Siempre ha sido un concepto idealista, pero los tiempos ideales están muy lejanos — si es que vienen en camino; ahora mismo, el voto no es más que el símbolo que representa nuestra total indefensión y vulnerabilidad. Creer que nuestro poder está en ir a votar es cómodo, ingenuo y cobarde. Porque sólo los cobardes se niegan a ver la verdad. En este país el poder lo tienen los asesinos.

“Y entonces qué propones”, dirás. Propongo que ardan.

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