11 de septiembre de 1973.

Somos una generación marcada por la caída de las torres gemelas. Nos tocó ver la promesa de Osama Bin Laden cumplirse: ningún estadounidense volvería a dormir tranquilo. Nos convertimos en parte de esa paranoia en cada aeropuerto que cruzamos. El mundo, definitivamente, no volvió a ser el mismo.

El 11 de septiembre ya tenía desde antes una carga y a veces se nos olvida. Claro, es por que no formamos parte de ese momento y por que la educación histórica que tenemos no siempre pasa por Santiago de Chile en 1973. Un día como hoy fue cuando se dio el golpe de estado contra Salvador Allende, quien había sido democráticamente electo por los suyos. Él, se encontraba en el Palacio de la Moneda y fue asesinado.

Poco antes morir dijo algunas palabras:

“El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.

Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición”.

En México no tenemos idea de lo que es vivir bajo una dictadura militar, sin embargo, a partir de la muerte de Allende, Chile lo supo con todas sus letras bajo el mandato de Pinochet. Ese 11 de septiembre de 1973 el mundo tampoco volvió a ser el mismo.

Comparto el audio de ese último discurso, conmovedor al infinito.

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