Recuerdo de mi visita a…

En la azotea de la casa donde viví de pequeño estaba montada una valla publicitaria que, con láminas verticales pintadas, mostraba el anuncio de una marca. Nada que ver con las impresiones o incluso con las pantallas tan sofisticadas de hoy, que sin duda no hubieran atrapado mi interés al punto de alcanzar el cuadrante más lejano de aquel universo infantil e intercambiar mi mañana entera de juegos con carritos por la destreza de los señores que, siguiendo un patrón numerado en una hoja impresa, iban colocando cada pieza hasta lograr en conjunto el logo de Coca Cola para la campaña de navidad.

Mi casa estaba en una zona céntrica con atractivas azoteas para estos rudimentarios espectaculares, rodeada de un sinfín de oficios (entrañables formas de maestría laboral, hoy tan poco valorada). El dentista, el zapatero, la tiendita, el tapicero, el carpintero, y por su puesto, el rotulista. Encargado de, a punta de brochas y paciencia, pintar la identidad corporativa de sus vecinos para que los demás los identificáramos. Inmediatamente supe que eso era lo mío, así que cuando me preguntaban sobre lo que iba a ser de grande, sin asomo de duda respondía “rotulista profesional”.

Al paso del tiempo en eso me convertí. Los rotulos aquellos se transformaron en campañas, las letras de colores pasaron a segundos en radio y TV y, los logotipos exhibidos en los muros de los establecimientos se mudaron a los de las redes sociales. La esencia sigue siendo la misma: mostrarse, para indicar de qué va lo que hacemos, para que la gente sepa que estamos en su territorio.

Ahora como rotulista profesional me doy cuenta que, por más sofisticado que sea el proceso actual de promoción la clave está en la comunicación, la experiencia a generar y en la posibilidad de conquistar un territorio, que hoy además de ser un espacio geográfico es también conceptual.

Marcas como Dove con la belleza, Harley Davidson con la libertad o Volvo con la seguridad, lo han compredido y con ello gestado un mapa en el que geolocalizan un tema con todas las conexiones posibles.

En el mundo Belleza, lo mismo caben mujeres guapas para los gustos occidentales como negras, gordas, flacas, arrugadas y hasta hombres; para con ello contar una buena cantidad de relatos, situaciones entrelazadas, sentimientos, puntos de vista y posibilidades ilimitadas que responden a esa República; a la que sin duda nos buscan invitar en cada uno de sus esfuerzos de comunicación, para que al pasar con el carrito de supermercado o con el auto por la ciudad o con el dedo por nuestras pantallas, tengamos claro su espacio y esfera de acción, su naturaleza y beneficio y decidamos entrar a comprar uno de sus souvenirs, o eso que llamamos producto.

Ahora bien, conquistar ese territorio, supone un ejercicio de introspección al ADN de la marca; encontrar los valores, la promesa, su radio de acción, fronteras, capacidades, ejércitos, diferencias, hasta lograr una consciencia propia para con ello construir un reino entendible, interpretable y sobre todo atractivo.

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