Agilismo, psicología y cosas que chirrían.

(Reflexiones post #AOS2017)

Manifiesto Ágil

Profesionalmente no tengo ninguna vinculación directa con las metodologías ágiles, pero me identifico con los valores que las sustentan.

Por eso, desde hace tiempo, suelo asistir a “eventos agilistas” por afición. Este fin de semana lo pasé en Segovia participando en el Agile Open Spain.

De la comunidad ágil me parece interesante la forma en que los miembros afrontan retos profesionales vinculados al primero de sus valores (individuos e interacciones sobre procesos y herramientas), que requiere de conocimientos y habilidades más relacionadas con las ciencias sociales que con la informática.

Me admira la valentía y humildad con la que muchos técnicos intentan cubrir sus carencias en estas áreas, y la generosidad con la que comparten conocimiento para ayudarse entre ellos.

Durante los años que llevo participando en este tipo de encuentros he observado que diferentes problemas relacionados con la psicología y la sociología son recurrentes. Poco a poco va aumentando el volumen de tiempo dedicado a pensar en cómo resolverlos. Así palabras como “cultura”, “comunicación”, “felicidad”, “violencia”, “motivación”, “sentimientos” o “educación”, cobran cada vez más relevancia en la agenda, compartiendo espacio con otras propuestas técnicas o metodológicas.

La agenda de este #AOS2017. En rojo, propuestas directamente relacionadas con elementos sociales y psicológicos. Algunas muy apropiadas y otras no tanto, según mi criterio.

En lugares como un open space, que posibilitan la reflexión colectiva, sacar a colación estos asuntos para propiciar una conversación horizontal sobre ellos es muy enriquecedor, porque abre puertas y potencia el aprendizaje individual de los participantes.

También en ocasiones hay personas expertas que se ofrecen a ayudar a los demás para resolver temas concretos. Estas conversaciones más dirigidas, que parten de la experiencia, también pueden ofrecer un valor interesante.

Pero me perturba asistir a charlas y formaciones sobre temas de psicología o sociología que tienen un formato unidireccional y una concepción finalista (enfocada a facilitar herramientas o definir conceptos a la audiencia) cuando quienes imparten esas formaciones no tienen una base teórica lo suficientemente amplia del área y, por lo tanto, no comprenden las sutilezas de los conceptos que manejan o las implicaciones de las herramientas que usan u ofrecen.

Se abordan problemas de gran calado de forma extremadamente superficial o directamente errónea.

Es como si yo, que nunca escribí una línea de código, me sintiera legitimada para ampliar mi catálogo de servicios añadiendo formación en programación porque frecuentemente copipego píxeles de Facebook en las webs de mis clientes.

Esto es lo que yo sé de programación. A mi madre le impresiona…

Parece ridículo ¿verdad? Pues a veces, desde un background social, así resuenan este tipo de formaciones.

Quiero creer que en la mayoría de los casos, ofrecerse para trabajar sobre personas y cultura sin profundizar más allá de instrucciones de copipego en dinámicas de grupo es una cuestión de deformación profesional y no de simple oportunismo. Y es que un número nada despreciable de “coaches”, “agentes de cambio” y “consultores organizacionales” llegan a considerarse tales después de pasar el grueso de su formación y su experiencia profesional en entornos eminentemente técnicos, donde dos mas dos siempre suman cuatro en cualquier circunstancia. Por eso a ellos no les chirría usar esos mismos parámetros en áreas sociales, aunque sea una aberración hacerlo.

Me preocupa el auge de “certificaciones” y “formaciones” que incluyen cosas de “soft skills”, “coaching”, “cultura corporativa” o cualquier otro término cool derivado, porque dan apariencia de legitimidad a este despropósito.

Mientras demanda y mercado formativo terminan de definirse me gustaría compartir esta reflexión en alto con la comunidad ágil, desde el inmenso cariño y respeto que la profeso:

Propongo la defensa de equipos interdisciplinares donde los profesionales de lo social tengan prevalencia, abogo por una formación extensiva empezando por las bases y sugiero la revisión honesta individual sobre las propias capacidades y motivaciones antes de plantearse un cambio profesional de este calibre (bien sea como potencial formador o como alumno).