París, la primera vez

Ver en el plano las 16 estaciones de Metro que en 2011 tenía París fue tan deprimente como la primera vez que intenté hacer un Sudoku.

A esa altura no hablar francés era una excusa accesoria para seguir buscando la fórmula de odiar a París. Pero una breve clase de cinco saludos en Google Traductor, con una capacidad de memorización tan aguda como la del mejor abogado hizo que en el aeropuerto Charles de Gaulle –en primer viaje a París- me hiciera hablar francés sin entender lo que decía.

Bonjour, bonsoir, comment ca va? Vous parlez espagnol? Nada sonaba tan preocupante como para hablarle a un francés. Pero la historia fue otra.

A las 4 de la tarde un chico sentado en una baranda en la esquina de una calle parece a alguien. Bonjour, le digo en un correcto francés.

¿Boulevard Peripherique? Le preguntó para llegar a la calle de mi hotel.

Responde molesto, sin entender lo que acabo de preguntar. Le muestro un papel con la dirección, y lo pronuncia en un impecable francés, que suena así: «Bulvard Periferik».

Mirar desde la Torre Eiffel

Mi segundo intento francófono tuvo un destino similar al del primer fracaso. Esta vez, una agresiva recepcionista del hotel me habló tan rápido como corre Usain Bolt y tan fuerte como golpeaba Muhammad Ali.

Sólo quería saber cómo llegar a la Torre Eiffel. Ella me quitó el mapa de las manos y comenzó a rayarlo mientras escupía palabras en francés.

Yo respondía como si pareciera entender, mientras en mi cabeza intentaba traducir sus gestos: «A ver, estamos aquí, y tú vas acá. Debes tomar el Metro y bajarte aquí, luego caminar por acá y ahí está la torre. ¿La ves?».

Yo sólo la miraba con miedo y respondía mirando el mapa: «Oui, Oui».

Salí caminando rumbo al Metro con la esperanza de llegar a mi destino, y sorpresivamente lo logré más rápido de lo que esperaba.

En 30 minutos estaba instalado en Champs de Mars mirando a la imponente Torre Eiffel. Estuve cerca de cuatro horas arriba esperando el atardecer, para ver los distintos colores de París.

Versalles, momento de historia

La fila era eterna y pensé devolver. Pero los 45 minutos de viaje me obligaron a esperar más de una hora para entrar. Si había tal cantidad de gente debía valer la pena.

Y así fue. Los Jardínes del Palacio ofrecen postales para imaginar a Luis XIV caminando por esos vastos parques bajo la lluvia.

Pero París parece un museo al aire libre, donde también está el Sacre Coeur, que ofrece una de las mejores panorámicas de la ciudad, el Moulin Rouge, el Louvre y el Pompidou, fundamentales en la cultura francesa.

Alcancé a conocer todo lo que quería en primera y única vez en París. Pero no terminó como quería.

Volviendo en tren a Charles de Gaulle descubrí que compré un ticket equivocado.

Un inspector parisino se me acercó y milagrosamente olvidé lo poco que había aprendido de francés. ¿Do you speak english?

Y cometí el error de responder «yes», lo que me hizo pagar una multa de 20 euros por no tener boleto.

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