La justicia está por el suelo
Desde hace bastante tiempo el mundo se había olvidado de respetarlo, todos pasaban sobre él, su mujer e inclusive su hijo adolescente, su autoridad disminuía en cada botón que se soltaba de su ajustado uniforme; había perdido esa chispa que lo caracterizaba de joven, el sistema se lo había comido a bocados y ahora su corta vida estaba llena de altos y bajos.
Día a día su mirada se perdía en las nubes que veía pasar, mientras un sin número de desconocidos pisoteaban una vez más su espíritu. Una joven pareja que discutía en su auto lo ignoraba una vez más y el domiciliario lo madreaba por quinta vez.
Trabajaba siempre en la misma avenida principal, era de uno de los miles de policías recostados que visten de amarillo con negro, pero desde hace un mes era gris, como su alma. Le entristecía que su vida se limitara a reducir por unos cuantos segundos la velocidad de una convulsionada capital.

