Jesús Enrique Rosas
Jul 20 · Unlisted

Los dos hombres pasaron al lujoso estudio.

Uno de ellos cerró la puerta tras de sí; en su cara, las visibles señales de la emoción.

El otro, un hombre de pelo y bigotes blancos, sonreía con el paquete entre manos. Con mucho cuidado, lo puso en el medio del escritorio que dominaba la estancia.

Rasgó el envoltorio por ambos lados y lo destapó cuidadosamente.

Al otro casi se le salen los ojos de las órbitas.

“Es… es más pequeña de lo que imaginaba, pero… ¡Es tan hermosa como la soñaba!”.

El de pelo blanco sacó de su gabardina un sobre.

“Aquí tiene el certificado de autenticidad. Supongo que está de más decirle que nadie puede enterarse de esto.”

“Cla… claro, por supuesto… la mantendré en total aislamiento. Comprendo los líos en los que puedo meterme si alguien la ve”.

El Marqués sonrió.

El nuevo dueño, aún con los nervios, cogió delicadamente la obra con ambas manos.

Con ambas manos, sosteniendo la Mona Lisa.

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Quizá hayas oído hablar de la sustracción de la Mona Lisa que ocurrió en 1911.

Nadie supo de su paradero hasta más de dos años después, cuando las pesquisas dieron con el autor material del robo: Vincenzo Perugia, antiguo empleado del Louvre quien la había mantenido escondida bajo el colchón de su catre todo ese tiempo.

Como dato curioso, la Mona Lisa no era tan famosa antes de ser ‘raptada’. Después de su misteriosa desaparición y retorno, se volvió un auténtico objeto de culto.

Nunca fueron claros los motivos de Perugia de haber cometido tal fechoría.

Tuvieron que pasar dos décadas más para comprenderlo:

— -

Poco después de la aparición de la Mona Lisa, un misterioso hombre que se hacía llamar el Marqués de Valfierno, contactó a un periodista para contarle la verdad sobre la estafa.

La verdad solo podría ser revelada si él daba su permiso, o si fallecía; al ocurrir este último suceso, salieron todos los detalles a la luz pública.

Valfierno era un estafador de arte que acostumbraba vender falsificaciones; pero generalmente esas ventas clandestinas debían contar con cierta ignorancia por parte de sus clientes.

Pensó que podría hacer desaparecer un cuadro famoso, que llegara a los titulares de todo el mundo, y así vender una falsificación como si fuese el original.

Así que decidió enfocarse en la Mona Lisa.

Para asegurarse de que su plan sería lucrativo, Valfierno primero se entrevistó con millonarios estadounidenses que estuviesen dispuestos a comprar la obra de arte robada.

Tuvo más suerte de lo que se imaginó; consiguió a seis sólidos clientes.

Así que mandó a fabricar seis falsificaciones perfectas. Incluso tuvo el cuidado de embarcar las copias a Estados Unidos antes de que ocurriese el robo, y así poder ingresarlas al país como copias, sin sospechas.

La segunda parte fue relativamente fácil, pues la seguridad del Louvre en aquel entonces era excesivamente ligera. Perugia, conociendo todos los pormenores de cómo sacar el cuadro del recinto, lo logró con escasos tropiezos.

Luego, guardó la obra bajo su catre, tal y como Valfierno le había indicado.

Cuando el mundo entero se hizo eco del robo, Valfierno pudo vender las copias sin problemas.

Fue una gran estafa; una gran mentira que solo fue revelada años después, al morir el Marqués.

¿Imaginas la cara que pusieron los compradores cuando se enteraron que la Mona Lisa había ‘regresado’ al Louvre?

Habrían tenido toda la razón de sentirse engañados.

Muy probablemente tú no habrías participado en una transacción ilegal, pero ¿Cómo crees que te habrías sentido al saberte estafado de esa manera?

Es una de las preguntas más importantes que le hago a quienes me comentan que ‘Quieren aprender a detectar mentiras’.

Aprender a detectar mentiras es relativamente sencillo; solo necesitas saber qué decir, qué ver, y practicar las dos cosas.

Lo que sí cuesta mucho más, es saber cómo reaccionar.

Hay gente que sencillamente, pierde toda la compostura cuando descubre que la han engañado; por supuesto, todo depende del nivel de confianza que tenga con la otra persona.

A mayor confianza y más grande la mentira, mayor la decepción.

Sé que sabes a qué me refiero.

Pero en ese sentido quiero que te preguntes cuántas veces una persona te ha mentido como una agresión directa y personal hacia ti.

(O si lo hacía para defenderse a sí mismo).

¿Comprendes la diferencia?

Porque es una GRAN diferencia.

Sé que puede doler mucho, que podemos sufrir decepciones muy grandes; pero es indispensable (si nos importa la otra persona) que paremos un momento y hagamos lo posible por descifrar la incógnita:

¿Por qué tuvo que mentir?

Independientemente si decides perdonarle o no, el averiguar la fuente de esas mentiras te dirá mucho sobre ti mismo.

No estoy diciendo que sea tu culpa que te hayan mentido; tú no le pusiste una pistola en la cabeza al otro para que lo hiciera.

Pero te aseguro que al comprender el por qué otra persona te mintió (para protegerse a sí mismo de las consecuencias de la verdad), vas a descubrir cosas de ti mismo.

Sé que estoy hablando de forma muy general… porque las posibilidades son casi infinitas.

Solo asegúrate de que la próxima vez que te mientas, supera las primeras emociones y descubre qué motivó a la otra persona a hacerlo.

Prometo que descubrirás verdaderas lecciones en ese proceso.

Mucho éxito,

Jesús Enrique Rosas
Director, Knesix Institute


P.D. Poca gente es capaz de desarrollar esta capacidad; a veces, solo necesita que alguien se lo demuestre. Es por eso que quiero que tú nos acompañes en esta misión, como uno de nuestros Embajadores en Lenguaje Corporal.

Para ver toda la información del programa, puedes ir aquí: https://knesix.institute/conferencistas/

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Jesús Enrique Rosas

Written by

Body Language and Behavioral Analysis Consultant — Imperial College London.

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