Anclados

La Argentina tiene una manía incurable con el tipo de cambio como variable macro para (intentar) corregirlo todo. O en realidad (intentar) que no se desbarajuste todo.

La tendencia del siguiente gráfico sólo ha tendido a profundizarse. Algo que parece lógico en virtud de los siguientes factores (muchos de ellos interconectados):

A) Depreciación commodities: producto entre otras cosas de la desaceleración de China y del fin de estos activos como “hedge” contra inflación por estímulos monetarios sin precedente en el mundo desarrollado. No hubo inflación, sigue sin haberla y muchas de esas posiciones fueron desactivadas.
B) Fin de estímulo monetario en EEUU y apreciación del dólar.
C) Desajuste fiscal e inflacionario de emergentes, que a diferencia de EEUU, UK, Europa o Japón no gozan de ningún “privilegio exorbitante”.

Cuando dólar y tasas trepan (no llegamos a esto último aún) los emergentes sufren. Caen los términos de intercambio y el financiamiento se hace más complicado. El tema es analizar que tan bien (o no) se aprovecharon los años del boom. Todo es opinable, pero en principio tratar de forjar una economía más diversificada que no dependa tanto de los recursos naturales podría ser una buena idea. Este es el caso de Chile, y de Argentina también. El problema de Argentina es que su desarrollo (a diferencia del chileno) viene siguiendo una trayectoria de marcado deterioro. Otra opción sería haber amasado buena cantidad de reservas en moneda extranjera para amortiguar futuros shocks. Esto no sería necesario si mediara disciplina fiscal, pero aquí estamos. Y en este plan podemos destacar a Rusia, que con reservas por US$ 400,000 mil millones está aguantando el ataque contra su moneda mucho mejor que en 1998, cuando contaba con apenas US$ 11,000 mil millones en reservas.

Volviendo al gráfico podemos ver que Argentina no fluctúa como el resto. El peso va en línea descendente y constante. Eso es el reflejo del cepo y el control de cambios. La historia de una moneda que devino en inconvertible. El peso se deprecia con fuerza en el mercado “blue” a pesar de la relativa estabilidad que ha tenido post devaluación de comienzos de año. Los motivos están a la vista de todos. El país se niega a dos cosas: solucionar sus desajustes fiscales y volver a abrirse a la inversión. En ese marco la “restricción externa” no es una especie de desgracia azarosa que cayó sobre nosotros, si no más bien la consecuencia lógica del camino elegido. Las reservas pasando de US$ 50,000 millones a US$ 28,000 millones mientras el resto de la región atesoraba más y más dólares es fiel ejemplo de ello. En este escenario el gobierno elije la salida cortoplacista: anclar el tipo de cambio a la fuerza y aguantar como sea hasta 2015. La salida de esta maraña de regulaciones será tarea del próximo gobierno. El desafío será evitar el “overshooting” del mercado y contener las expectativas inflacionarias. Nada de eso va a ocurrir mágicamente.

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