A un metro de distancia: las vicisitudes de un hombre con acondroplacia

Por: Valentina Vergara

Metro de Santiago ya tiene meta fija: el 2015 habrán 29 estaciones de la línea 1 y 2 que tengan ascensores en funcionamiento. Esto prometió Fernando Cañas, Ministro de Transporte, en julio del 2014 según el sitio de Emol. Ciertamente, varias estaciones ya tienen el concreto y los obreros a disposición. Julio, un hombre con enanismo, cuenta cómo enfrenta este medio de transporte sin elevadores.

Julio Avendaño llega al metro Plaza Puente Alto en la mañana y saluda a la guardia de beso en la mejilla, ella debe inclinarse. En el vagón el prefiere dormir hasta la Estación Tobalaba sentado con sus pies al aire, a veces con una pequeña moto en la maleta. Dice que si no se fuera sentado, se iría como “pelota de ping pon”. Este hombre de un metro quince centímetros tendrá que enfrentar un gran desafío: Las empinadas escaleras del metro Pedro de Valdivia que lo dejan sin aliento y con calambres a medida que se acerca más a su trabajo ubicado en la comuna de Providencia.

Avendaño tiene una enfermedad degenerativa, la acondroplacia, se genera la mayoría de las veces por mutación genética y el resto por otros motivos. Popularmente conocido como enanismo, su principal manifestación es que los tendones de los músculos se endurecen antes de que crezca el hueso produciendo un tamaño <<anormal>> si se compara con individuos de la misma edad. Esto incluye, a medida que pasa el tiempo, otros problemas de los huesos. En el caso de Julio, tiene la mitad de su cadera con prótesis, la rodilla con titanio y el tobillo con pernos, además de osteoporosis.

“Me desenvuelvo bien solo, soy más independiente” dice en relación con que no tiene que usar silla de ruedas. Con una pequeña muleta va de allá para acá, sin impedirse disfrutar de la vida como una persona normal. Sale a tomar cerveza con los amigos, juega Airsoft (juego que simula la guerra, con pistolas de balines), se tira en parapente o paracaídas, según sea el panorama, y tiene polola. Incluso fue protagonista de un programa de televisión: En el programa Cara y Sello él era probablemente la cara. Megavisión no alcanzó a lanzar al aire el capítulo en que se comparaba a él con otro caso de enanismo, pues al hacer cambios en la directiva, los programas antiguos se eliminaron. “Fue mejor, porque hice muchas leseras” declara recordando cuando caminaba con sus dos grandes primos por Santiago Centro e inesperadamente hacían “montoncito” frente a la cámara.

“Tú me quieres ver sufrir” dice un poco antes de llegar a Pedro de Valdivia. Y luego sube escalón tras escalón con entusiasmo y no menos dolor. Un guardia le abre una puertecilla de la barrera del metro y dice que es una salida especial, con un poco de misterio en la voz. “Yo encuentro que es, aparte de fome, discriminatorio, sobretodo en un metro como Pedro de Valdivia que hay muchas universidades y trabajos cerca” comenta. Se sienta en un bloque de cemento a descansar y después de unos minutos camina a su trabajo.

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