“Pero ¡qué lejos están!“| El paradigma de las distancias en Uruguay.

Nos encanta contar las historias que tenemos con nuestros clientes, porque ellos-ustedes- son nuestra fuente de aprendizaje más importante.
Esta vez la historia va enfocada a esta frase, que hemos escuchado tantas veces…
“Hacía tiempo que no venía, es que ¡están tan lejos!”.
Cada vez que eso pasa, se nos viene a la mente, Einstein y su Teoría de la Relatividad.
Y nos preguntamos, ¿lejos? ¿con respecto a qué?
Puede ser lejos con respecto a su casa, a la rambla, a la Plaza Independencia, a Playa Pocitos; lejos de su trabajo, de Parque Rodó, de algún Shopping, de la escuela de sus hijos, de los hijos del vecino o lejos de la Plaza Matriz.
Podemos estar lejos del estacionamiento, lejos para ir en bici, lejos de la parada del ómnibus, del barco, del aeropuerto. Lejos de los jardines del Prado, de las letras de El Cerro, de Colonia, de Cabo Polonio o de Artigas.
Como podemos ver, la respuesta aún es incierta. Porque nosotras, nos sentimos cerca, bien cerca.
¿Con respecto a qué? Al circuito turístico de Ciudad Vieja, a La Rambla, al circuitos de lugares para comer rico y adquirir diseño, arte y artesanías uruguayas. Estamos a la vuelta, a pasitos, a un mail y a una llamada.

Lo que sabemos, es que, como seres humanos y locales, somos capaces de hacer 3 o 4 cuadras en auto estando en Montevideo, mientras que en el exterior podríamos caminar kilómetros sin darnos cuenta.
Es el mal del local versus el ojo del turista.
Lo que tenemos versus el anhelo de lo que vemos en la casa de otro.
Si analizamos nuestra ubicación desde la experiencia del turista, podríamos decir que estamos en Ciudad Vieja, el casco antiguo de Montevideo. Lo primero que se construyó de toda la ciudad, un lugar que guarda parte del acervo histórico y patrimonial de todo el País. El centro turístico más importante, donde se encuentran muchas de las actividades sugeridas para conocer: La Plaza Independencia, el Palacio Salvo, La Catedral, La Plaza Matriz, El Teatro Solís, La Rambla, El Cabildo, El Mercado del Puerto, el Museo de Arte Precolombino Indígena, el Museo de Historia Natural, el Museo Gurvich, el Museo Torres García, entre otros tantos lugares y fachadas de casas increíbles (incluyendo la nuestra).
Todos los lugares anteriores, son nuestros vecinos. Estamos a pasos, cuadras o minutos de cada uno de ellos.
Para el turista estamos en el mero centro, en el eje, el foco, núcleo, medio de todo, meollo, médula o ❤ de la ciudad.
Para el local, que ya conoce todo “como la palma de la mano”, quizás, no tanto.
¿Ya fueron a los lugares antes mencionados? ¿Nosotras fuimos? ¿A todos?
Por eso, a veces, los turistas recurrentes que vienen por cuestiones de trabajo/ familia a nuestro País y aprovechan para visitar La Pasionaria, suelen traer amigas(os) uruguayos que quedan estupefactos al conocer el lugar, no por una cuestión estética, sino más bien (casi siempre es) como una especie de reproche a si mismos, por no haber venido antes o no conocer.
Paso siempre caminando por acá y ¡jamás vi este lugar!, dicen.
Tenemos 10 años en la misma casa, pero sí, vemos a muchas personas que, entre la rutina, pasan por alto muchas cosas de la ciudad. A todos nos ha pasado.
Otras, en cambio exclaman:
Tenía años sin venir por la Ciudad Vieja ¡Está cambiada!
Las locales, tendemos a pensar que los lugares quedan siempre iguales, estáticos, como esperando quedar inhabitados para siempre. Cuando, en realidad, las ciudades bailan, cantan, se mueven al son de la gente que caminan con ideas frescas, ágiles, rápidas. Ciudades que mutan a través de nuevos inmigrantes que eligen vivir entre nuestras aguas y aportar su color para mezclarlo con el [ex] gris montevideano.
¿Lejos?
Quizás con respecto a nuestras ganas de vivir la ciudad, de cambiar la rutina, de ver otros árboles, otros edificios, otros murales de artistas actuales. Quizás lejos con respecto a nuestro ojo rutinario ¡Quién sabe!
No dejemos que la lejanía nos impida ver el valor de lo que tenemos ahora. Muchos edificios se han perdido entre nuevas construcciones “modernas”, muchos caminos han dejado de estar, muchas casas sin habitar, muchos jardines secos. Y parte de nuestro trabajo también es observar lo que nos rodea, quererlo, abrazarlo y cuidarlo.
Porque nuestro entorno también merece cariño, merece que le demos las gracias por estar, merece una sonrisa, un piropo, una impresión y un suspiro Charrúa.
Y, sobre todo, concluir que estamos bien cerca!

