El sentido de la vida no es algo solemne ni gigante. Es el ruido de la pava cuando pongo a calentar el agua para el café a la mañana. No cualquier mañana. Ahora, ESTA mañana, hoy, la única mañana que tengo, la mañana que el presente inventa para que yo viva y escriba con este lápiz.

El sentido de la vida es el ruido del lápiz golpeando en esta hoja que por cierto se oye alegre, y Tazmania oliéndome la frente y jugando con las polleritas de madera que dejó el sacapuntas arriba de la mesa.

Para hablar con propiedad, el sentido es que cuando estas cosas pasan yo esté acá para vivirlas, o, mejor aun, que yo esté acá para hacer que pasen. A las 7.56 ya le regalé al mundo el aroma de una taza de café y dos polleritas de madera con la única intención de ser feliz en el camino hacia el siguiente minuto.