Burbujas

Soy muy pequeña y estoy sentada contigo en el chiringuito de la playa, antes de que lo derruyeran. Ya no es verano y estamos totalmente solos entre las mesas. Me dejas tomar un refresco de naranja. Shhuepss. Suena a burbujas. Mamá me ha puesto una chaqueta pero noto el frío en las piernas. No pienso decirlo. Cojo el vaso de tubo con las manitas como si fuera mayor mientras me dices que vas a quedarte unos días con nosotros. Eres el hombre más guapo que veré en mi vida (aunque eso todavía no lo sé) y me miras como si fuera lo único que existe. Paseamos despacio mientras cogemos conchas y me cuentas tus cosas — siempre me hablaste como si te entendiera. Te fuiste al cabo de unos días, pero siempre volvías a vernos con regalos raros y maravillosos: una lámpara sin cables para que leyera de noche, un peluche gorila bebé, lápices de doce colores que olían a chicle. La penúltima cosa que me regalaste fueron unos discos de Bossa Nova porque dijiste que te recordaba a mí. Lo último fue volver a mirarme como cuando estábamos en el chiringuito, el día antes de que murieras.

El 23F habrías cumplido 59, uno menos que papá, pero te quedaste en los cuarenta y. Por alguna razón, te (me) has vuelto a morir con Bimba Bosé. Os (nos) moristeis. El cáncer te llevó en dos años cortos, el primero muy bueno. Menudas francachelas. Sé que desde el descansillo del cielo los acompañaste en la última, justo después de tu funeral.

También sé que viniste a verme un día que hizo mucha falta, a saber con qué sobornaste a los de la puerta. Si es que hay puertas en el cielo, que ahora estoy pensando que igual no. Ni puertas, ni tiempo lineal, ni camas de hospital, ni chicles de los que se quedan sin sabor. No sé cómo tendréis organizado lo de las zonas de fumadores. ¿Te quedan muy lejos las sidrerías? Porque pondría la mano en el fuego por que el abuelito sigue yendo al vermú, vamos. Cuando murió Manolo Preciado mi primer pensamiento fue que a ver si coincidían. Qué cosas. Por favor, cuando le veas, dile que la abuela sabe que está muy bien. Que se nos hace raro todavía que no vayamos a volver a verle por aquí, aunque sea un ratito. Eso no: dile mejor que cantamos mal en su honor.

Bueno, donde estés tú también habrá música, aunque no te llevases los vinilos. Te habrá flipado lo de la música online. Por otros que han ido yendo con vosotros sé que también tenéis coches y libros, máquinas de coser, una cocina con una tele siempre puesta y cosas ricas en una despensa gigante, y mar. Mar revuelta y prao para correr. Igual todo esto no está demasiado en línea con algunas opiniones más serias, pero como al final nadie sabe del todo la verdad, yo me quedo con la mía. Yo sé que no hay cielo posible sin todos vosotros. El mío, al menos. Por favor, no le des a ya sabes quién todo lo que te pida, es un pequeño cubo peludo sin fondo. Y que no se acerque a los gatos.

Hablamos de ti. De vosotros. Estáis. Estaréis. Seguiréis estando. Erais tan grandes que no os habéis gastado ni un poquito.

Va a pasar mucho tiempo, del de este lado, hasta que volvamos a vernos, aunque entiendo que de vuestra eternidad será sólo un ratito. Hasta entonces te mando un beso enorme. Pon refrescos a enfriar, por favor.