Aceptación social vs. Amor propio

Desde mis anteojos veo tetas más grandes y cerebros más pequeños.

Hoy en día parecería que todo se reduce a cómo te ves, a la ropa que usas y a que tan grande tienes las nalgas. Y como es de costumbre, las mujeres somos las víctimas principales de esta corriente de superficialidad que arrasa con el mundo. Desde esos apretados corsés que asfixiaban a las doncellas de la época victoriana hasta la famosa depilación brasileira, las mujeres siempre hemos recurrido a métodos dolorosos en busca de la tan apreciada e hija de puta belleza. Mientras, yo me pregunto ¿de dónde viene tanto alboroto por ser la más bella?, ¿por qué es para algunos más importante el tamaño de los senos que el de la sonrisa? Y siempre llego a la misma conclusión: la fokin sociedad machista en la que vivimos. En donde cada vez las mujeres somos más inseguras y apoyamos el amor propio en banalidades como el maquillaje y la ropa.

Años atrás, inocentemente pensaba que los hombres preferían a las mujeres “naturales” pero mientras más comentaba el tema con algunos de ellos más me daba cuenta de que lo que les importa a la mayoría es tener a la más mami chula colgada del brazo. “A las mujeres feas que las mantenga su papá” dirán muchos, un argumento que me desagrada demasiado. Pero bueno, no es para nadie un secreto el hecho de que los hombres comen con los ojos y que muchos no saben valorar lo inteligente o dulce o divertida que puede ser aquella fea.

En una de esas discusiones, uno de ellos me dijo que operarse era lo mismo que usar maquillaje, fajas o extensiones para el cabello y que incluso era mejor porque es de cierta forma es algo permanente. En el momento me molesté y contrarresté su teoría con argumentos que ya ni recuerdo, pero pensándolo bien por una parte él tenía razón. Todas son herramientas que tenemos a la mano para vernos y “sentirnos” más bellas, la diferencia es que algunas son más radicales que otros. Y esto de cierta manera me ayudó a comprender y a dejar de juzgar (como usuaria de maquillaje que soy) a las chicas que se operan.

El problema (y lo que más me duele) es que muchas recurrimos a la cirugía plástica buscando ser aceptadas y deseadas por los hombres. Tanto así que incluso llegamos a creernos que el someterse a procesos quirúrgicos verdaderamente dará como resultado una autoestima más alta. Cuando la realidad es que el amor propio se trata de aceptarse tal y como uno es. Considero que eso de sentirte mejor contigo misma luego de una cirugía es solo una ilusión, pues con los años seguirán surgiendo nuevas inseguridades y si no te amas mientras eres joven, ¿quién te dice que te amaras cuando comiencen a aparecer las canas y arrugas? Caerás en un círculo vicioso, cirugía tras cirugía, inyección tras inyección tratando de evitar lo inevitable.

Yo, como todo el mundo tengo inseguridades y partes de mi cuerpo que me gustaría que fueran diferentes. Sin embargo, con el tiempo he aprendido a vivir con mis defectos y a sacarle mejor partido a mis virtudes. Mi intención con todo este discurso no es influenciar a las mujeres para que dejen de ponerse bonitas, sino invitarlas a cuestionarse por quien lo están haciendo, si por ellas mismas o por la sociedad. Recuerden que a fin de cuentas el beauty tip más barato y menos doloroso que existe es el amor propio.

-La Cuatrojos