Las 2 H’s que suelen faltar en los eventos profesionales: Humildad y Hamor del güeno.

(Reflexiones post #Tarugo17)

Introducción inspiracional a la Tarugoconf 2017. Por Saraclip.

Soy hija de una empresaria que siempre estuvo a la última en su sector y que practicaba la conciliación familiar desde antes de que se inventara el término. Por eso de su mano, cuando era niña, fui asidua expositora y visitante del IFEMA en Madrid, la Messe en Frankfurt, la FIL en Lisboa… Y a partir de la adolescencia ya viajaba sola, representando a su empresa en los eventos más importantes del gremio.

Con ese bagaje, cuando llegué a la universidad decidí estudiar algo tan exótico como Protocolo y Relaciones Institucionales, dedicándome durante años a organizar “cosas” relacionadas con el arte y la antropología.

Luego viré hacia el mundo tecnológico… pero sigo analizando con “deformación profesional” cada acto al que acudo. Es muy interesante descubrir cómo se distribuyen el presupuesto, los tiempos y los espacios; las estructuras de poder que se visibilizan o se disimulan; las estrategias que se usan para hacer sentir bienvenido (o no) a cada perfil de asistente; las expectativas y relaciones que se establecen entre los participantes, la evolución inevitable de las convocatorias recurrentes… e interpretar cómo todo esto influye en el éxito o fracaso de cada organización.

Hay en mi agenda un par de eventos favoritos que a primera vista son casi antagónicos. Sin embargo, tienen dos elementos en común que, independientemente de todos los demás factores, considero ingredientes mágicos para el éxito. Ambos comparten una marcada firma de autor en constante afán de mejora y rezuman cariño por los cuatro costados.

El primero, veterano con 37 ediciones, es EDITA, liderado y organizado por Uberto Stabile. Allí me estrené hace años como conferenciante, con una ponencia sobre internet y bibliodiversidad para editores independientes.

EDITA es un milagro más que un festival de edición, poesía y arte.

El segundo, con solo 2 convocatorias, es Tarugoconf, liderado por David Bonilla y organizado por Candela Milán Dopico. Este año también me estrené allí como consultora en Diversidad e Inclusión con un curso gamificado que presentó Felipe Casajús.

La Tarugoconf es un rara avis en el paisaje tecnológico español.

Podría en este artículo reseñar el contenido de las ponencias que más me gustaron de la reciente edición. Hay material de sobra: me encantó la naturalidad y sentido común de Carina Szpilka e ignacio larru de K Fund; me abrumó la claridad de ThomasBCN y Pablo Villalba; me enamoré de los bots de Cristina Santamarina, que fightean el statu quo de verdad; recordé viejos errores con los consejos legales de Tomás F. Serna; me reí de la lucha con el inglés de Juanjo Mata (y admiré su capacidad de síntesis didáctica en este segundo intento); me divertí con la espídica divulgadora Carmen Sarabia y me encantó la sinceridad con la que Carlos Larranz compartió los entresijos de Funidelia con nosotros.

Hubo demasiada chicha.

Por simplificar, también podría escoger una única ponencia y profundizar sobre ella, como hice el año pasado.

Pero creo que lo más indicado es subrayar las dos haches mágicas de “la Tarugo”: esos elementos invisibles que hacen de ella un evento especial y que tan difíciles son de imitar, porque nacen de la actitud personal de los organizadores.

Foto de jmiguel

David, al contrario de lo que pudiera parecer al ser un evento tan ligado a su personalidad, encarna la Humildad. Sin ella no hubiera sido capaz de atraer a patrocinadores y ponentes tan interesantes, que estuvieran a su vez tan interesados en ofrecer el máximo valor posible al público. Tampoco habría podido “pringar” a voluntarios incondicionales como Yeray, Jerónimo, Laura Lacarra, Chuck!, Javier Alonso… ni hubiera logrado, en última instancia, generar una comunidad de “seguidores” tan variopinta dentro del sector tecnológico; dispuestos, bajo su paraguas, a compartir unos con otros sus experiencias, con la creencia común de que se pueden establecer relaciones empresariales y profesionales más humanas.

Foto de jmiguel

Candela, por su parte, más allá de su absoluta profesionalidad como organizadora, aporta el Hamor (con hache, porque es del güeno) que impregna todo el evento. Desde la sombra es capaz de generar un ambiente cálido y fluido, propicio a la interacción amable de todos los participantes del evento. Tras la barra sirviendo cervezas, al otro lado de la pantalla contestando correos, hablando con unos y otros para asegurarse de que nadie se sienta excluído, cuidando cada detalle… Las ganas de agradar a los demás parecen inherentes a su personalidad.

No sé si el espíritu tarugo que emana de estas dos haches pueda mantenerse intacto en las próximas convocatorias. No es fácil pero, si lo han sabido continuar (y mejorar) esta segunda ocasión, confío en que serían capaces de llegar a la 37 si quieren.

Más complicado me parece que la Tarugoconf pueda evolucionar hasta dotar de contenido sólido al slogan “rebelde” de esta edición. Ese slogan (Fight the Statu Quo) se ha convertido en un claim valorado por un sector del público poco acostumbrado a identificarse con reivindicaciones de calado.

Avanzar hacia una tercera hache en la siguiente edición sería maravilloso: dar Hondura al discurso esbozado este año. Muero por llegar a la #Tarugo18 y ver qué pasa. ¿Tú no?