Coco (2017)

Disney — Pixar

El cine debe ser una invitación constante a la emoción. Venga de donde venga: una persecución de super héroes, una historia de amor, un drama épico. El constante bombardeo de historias fofas y sin sentido nos hace, a veces, perder de vista este precepto del séptimo arte: el cine nos debe emocionar. Y es justamente allí donde Coco hace su perfomance triunfal y maravillosa, porque esta joya nos golpea duramente en el corazón durante todos los 105 minutos que dura. De principio a fin, en cada escena, Coco imprime la esencia más pura de Pixar: hacer buenas historias y emocionarnos profundamente con ellas.

El argumento, a breves rasgos

Coco narra la historia de Miguel, un niño mexicano que, en el día de los muertos, viaja hacia un mundo hasta ahora desconocido. Lleno de color y ritmo, Coco se embarca en una aventura por descubrir la esencia de la vida: la importancia de la familia. Esto último es rara vez explorado desde algo que a todos, en mayor o menor medida, nos aterra: la muerte. Quizá para mi, que no soy mexicano, todo el color, tradición y misticismo encerrado en la celebración del día de los muertos en aquel país no me resulte familiar. Pero dado que crecí envuelto entre series (y novelas) mexicanas, todos los gags y el slang me devolvieron, a veces, a un episodio del Chavo del Ocho (y digo esto desde un buen sentido). Coco viaja al mundo de los muertos huyendo de su familia viva, persiguiendo el sueño de ser músico y, más adelante, con la ilusión de conocer a su ídolo musical.

Hablemos de técnica

Pixar nos tiene acostumbrados a hacer buenas películas. Pero en esta ocasión sobresale dejando una altísima nota. El guión es bien manejado, a ratos quizá predecible pero, al final, dejándonos una lección que nos haría entender que lo importante de la película no es descubrir al villano, sino develar una moraleja impuesta en cada dialogo presentado. Durante varios momentos me emocionaron los encuentros de los personajes y su relación. Me queda claro que Pixar intenta con esta película demostrar que el desarrollo de los personajes es lo más importante, especialmente porque todos, sin excepción, terminan la película con una apreciación diferente de la vida y sus peripecias.

En el apartado de animación, Pixar se planta como el estudio occidental que mejor maneja sus colores, texturas y realismo. Me impresiona cada vez que observo la facilidad de mezclar paisajes “reales” con personajes claramente animados y salir airosos en dicho intento. Ya lo dije con Cars 3 y en Coco se ratifica: nadie hace mejor animación que Pixar. Es genial como han creado, a partir de una tradición, un mundo tan colorido, pulido en detalles y original. No he visto nunca algo parecido al universo creado en Coco.

Concluyendo

Lo más bonito que tiene Coco es aquella maravillosa capacidad de emocionar por igual a todos los miembros de la familia. Es única en su concepto, digitalmente pulida, con una banda sonora fiel a su ambientación y un guión encomiable. Pero lo que más gusta de Coco es aquella virtud de hacernos interiorizar, sonreír, llorar y salir del cine con algo más de lo que entramos: llenos de felicidad y con ganas de abrazar a lo más importante que tenemos: la familia.

Pixar, lo hizo de nuevo y esta vez el Oscar es más que merecido.

5/5

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