El día que aconsejé cómo dar particular

Empecé a estudiar inglés a los cinco años, cuando mi mamá me depositó en un instituto. Al principio yo no quería ir. Prefería estar en mi casa con ella y mi papá. Pero laburaban mucho, así que tampoco hubiera estado con ellos sino con la niñera. Al poco tiempo me enamoré del lugar y le pedí a mi mamá que me llevara todos los días. Me gustaba el idioma y las aulas llenas de afiches de colores y juguetes didácticos.

Durante la secundaria tuve un buen nivel de inglés en la escuela. Igual seguí yendo al instituto y a veces reemplazaba a las docentes cuando ellas no podían ir. Mi mamá tenía una peluquería y yo también trabajaba ahí. La verdad es que ganaba más cortando el pelo antes que enseñando inglés. Además, no me sentía del todo preparada como para enseñar, así que combinaba una gran cantidad de cortes de pelo con el dictado de algunas clases esporádicas.

Los últimos dos años de la secundaria empecé a pensar qué carrera iba a seguir. Mis compañeros no tenían ni la más puta idea de qué les gustaba o qué no les gustaba. Yo tenía el problema opuesto: me gustaban muchas cosas y me costaba elegir. En un primer momento pensé que iba a anotarme en Letras. Mi mamá estudiaba Letras antes de tenerme a mí y un poco insistía en que yo siguiera esa carrera. Aunque me encanta Letras, no quería seguir su mandato. La hubiera estudiado sólo para adquirir herramientas que me ayuden a leer y escribir mejor.

Una vez que limité mis opciones, supe que quería seguir algo vinculado al inglés. No me decidía entre el traductorado y el profesorado. Finalmente me anoté en el profesorado porque me gusta enseñar y estar en contacto con niños. Me gusta la epistemofilia (palabra ñoña que significa deseos de aprender) que tienen los chicos, además de su curiosidad y espontaneidad.

Mi mamá murió a principios del 2010, el año en que yo empecé a estudiar. Me fui de la casa de mis viejos a vivir sola a Rosario. Mientras cursaba me mantuve cortando el pelo y dando clases particulares de inglés de vez en cuando. A fines del 2013 me recibí de profesora y decidí no cortar más el pelo. Tenía que seguir desprendiéndome de la personalidad avasallante de mi mamá, así que preferí ganar menos y trabajar de lo que había estudiado.

En realidad, no tengo tanta experiencia. Me recibí hace menos de dos años. Lo que sí tengo es entusiasmo y ganas de trabajar. Por eso, cuando me pidieron consejos para dar clases particulares de inglés a adolescentes, decidí escribir este texto. No es la verdad de la milanesa, ni nada parecido. Es mi verdad únicamente. Las recomendaciones son personales y me funcionaron a mí, lo que no significa que sean omnipotentes. Acá van, sin un orden aparente, mis consejos para dar clases particulares de inglés:

1) Preguntar por qué vienen a particular: en la primera clase, siempre hago esta pregunta. En muchos casos los alumnos son niños y adolescentes que odian el inglés y necesitan un refuerzo de lo visto en la escuela. En otros casos son adultos que decidieron aprender inglés de grandes por motivos laborales o porque se quieren ir de viaje a un país anglosajón. Sea como fuere, es importante preguntar esto para saber cómo encarar la clase (por ejemplo, para saber si se debe poner el énfasis en lo oral o en lo escrito) y también para conocer cuáles son las expectativas del alumno.

2) Saber (un poco de) gramática española para poder corregir: yo soy obsesiva de la gramática, tanto de la gramática del inglés como de la gramática del español. En el profesorado no tuve gramática española, pero tenía una buena base y además seguí leyendo sobre el tema por mi cuenta. Conocer la gramática de la lengua madre del alumno es fundamental para poder corregirlo, ya que al principio, cuando apenas empiezan a estudiar inglés, siguen pensando en castellano. Cuesta “meterse el chip del inglés” y lo que suelen hacer es traducir mentalmente lo que van a decir desde el castellano al inglés. Por este motivo dicen cosas como “because yes”, creyendo que están diciendo “porque sí”, cuando en realidad están enunciando una frase que en inglés es agramatical. Aprender un poco de gramática española y ser capaz de compararla con la del inglés es útil para predecir y corregir errores.

3) Hacer un diagnóstico: los alumnos jóvenes que necesitan reforzar un tema particular para un examen o algo por el estilo, te dicen directamente que les cuesta X y sólo buscan que vos les expliques y les des más ejercicios de X. En cambio, cuando viene un adulto que quiere aprender inglés para su trabajo o para poder viajar, es necesario hacer un diagnóstico para saber en qué nivel se encuentra. Por lo general, nadie arranca de cero. Estamos tan impregnados de la lengua inglesa debido a series, música, deportes, etc. que casi todo el mundo tiene un conocimiento rudimentario del idioma. Si alguien viene y te dice “yo no sé absolutamente nada” es más fácil organizar las clases, porque arrancás con un libro para principiantes y vas sumando a partir de ahí. Cuando te dicen “yo vi algo en la secundaria, pero mucho no me acuerdo” significa que hay una base, por más oxidada que esté, y tenés que empezar a construir conocimientos a partir de esa base. En la web de Cambridge hay diagnósticos, así como también en otros sitios. Al poner “diagnóstico nivel de inglés” en un buscador de Internet aparecen muchos resultados. Nunca imprimas un diagnóstico cualquiera sin leerlo. Siempre corroborá la calidad del material, porque en Internet (como en todos lados) hay mucha sanata.

4) Elegir un manual: a mí me gustan mucho los libros de Cambrige, Oxford o Pearson, entre otras editoriales. Los libros están bien hechos según el nivel del alumno y los más nuevos son entretenidos, didácticos y llevaderos. A partir del resultado del diagnóstico podés elegir un libro. En este punto te sugiero que hables con algún docente más experimentado que te pueda recomendar y prestar los libros para que saques fotocopias. Ya sé que no es lo ideal, pero como son importados cuestan mucha plata y los docentes novatos no estamos en condiciones de gastar tanto. Con el tiempo vas a ir armando tu propia biblioteca de manuales, fotocopiados o de verdad, y ya no vas a recurrir al préstamo.

5) Buscar material interesante: si bien me encantan los manuales, creo que tienen sus limitaciones. Son demasiado esquemáticos, entonces a veces hay que sumar material sobre un tema puntual que genera dificultades. Este material extra tiene que ser atrapante para el alumno, porque así aprende con más entusiasmo. Supongamos que tu alumno es hincha del Chelsea. Buscás un texto sobre el Chelsea (en Wikipedia o en algún medio de comunicación donde se escriba en inglés) que sea acorde a su nivel. Lo imprimís, le sacás fotocopia y con liquid paper borrás los verbos en Present Simple y en Present Continuous porque eso es lo que le cuesta aprender a tu educando. Después le das la fotocopia con los tiempos verbales en infinitivo para que él los conjugue. Te aseguro que el ejercicio le va a gustar mucho y va a recordar la diferencia entre los dos tiempos verbales y cuándo usarlos.

6) Corregir sin ser brusco: es necesario corregir todo el tiempo porque aprendés una lengua extranjera equivocándote mil veces hasta que un día no te equivocás más. Los alumnos se sienten mal cuando uno los corrige tanto. Se angustian, piensan que son burros y que nunca van a aprender. Aclarales que a vos también te costó cuando aprendiste inglés y que equivocarse es el paso ineludible en cualquier aprendizaje. Corregilos siempre y en cada una de las áreas de la lengua: pronunciación, gramática, vocabulario, etc. Hacelo sin soberbia y sin brusquedad para no intimidarlos.

7) Armar ejercicios breves: los niños pequeños mantienen la concentración por un periodo de tiempo brevísimo. Para que no se aburran, conviene armar muchos ejercicios cortos en lugar de unos pocos demasiado largos. La clase rinde más si tiene ejercicios variados que sean breves. Pueden arrancar con algo de escritura o lectocomprensión, después pasar a una escucha y finalizar con práctica oral. O sino se pueden alternar y repetir distintos tipos de ejercicios. Por ejemplo, una escucha, después práctica oral, después lectocomprensión y de nuevo práctica oral. Los adolescentes se distraen con los celulares. Yo aclaro que por favor no usen el teléfono durante la hora de clase. Te recomiendo que hagas lo mismo. ¡Y vos tampoco agarres tu teléfono!

8) Hablar en inglés: durante el primer encuentro hablo casi por completo en castellano. No quiero espantar al alumno y quiero dejar claras algunas “normas”, por decirlo de alguna manera. En realidad no son normas, sino aspectos organizativos para regular las clases. En el primer encuentro suelo establecer forma de pago y frecuencia y horario de las clases. El material a utilizar en el caso de los adultos lo defino en la segunda o tercera clase porque antes de hacerlo me gusta conocer un poco las particularidades y pasiones de cada uno. Una vez que lo formal está aclarado, siempre hablo en inglés. Algunas personas no entienden nada, entonces hablo en inglés y después en castellano. Si no entienden una palabra específica, intento hacer una paráfrasis también en inglés, no una traducción de ese término al castellano. El docente tiene que hablar en inglés y también tiene que incentivar al alumno a que haga lo mismo. La mayoría de las veces les da vergüenza, no se quieren equivocar o te dicen que hasta que no aprendan bien no van a hablar. No funciona así. Siempre hay que hablar en inglés. Hay que hablar, hablar mal, hablar con pocos recurso y dudando, hasta aprender. La barrera se atraviesa en algún momento, pero para atravesarla, antes hay que equivocarse bastante.

9) Preparar la clase siempre: por ahí tenés que explicar un tema súper sencillo y básico que te sabés de memoria. Decidís no preparar la clase porque es algo que dominás sin razonar. Entonces boludeás hasta que llega el alumno, total es una pavada. No. No hagas eso. SIEMPRE prepará una clase. Aunque tengas que explicar el verbo to be, aunque hayas enseñado lo mismo miles de veces. Repasalo antes, hablá solo en voz alta como si se lo estuvieras explicando a una persona que no tiene ni idea y anticipá las dudas que puedan surgir. Además de saber explicar, hay que saber corregir e indicar por qué se cometió un error, porque esto es así y no de otra forma. Por eso, por más elemental que sea el nivel de tu alumno, practicá para que pueda entenderte bien y no se olvide más de lo que le enseñaste.

10) Tener paciencia: yo no tolero que los alumnos sean maleducados o me falten el respeto porque siempre voy a dar clases con la mejor onda y una sonrisa en la cara. Lo que no me molesta es explicar 253 veces lo mismo si noto que algo no se entendió. A veces te boludean y te piden que les vuelvas a explicar para perder el tiempo, sobre todo cuando das clases en una escuela. En particular esto no pasa por el hecho de que están pagando por tus servicios y quieren aprender todo YA para no seguir pagando por tus servicios. Puede pasar que no entiendan algo y ahí sí tenés que armarte de paciencia para explicarlo muchas veces. Cada alumno es un mundo y tiene sus propios tiempos de procesamiento de la información, de asimilación, de capacidad cognitiva. Hay que adaptarse a esas diferencias y ser paciente, muy paciente. Sino sos paciente, no podrás ser docente.

Estos son mis consejos personales para quienes deseen dar inglés particular a niños, adolescentes o adultos. Es conveniente estar bien preparado para minimizar la aparición de fallas al momento de dar una clase, pero, como ya se sabe, la práctica hace al maestro. Así que es momento de dejar las inseguridades de lado, largarse con un alumno particular y ajustar la forma de enseñar según las circunstancias específicas. Yo recomiendo este trabajo. Es muy lindo. Y a los que quieran hacerlo…¡¡¡muy buena suerte!!!

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Originally published at lareemplazante.wordpress.com on May 7, 2015.