Participo, luego exijo
Más allá del Like and Share
Hasta hace unos meses mi actividad política se limitaba a comentar (muchas veces indignada) aquellas cosas de las que me enteraba por los medios de comunicación, ya fuese en un almuerzo, una mesa de tragos o en algún análisis que realizaba en la universidad. De estas maneras de informarme y generar algún tipo de criterio podemos asumir que la más válida es la última.
Las aulas son el espacio, por excelencia, y en lo ideal, en el cual se desarrolla de manera más fuerte el pensamiento crítico. Estas deben significar un antes y un después en la vida de las y los ciudadanos, a quienes es menester brindarles las herramientas necesarias para entender coyunturas, debatir, cuestionar decisiones y autoridades e innovar. Sin embargo, su éxito depende de factores que presentan muchas veces presentan deficiencias: calidad de las y los docentes, diseño curricular no adaptado a los contextos culturales o a las mismas necesidades de la Sociedad de la Información, voluntad política, entre otras. Por ello, muchas veces esas mentes, que deberían ser pensantes, se quedan confortablemente adormecidas.
Afortunadamente, vivimos en un mundo en el que la información está al alcance de todo aquel y toda aquella con una conexión a Internet y un dispositivo desde cual acceder al mismo. En estas lógicas de Web 2.0, considero que las redes sociales juegan un papel determinante y que son uno de los inventos más revolucionarios del siglo XXI. Cualquier acontecimiento tiene una alta probabilidad de ser traducido al lenguaje “meme” y empezar olas virales que dan como resultado una gran exposición. Si bien es cierto esto no implica una transmisión completa del suceso, es sin duda una manera en la que todos sabemos de todo y de pronto queremos manifestarnos y queremos ser parte de aquellos que protestan, de los indignados.
Aun así, no basta con Me gusta y Comparto. Esa intensa actividad en redes no es proporcional a la cantidad de ciudadanos que se involucran en los espacios que el sistema democrático ofrece, ya no para la representación, sino para la participación. Hasta aquí, visualizo dos retos importantísimos para este tipo de periodismo ciudadano.
El primero de ellos está asociado con la calidad de información que se transmite (un “meme” no me explica un contexto, únicamente señala un elemento, aislado del sistema al que pertenece) y en el cómo se transforman esos datos en conocimiento, en análisis crítico.
El segundo tiene que ver con el cómo traslado esa energía virtual al escenario político de país.
En el primer caso, la solución es leer. Las referencias a las que acudimos para hacer una lectura de una situación específica deben ser amplias y variadas. No dejarse llevar por Twitter y nunca limitarse a La Nación, es la clave. Con respecto al segundo reto, la cuestión es el involucramiento.
“En política no hay espacios vacíos”. Esta frase me la han repetido en los últimos meses personas que llevan ya un tiempo involucradas. El significado es simple y concreto: Si usted no participa, alguien más lo va hacer y va a tomar decisiones por usted. Por lo tanto, cuando llegue el momento de enfrentar las consecuencias de tales acciones, tenga presente que el “derecho al berreo” queda suspendido. Participe, luego exija.
El poder existe únicamente en ejercicio. Nadie puede poseerlo como un bien, sino que para que tenga efectos, es imprescindible hacer algo con él. Así, si el poder es del pueblo, únicamente podemos gozar de él si utilizamos los espacios que, en nuestra calidad de ciudadanos y ciudadanas costarricenses, merecemos. La incidencia política es esa capacidad que tienen los individuos para influir en la dinámica de las relaciones de poder dentro de un sistema. Estas relaciones tienen que ver con la creación de políticas públicas, la asignación de recursos y la forma en la que se comportan las instituciones. Todo esto, en defensa de ciertos intereses.
Ahora imaginen, ¿y si quienes inciden sólo buscan intereses en detrimento de los míos? Bueno, no hace falta imaginar, basta ver los últimos 30 años de historia costarricense. No obstante, el cambio de gobierno de este año no significa que la historia no se pueda volver a repetir y que al final, como dice Orwell, unos animales sean más iguales que otros. No. La oficialización de la ruptura del bipartidismo es exclusivamente una oportunidad para la Acción Ciudadana.
Si bien la forma en la que se imparte Cívica en el sistema educativo no nos hace anuentes de esta realidad, yo los invito a acercarse al espacio más cercano que tengan. Una Asociación de Desarrollo, una Junta Educativa, un Comité Cantonal de Deportes o de la Persona Joven, o simplemente acercarse al Partido Político que más le llame la atención. El punto es superar el Like y tirarnos a la calle.
Mi despertar a la vida política sucedió en la víspera de las elecciones presidenciales 2014. Completamente decepcionada los últimos gobiernos, decidí que era el momento para hacer algo por la Patria. Escribí al correo de Voluntariado del Partido Acción Ciudadana y en cuestión de días estaba en contacto con la Casa Ciudadana de Moravia — ¿Quiere ser miembro de mesa?- Sí. Capacitación, juramento, y ¡listo! Estás adentro.
En el proceso, tuve la oportunidad de encontrarme a quien hasta el momento dirige la Juventud PAC Moravia. Saúl me invitó a una
reunión de Juventud y en un abrir y cerrar de ojos, organizábamos actividades en reuniones con unos 50 jóvenes que querían un cambio para Costa Rica. Tres meses antes de la primera ronda, mi candidato rondaba el 5% en intención de voto. En primera ronda, un 30.64% de los votos emitidos fueron para él y en segunda ronda, en un día histórico para el país, el Partido Acción Ciudadana ganaba su primer gobierno con casi un 80% de los sufragios.
La euforia de las elecciones pasó y ahora nuestras reuniones se celebran con un 80% menos de participación. Este comportamiento es normal, no es el más saludable para el país, pero es esperable. Ahora es responsabilidad de quienes quedamos trabajar por despertar el amor a la política de aquellos quienes aún gustan únicamente de pegar banderas.
Un día escuché que los medios de comunicación de este país nos han enseñado a pensar que la política es una basura, que todos son unos corruptos y que nada va cambiar. Nos han ido moldeando para que no esperemos nada mejor de este país, de sus políticos ni de nosotros mismos. Esa es la razón por la que me senté a escribir estas letras.
Yo digo que están equivocados, y la razón por la que lo hago público es porque considero que este año marca un nuevo comienzo para el país. Hay esperanza. Un futuro mejor es posible, pero sólo es realizable cuando la ciudadanía vuelve a tomar las riendas. Sigamos el ejemplo de “La Sele” , que contra todo pronóstico asombró al mundo entero. Ellos se hicieron grandes porque se la creyeron y dejaron todo en la cancha. Trabajaron en equipo y no se dejaron intimidar por “ninguna camiseta”. Seamos nosotros así de gigantes. Volvamos a querer Costa Rica y a esperar lo mejor de ella, pero trabajemos para que eso suceda. Hagámosnos presentes en los espacios de toma de decisiones, leamos, cuestionemos, propongamos…
¡Participemos!