Para escribir bien también hay que ser leído

Yo no soy y nunca he sido vendedor de Etsy, pero hace ya unos años fui a un evento para vendedores de Etsy donde iban a dar consejos sobre cómo incrementar ventas y además servirían ponquecitos gratis (para ser honesto, yo fui por los ponquecitos). La mayor parte de los asistentes, por no decir todos excepto yo, tenían tiendas en Etsy y de verdad estaban muy interesados en mejorar sus negocios e incrementar sus ventas, un público bastante conocedor y motivado. Sin embargo, una ponente utilizó su intervención para decirle a los presentes que se aseguraran de limpiar la mesa donde iban a tomar las fotos de sus productos, porque no había nada peor que en las fotos se vieran platos sucios de pasta o cosas por el estilo. Al principio pensé que se trataba de un chiste de esos para romper el hielo, por demás innecesario tratándose de un público cautivo, pero la ponente desarrolló la idea y ahí sí que me atraganté de la indignación. ¿De verdad creyó que ese era el nivel de los presentes y que semejante “consejo” les sería de alguna utilidad? La ponente simplemente perdió una gran oportunidad para comunicarse con aquellos presentes cuyas tiendas no solo habían superado mucho tiempo atrás (si es que alguna vez pasaron por ella) la etapa de los platos sucios, sino que estaban haciendo de Etsy una de las historias más interesantes de la nueva economía.

A veces también se me atoran los ponquecitos cuando escucho o leo a escritores, afamados o no, de culto o sin lectores, que despachan la pregunta sobre qué se necesita para escribir bien con el simple “leer, leer mucho”.

En efecto, puede que haya aspirantes a escritor que no lean o lean muy poco a los cuales el consejo les llegará como la pieza que necesitaban para limpiar la pantalla del Tetris, pero, de verdad, ¿no hay otro tipo de aspirantes que apreciarían algún consejo para, digamos, la siguiente etapa?

Yo asumo, quizás me equivoco, que el escritor con quien hablo lee y lee mucho, lee mucho porque lo que más le gusta es leer, leer le gusta tanto que ahora quiere escribir y quiere escribir haciéndolo cada vez mejor, quiere escribir como los autores que más le gustan y también como los que todavía no conoce, pero sobre todo quiere escribir como sí mismo, conseguir una voz propia, desarrollarla, y por eso necesita un segundo consejo, porque sus libros están manchados de salsa de tanto leer, de leer incluso cuando está comiendo y también en cualquier otro momento, leería mientras duerme si ello fuera posible. A ese aspirante a escritor, al cual el consejo de leer mucho no le sirve, mi consejo es simple:

Encuentra un lector

No me refiero a hacerte la pregunta de para quién escribes o cuál es tu lector ideal, no, me refiero a que encuentres una persona, una persona de carne y hueso que te lea, que lea todo lo que escribes, que te lea en diferentes etapas del proceso o de desarrollo de lo que estás escribiendo y, lo más importante, que te lea como Lester Bangs le dijo a William: con honestidad y sin piedad.

Un lector así te dirá qué le gusta y qué no, qué le funcionó y qué no, qué es original y qué un lugar común, qué historia le interesa y cuál le dejó indiferente. Ese lector terminará conociendo tu obra en ciernes, tus temas más caros, los géneros en los que te sientes más a gusto, también reconocerá tus trucos, sabrá emocionarse cuando lo sorprendes y señalará donde te estás repitiendo, se conmoverá con tu frase mejor lograda y te dirá qué necesitas desarrollar. Al trabajar de esa manera con un lector, agregarás la frase que falta y tacharás la oración que sobra con mucha mayor confianza, te obligarás a pulir tu escritura de una manera que no es fácil de lograr por ti mismo. Escribirás mejor si alguien te lee, pero tiene que leerte así, con interés, con resaltador en mano, con autoridad también, pero con suficiente distancia para que no se confunda, que el escritor eres tú.

¿Dónde conseguir un lector así?

Si estás interesado en mejorar tu escritura, probablemente estés frecuentando talleres literarios y ese parecería un buen lugar donde ser leído con honestidad y, sobre todo, sin piedad. Pero en el taller uno suele presentar obras que considera al menos ya dignas de ser leídas en público, y el lector que necesitamos debe comenzar a leernos mucho antes. Es un lector, por decirlo de algún modo, que entiende nuestra letra. Es alguien en el que tenemos tanta confianza que le daríamos el primer borrador incluso para que nos diga si vale la pena continuar trabajando en él. Por supuesto, no vas a encontrarte a nadie así a menos que expresamente lo busques, es decir, tienes que escoger a la persona y ver qué sucede.

Algunos de los seleccionados se descalificarán a sí mismos por falta de diligencia debida, que escuchar consejos dichos a destiempo hace que la vejez sea aburridísima. Otros puede que sean rechazados por ti a pesar de su cuidadosa lectura, que la crítica es como la seducción: no todo el que quiere hacerlo lo logra. Y existe la probabilidad de que no encuentres a ese lector que te dé la combinación perfecta entre interés, asertividad y pertinencia que necesitas para trabajar en tu escritura, pero en el proceso de buscarlo lo más seguro es que obtendrás comentarios inesperados que te permitirán añadir o desestimar puntos de vista mientras desarrollas tu propio oído, que escuchar de otros lo que leyeron de tu trabajo te abre no solo a nuevas lecturas y posibilidades sino que también te descubre errores, deficiencias, fortalezas y afirmaciones.

En el caso de que tengas suerte y encuentres a esa persona que será tu lector, felicitaciones, úsalo y haz que te acompañe hasta donde pueda acompañarte, que como toda relación, esta tal vez dure para siempre o se agote en un momento dado. Y cada vez que tengas la oportunidad, en privado pero sobre todo en público, agradécele el tiempo que se tomó aun a sabiendas de que lo que iba a leer podía estar muy lejos incluso de ser legible.