Divagues: sobre escribir.

A veces me fastidia escribir sobre mí y aun así siempre lo hago, ya sea en ficciones o en forma de lo que quiera que esto sea; pero simplemente sería imposible no hacerlo. Y no lo digo por ególatra, ni narcisista (no mucho, al menos), sino porque al final todo pasa por el filtro de mi mirada, mi mente y mis palabras. Son mis dedos entumecidos por el frío o el tedio los que teclean, así que por lo menos tengo esa justificación.

Hubo un tiempo en el que me angustiaba por muchas cosas al escribir: encontrar mi voz, pulir mi estilo, ser aguda y brillante, seguir los pasos de autores a los que había leído y me habían fascinado por alguna u otra razón… y todo eso me estresaba profundamente al grado de desanimarme, orillándome a abandonar algún humilde borrador.

A pesar de todo, y después de todo este tiempo — quince años, para ser precisa — , hay veces que sigo sintiendo el impulso irrefrenable de plasmar mis divagaciones. Es una necesidad tan vital como la de escaparme de todo de vez en cuando o la de tardarme veinte minutos bañándome sólo para disfrutar del agua caliente y cantar a todo volumen sin que nadie me vea.

La diferencia entre aquella época de relación tormentosa y ahora, es que ya no me estreso tanto; quizá porque al fin he encontrado mi propia voz y ya no quiero ser la próxima promesa literaria de mi generación o porque ya no me devano los sesos tratando de escribir obras de arte y ahora sólo busco escribir con claridad, que mi prosa sea serena y legible. Puede ser, también, porque ya no me dejo atormentar por la tan ominosa página en blanco y en vez de sentarme horas frente a una pantalla, simplemente me largo a hacer algo que me dé un poco de paz.

Hoy ya no escribo como método de autoflagelación o buscando no sé qué cosa inencontrable. Ya no me aferro con necedad a la idea (no sé si retorcida) sobre cómo debería ser escribir. Ya no pienso en Hemingway o Cortázar o Woolf o Plat. Mis prioridades son cosas más mundanas y no me siento culpable. Prefiero ir al cine o a comerme unos tacos en lugar de aplastarme miserablemente a tratar de hacer algo que no siempre puedo o quiero hacer. Pero no me malentiendan, amo escribir y nunca dejaré de hacerlo, se trata más bien de aceptar que no pienso entregarle mi alma a nada que no me haga sentir tranquila siempre que lo haga.

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