el internet gratuito que ahora ofrecía (no sería sorpresa para nadie enterarse que obviamente no funcionaba). Aterrizo en Miami. La cola más larga del mundo en migración. Pero al menos habían unos 80 brasileños muy emocionados por su viaje a Disney World que no dejaban de — como buenos brasileños — hablar en voz muy alta como si estuvieran en el patio de su casa (y viviendo cerca de la UCEBOL, especialmente después del último mundial, créanme que estoy acostumbrado a eso). No me quedó más que estirar oreja y empezar a practicar escuchando portugués.

Aterrizo en Boston por la noche, un frío infernal con sensación térmica de -29 grados. Busco un buen lugar para pasar la noche en algún pasillo del enorme aeropuerto Logan. El frío y el miedo a cerrar los ojos no me dejan dormir. Deambulo como un ‘inferi’ (para los fanes del niño de vivió) hasta que mi bus a Maine llega con retraso de un minuto a las 7:21.

Bar Harbor y la isla muy linda. Fría pero linda. Nomás los cortos 10 pasos del auto a la casa de Aneesa me recordaron porque no quería pasar otro invierno en el Imperio polar. Al día siguiente voy a un par de reuniones en el colegio (me sentía todo un John Kerry volando de Washington a Lima solamente para una conferencia de prensa de 30 minutos sólo para después volver a su capital ese mismo día). Voy a seguir tratando de dejar la política de lado, un poco.

Sábado por la mañana, pasaporte y documentos listos parto nuevamente para Boston. Un poco más de mucha espera en Logan y finalmente estoy en un vuelo de 6 horas a Londres. 10 horas más de espera en, lo que a mi parecer, es el aeropuerto más grande del mundo. El acento interesante de los británicos me mantuvo entretenido mientras contaba las horas pasar. Una siestita de vez en cuando, era como ver una película británica con los ojos cerrados. Una vez sentado, en lo que probablemente también era el avión más grande del mundo (mi asiento era en el pleno medio del avión por la fila 50 y pico) en la misma compañía que años atrás, para el día de los inocentes, había prometido empezar a implementar aviones con el suelo de vidrio para que la gente pueda ver el mundo cuando se atan sus zapatos. 11 horas viendo películas y aterrizo en Sudáfrica.

Con mi mochila negra en hombros me embarco en las tan conocidas largas filas de migración. Me apuntan a la cabeza con una cámara termográfica en forma de pistola. Sonrío y me apuro. Anuncios de métodos efectivos, fáciles y baratos para ver si tenés ETS ‘sin la necesidad de muestras de sangre, sólo basta un poco de pis’ llenan los baños. Más anuncio de cómo prevenir Ébola inundan el resto de los pasillos. 6 horas más de espera en Johannesburgo pasan rápido viendo tiendas y tiendas. Me arrepiento nunca haber aprendido a tejer. Tendría la chalina más larga del mundo para ahora con tantas horas de espera. Pero con tanto calor ¿para qué?

Una hora de avión más hacia Maputo, Mozambique. La mujer de a lado me pregunta si yo también era brasilero. Le digo que no, que era de un poquito más abajo en el mapa. Le cuento a que vengo y de una le sale el instinto maternal al verme tan joven y perdido en otro continente y tranquilamente llena la hora de vuelo con historias de los cuidados a tener en Maputo. Compra esto, no compres aquello, camina por aquí, evita eso de más allí, guarda tu dinero así, si te preguntan tal cosa respondes esto, no comas pira pira que es muy picante y a ellos les encanta, en este safari podes ver muchos animales y en tal otro es una estafa, anda a esta playa, tal parte es sucia no te bañes. Los mosquitos, el certificado internacional de fiebre amarilla, etc.

Cuando tomaba un respiro para seguir hablándome, yo aprovechaba para ver por la ventana del avión. Verde, verde y más verde. Ríos, riitos y riotes.

Ya estamos llegando- me dice cuando vislumbramos un pequeño aeropuerto, que nada tiene que envidiarle al Viru Viru en tamaño, color rosado. Me vuelven a apuntar en la cabeza con un termómetro en forma de pistola. El de migración no tiene la más p*uerta idea de nada. Me deja pasar así nomás. Le pregunto como puedo extender mi visa otro mes más. Me dice que no sabe y que tenga un ‘bom dia’. Dipti me esperaba con su esposo Daniel sentado detrás del volante. Volante que inesperadamente se encuentra al lado derecho. La aventura acaba de comenzar.

de esas cosas cool que el teléfono puede hacer y vos no tenes ni idea

Los primeros días.-

Estoy viviendo en el apartamento de una pareja muy linda de jóvenes activistas. La ubicación no te la podría dar. No por temas de seguridad. Si no que, hasta que no vea un mapa, honestamente no tengo la más mínima idea de donde estoy. Sólo sé que estamos muy céntricos. En una calle aleatoria entre dos grandes avenidas principales. Saludamos a los vecinos y procedemos a despegar los 3 candados y par de cerraduras que nos separan de las fuerzas oscuras de afuera y la seguridad del hogar (otra para los Hogwarts fans ;)

Mi cuarto tiene la vista al edificio de al lado más linda del mundo. Lo veo todo. Incluso cosas que me gustaría no ver.

Tal vez va siendo tiempo que les hable un poco más acerca de la pareja. Dipti es originalmente de la India y se mudó a Maputo a vivir hace unos años para trabajar en la organización que Daniel, su madre y otros amigos comenzaron hace más de una década. Dipti es coordinadora internacional de Friends of the Earth International (FoEI) en materia de justicia climática y energías y también coordina el mismo departamento dentro de Justicia Ambiental (JA!) — Friends of the Earth Mozambique acá en Maputo. Daniel es de Mozambique, al igual que su familia (y si mal no recuerdo tienen conexiones con Portugal). El destino y el amor los hizo conocerse. Pero fue la lucha la que los unió.

La primera noche la oficina me invita a cenar. La pareja es vegetariana así que nos toma un buen tiempo encontrar algo que no esté a) cerrado o b) tenga algo, aunque sea algo, que sea vegetariano. Hablando de la vida y Earth in Brackets (earthinbrackets.org ;) me dejé sorprender por todo lo nuevo que mis ojos veían. En mi mente pasaban muchas cosas. Mi primera vez en África. No tenía la más mínima pista de lo era culturalmente aceptado y no acá. No quería parecer maleducado. No quería ofender a nadie. Así que repartía sonrisas con levantares de hombros a doquier. La felicidad es un emoción que cruza los muros de la cultura. No podía cagarla con eso.

En un momento durante el postre, que al poco tiempo pasé a calificarlo de estupidez, me dejé llevar por la curiosidad infantil y aplasté una pequeña hormiga con la punta del dedo para ver a que olía. ¿Endulzará tu leche como cuando se te meten en el cereal y te las tragas con leche por error? ¿Serán saladas? ¿Tóxicas? ¿Radioactivas? ¿Sabor a mocochinchi? ¿Quién sabe? Las hormigas pueden ser diferentes en todo el mundo. Quien haya dejado que las hormigas gigantes en Costa Rica se le suban por la pierna o invadan su gallo pinto pueden testificar mi hipótesis. A los 5 minutos me sentí de lo más tonto, me limpié la hormiga del dedo y se me esfumó la curiosidad. Era simplemente otra hormiga en un millón que solo entendía portugués, no llegué a preguntarle su nombre.

Las noches pueden ser calurosas. Al igual que las mañanas. Las tardes y las medias tardes. Cuando estoy maldiciendo el sudor que corre por mi espalda después de bañarme le pregunto a Siri que temperatura hace en Maine, después río por debajo de los dientes y me olvido de todo.

El paraíso de todos los TOCs (trastorno obsesivo-compulsivo)
Orden para mis ojos!

La oficina.-

La oficina está relativamente a una distancia caminable del apartamento. No, mentira. Ese era el Klever flojo en mi escribiendo, está a menos de 5 cuadras. Pero cuando lo pensás en metros, 500 sigue sonando un poco lejos. Ni hablar de centímetros — 50.000!

Al final del día, no es acerca de la distancia, sino de llegar ahí vivo. Cuando las calles pueden ser de un solo sentido y otras de dos sin señalización, la gente conduce a la defensiva, a lo micrero y encima de todo en el sentido contrario de la calle, hasta la gallina con 7 vidas más valiente del mundo miraría dos veces antes de cruzar la calle.

Mi escritorio provisional tiene una brisa envidiable. De esas por la que mucha gente pagarían muchos Meticales (30 Metical = 1 dólar o 7 bolivianos). Daniel es el coordinador de mi pasantía, pero estaré trabajando principalmente con Dipti en el área de cambio climático y en la organización de una reunión por la justicia climática a realizarse a comienzos de abril en Maputo — dedos cruzados para poder retrasar mis tickets y poder quedarme un poco más para esas fechas.

En temas específicos del trabajo todavía no todo está definido. Estoy leyendo un montón de reportes anuales de la organización de años previos y sumergiéndome en la memoria institucional para entender un poco mejor exactamente qué es lo que este increíble grupo de personas hacen. Y cómo llevan a cabo sus campañas de activismo ambiental a nivel local, regional, nacional e incluso internacional. Suelen realizan muchos viajes a las provincias para visitar las comunidades afectadas con las que trabajan. Tienen una visita planeada para febrero y ya me dijeron que me van a llevar para que conozca. Tal vez hoy en la cena (vegetarianamente deliciosa) o mañana temprano hablemos con Anabela (mama de Daniel, suegra de Dipti y mente central dentro de JA!) para concretar mi posición. La emoción se apropia de mi nuevamente.

La vista desde la ventana de la oficina…

Esto es lo que veo cuando saco la cabeza por la ventana…

Shockes culturales y otras observaciones.-

Mi portugués no resultó estar ni cerca a bueno o aceptable como yo creía. Estúpida Rede Globo TV que me hicieron creer lo contrario. Las pocas palabras o frases que sé las digo con un acento súper brasilero, entonces la gente o sonríe o no entiende. Traté hasta gallego, sin suerte. Creo que va a tener que ser ingles o español muy lentito.

La señora sentada al lado mío en el avión me pintó un panorama de desolación y extrema pobreza. No sé de que parte de Sao Paulo será la mujer, pero esto es muy diferente a lo que me describía. Tal vez todavía no lo he visto todo. Pero hasta donde han llegado mis pequeñas expediciones alrededor del barrio es la misma realidad de muchos de nuestros países latinoamericanos. Personas y familias que viven sin muchos lujos y comodidades, solamente con lo que es fundamentalmente necesario.

No hay que ir muy lejos para entender que la pobreza no es una realidad particularmente de África. Solo le tenemos que pedir a tío Percy o a los del Comité Cívico de Santa Cruz que manden un dron con filmadora al Plan 3.000 para ver que compartimos la misma realidad. Tal vez la misma realidad a las afueras de Zona Sur y subiendo hacia El Alto. O la realidad que vi con otros Techeros mientras construíamos viviendas de emergencia en Limón y otras comunidades en la costa caribeña en Costa Rica, o las que vi caminando por las viejas calles de la Habana.

Empobrecidos y desposeídos son colores de ojos que muchos y muchas conocemos o compartimos. Esos colores de ojos y un tono de piel color resistencia son los que conforman el casi 99% de la población mundial. Todos con un apellido de 3 palabras en común — ‘la lucha continua’, y ‘el pueblo resiste’, si se respeta el apellido de la madre también.


Hasta la próxima vez que me sienta inspirado o algún otro feriado que me permita escribir largo y extenso, me despido.

Cambio y fuera.

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