Martes

Era un martes común y corriente en la ciudad donde habito, esa ciudad fría donde no puedes salir a la calle sin que alguien te conozca. Me levante temprano por la mañana para mi sorpresa no había Internet en el depa, inmediatamente después recordé que me había olvidado de pagarlo “meh, ya lo pagaré en el transcurso del día”. Me preparé un café de esos procedentes de alguna región agrícola mexicana y me senté frente a las miles de fotos que tenía por editar. Después de un par de largas y tediosas horas de edición decidí dejar a un lado la computadora y meterme a bañar y alistarme para una reunión de trabajo, una taza de café más, preparé una mochila con cosas indispensables para pasar el día, me despedí de Steven y salí en busca del metro. Un viaje lento y aburrido con personas perdidas en sus móviles, absortas en sus pensamientos, indiferentes ante la vida todos con una historia por contar. Como de costumbre una campanilla me despertó de mis más banales pensamientos era momento de bajar del vagón y dirigirme a la pequeña cafetería en la que quede de verme. Al llegar al lugar me di cuenta que había llegado con 15 minutos de anticipación, pedí un americano y me senté a seguir trabajando en aquellas fotos. En el transcurso de la reunión solo pensaba en irme de ese lugar, decirle a la persona que no quería trabajar en su festival e irme a seguir subsistiendo a cualquier otro lugar, pero no, necesitaba esta chamba, al final, hay cuentas que pagar. Acabó la reunión y decidí quedarme otro rato a trabajar en esas fotos, y porque ahí había Internet, cuando levanté la mirada y de entre la muchedumbre una chica resaltó, 1.60 aproximadamente, pelo corto desteñido, ojos ámbar y una tez clara, una en un millón. Inmediatamente recordé aquella película corta donde el protagonista crea una historia en su cabeza con una chica de la parada del autobús y se imagina todo perfecto pero no le habla, recordé que fácilmente podría ser yo el protagonista de ese corto, yo soy el protagonista de ese corto; la veo entrar al lugar, pedir un café y sentarse en la mesa frente a la mía, “¡bien! es mi momento de hablarle” pensé, pero no lo hice, el no saber qué decir se volvieron a apoderar de mí como en las veces anteriores, la veo marcharse para nunca más volver a verla, “ahí va la historia perfecta” dije para mi mismo y me aborrezco, me maldigo una y otra vez por no hablarle. Regreso al depa y ahí está Steven esperándome, como siempre, le sirvo comida en su plato y se apresura a comer como si no le hubiera dado de comer en meses, siento como si la cabeza me fuera a explotar, una taza de café más. Siempre he creído que una taza de café cura cualquier mal, tal vez por eso me gusta tanto quedarme de ver con los clientes en alguna cafetería, tal vez por eso tomo tanto café, tal vez… tal vez nunca lo sepa. Preparo una vez más mis cosas y salgo a casa de mis padres pues había quedado de comer con ellos de hace tiempo, misma historia que la de la mañana, un vagón lleno de personas vacías, mirando a la nada hasta parecía una de esas historias de zombies de la televisión, me llega este pensamiento donde el metro de descarrila y todos quedamos inconscientes, unos cuantos restos humanos esparcidos por el suelo, fuego, restos de partes mecánicas incrustadas en las personas, un pensamiento recurrente, me dejaron de preocupar hace mucho estos pensamientos, vuelve a sonar la campanilla y salgo de mis pensamientos para caminar a casa de mis padres. Las mismas pláticas una y otra vez “¿como va el trabajo?”, “¿para cuando la novia, hijo?”, “¿acaso no planeas hacernos abuelos?” decido dejar esta plática y retirarme con la excusa de tener muchas cosas que hacer, falso.

Me voy a una cafetería del centro y me siento a ver pasar a las personas, me gusta sentarme en las cafeterías y crear historias de las personas que están ahí, ese hombre de ahí es un profesor universitario de esos jóvenes y viene acompañado de su mejor amiga de la cual está enamorado pero ella solo ve como un amigo, en esa otra mesa está un grupo de estudiantes preocupados por algún examen de física o algo parecido y en aquella otra, espera, ¿cual es la probabilidad de que la misma chica que se apareció en la cafetería por la mañana esté en esta misma cafetería en este preciso momento? ¿Realmente es ella? volteo dos o tres veces para cerciorarme que sea ella, la veo una y otra vez, la verdad es que se ve muy cómoda sentada en aquel sillón leyendo un libro de esos que son para un público más “maduro” y no puedo dejar de contemplarla, le doy un sorbo al café y procedo a seguir trabajando. Siento esta extraña sensación de ser observado volteo a mi alrededor y la chica de tez clara me observa, al ser descubierta inmediatamente vuelve a meter la mirada al libro, interesante, ignoro dicho acontecimiento y continuo con lo que hacía. Minutos después vuelvo a sentir esta sensación de ser observado, vuelvo a voltear y la chica me estaba observando pero esta vez mantiene la mirada unos segundos y justo antes de bajar la mirada esboza una tierna sonrisa que mantiene por unos segundos antes de seguir con su lectura, me parece extraño pero vuelvo a ignorar lo acontecido y vuelvo a mi trabajo. Minutos después volteo a verla decidido a hablarle y para mi sorpresa ya no estaba, se volvió a ir y junto con ella mi oportunidad de hablarle, estoy casi seguro que esta sería la última vez que la vería. Recogí mis cosas y procedí a regresar al depa. Llego, me preparo una taza de café y procedo a recostarme un rato en la cama, como de costumbre llega Steven a querer ser acariciada, lo hago sin ganas.

Despierto y volteo a ver el reloj son las 7 me levanto, tomo la cámara y me salgo a trabajar. Una noche mas trabajando en este antro donde ponen la música que esta de moda y todos la bailan a su ritmo. Tengo que admitir que es divertido trabajar en los antros, tomas gratis lo que quieras, puedes invitarle a las chicas un trago y no te cuesta, ves a las personas borrachas y es de lo mas divertido que puedes ver. La noche transcurre de lo mas normal, los mismos chavos en las mismas mesas de todos los días “¿Como hacen para aguantar y poder pagar tantos días de peda seguidos?” pensé. Como si de una obra mística de un ser inanimado se tratase, las luces del antro se posaron todas sobre un sola persona, la misma chica que había estado viendo todo el día estaba en ese mismo antro, parada al centro de la pista de baile, sin moverse, observándome y sonriendo pícaramente como hace unas horas. Tome la iniciativa y aprovechándome de mi trabajo le pedí una foto, accedió inmediatamente y decidí invitarle un trago. Fue una noche totalmente diferente a las anteriores, esta chica no se enojaba si me separaba de ella para ir a tomar fotos “Es tu trabajo, ve a tomar fotos” decía al oído, ella era la indicada.

A la mañana siguiente al despertarme me doy cuenta que no hay nadie a mi lado, recordaba haber regresado a casa con esta chica la cual no podía recordar su nombre, no, no la pude haber imaginado no otra vez, corrí a la computadora a ver las fotos de la noche anterior. Espacios vacíos entre las personas, personas viéndome raro por tomar fotos a paredes vacías, entonces me di cuenta, todo fue parte de mi retorcida mente. Nunca existió nadie tan perfecta como ella.

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