La serie #EscuelasQueCaen recibe premio de Amnistía Internacional

Discurso de aceptación del Premio Peter Benenson al periodismo comprometido con los Derechos Humanos de Amnistía Internacional Paraguay, en diciembre del 2016.

Celebramos este reconocimiento, que coincide con el primer año de Kurtural. Para nosotros es un aliento y una re afirmación de que el periodismo impulsado y gestionado por los propios trabajadores es posible y necesario.

La serie Vacas que Vuelan, Escuelas que Caen nace de un sentido de urgencia. Algo no está bien cuando dos escuelas por mes se caen sobre estudiantes y docentes. Algo no está bien cuando para estudiar se debe arriesgar la vida. Este fenómeno fue la puerta de entrada que nos llevó a identificar una crisis causada por el modelo económico vigente.

Hablamos de un modelo que produce niveles de desigualdad que hacen prácticamente inviable la convivencia pacífica. Enriquece a pocos a costa de millones que a diario luchan por acceder a derechos tan básicos como la educación, algo que queda palpable en las historias de esta serie.

Este modelo se nutre de una grosera concentración de tierras en el que el Estado es gestor de los intereses de los propietarios. Sino, ¿cómo explicamos Guahory? ¿cómo entendemos los asesinatos de 115 dirigentes campesinos en democracia, la mitad de ellos a manos de las fuerzas del Estado?

Este modelo, plenamente avalado por el gobierno de turno, produce presos políticos, como los 11 acusados por la matanza de Curuguaty en un juicio parodia, un juicio infame. Este modelo convierte la educación en moneda de cambio, obligando a más de 40 mil niñas a someterse a formas de esclavitud para poder estudiar.

Este orden de las cosas se sostiene en un discurso hegemónico; en mitos de la meritocracia, de superación personal, progreso y modernidad, que no hacen otra cosa que legitimar la plutocracia, el hambre, la explotación laboral y el sistemático saqueo de recursos.

El discurso hegemónico se reproduce por otra situación de desigualdad: la concentración de medios masivos en un puñado de grupos empresariales, mientras las radios comunitarias son atacadas y limitadas en su capacidad.

En ese escenario, creemos que debemos identificar y narrar este esquema político, económico y mediático que viola derechos humanos. Para asumir el desafío con la osadía que brinda la honestidad, la organización de los trabajadores de la comunicación es necesaria.

Hacemos extensivo este reconocimiento a los nuevos medios que ya asumieron tal compromiso: E’a, Cigarra, El Independiente, El Impulso, DementesX, Latitud25, RTV y otros que disputan la narrativa signo a signo, símbolo a símbolo, como nos enseñó el periodista Vicente Páez, a quien recordamos especialmente hoy.

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