Bienvenido a Twin Peaks, bienvenido a la infamia


Aviso previo: este texto contiene diversos spoilers de la trama de Twin Peaks. Si no has visto la serie y quieres hacerlo antes de leer, es recomendable no seguir leyendo.


Fuego (camina conmigo)

En el pueblo de Twin Peaks el fuego no es cualquier cosa. Las referencias a éste, así como a la madera —soporte de la economía local— y la electricidad —cuya presencia se hace continua a través de un zumbido en toda la serie—, son constantes. “Fuego camina conmigo”, deja escrito Laura Palmer en su diario. “Fuego camina conmigo”, dice el hombre de otro lugar. El fuego está presente en torno a figuras y personajes diabólicos y aparece siempre que el mal surge de entre las sombras.

Bob reclama el alma de Windom Earle al final de la segunda temporada de la serie y el fuego aparece

Volvamos atrás.

El 16 de julio de 1945 es una fecha marcada en los libros de historia. Ese día, concretamente a las 5:49am, en White Sands, Nuevo México, explota la primera prueba atómica de la historia. Una enorme bola de fuego que sirve de perfecto portal de entrada al mundo de los humanos por parte de las malignas fuerzas demoniacas que pueblan otras dimensiones.

Al sonido que chirría y te atraviesa la cabeza y a la luz que inunda el desierto, le acompaña un hongo de fuego de enormes proporciones. La cámara nos acerca y nos introduce en su interior. Pasamos el blanco, llega el negro. Después el polvo y, tras él, de nuevo el fuego ardiente. Pura energía desbordada.

La escena cambia.

De una pequeña tienda —arquetípica del paisaje estadounidense— aparece ruido (eléctrico), humo y diversos personajes similares entre sí, descritos como leñadores. La tienda y éstos están completamente pintados de negro, como devorados por las cenizas o las llamas de una explosión nuclear.

La escena cambia otra vez.

Una figura femenina flota en un espacio negro. El experimento, tal y como se le llama en los títulos de crédito, vomita una espuma blanca cargada de huevos. De ese líquido seminal aparece también Bob, que ríe liberado.

Avanzamos 11 años.

Es 1956 y seguimos en el mismo lugar. Hasta ahí ha llegado uno de los huevos. Eclosiona y de él sale un híbrido mutante, mitad insecto, mitad rana. Poco después, condensándose en el aire —“From pure air…”— , llega uno de los leñadores. Con él, aparecen más. Juntos se dirigen a una carretera cercana y dan el alto a una pareja que viaja en coche: “¿Tienen fuego?”, preguntan. Horrorizada, la pareja acelera dejándolos atrás.

Del horror nos vamos a la inocencia. Dos adolescentes dejan un bar. Vienen de pasar la noche juntos y de disfrutar de la música. Se miran, se gustan, pero su paseo acaba en un beso en la mejilla. Sonrojada, la niña se despide. Es hora de volver a casa y escuchar un poco de música. El DJ de la cadena local ha decido poner My Prayer, de The Platters, para acompañar la calurosa noche de agosto.

With the world far away and your lips close to mine
Tonight while our hearts are aglow
Oh tell me the words that I’m longing to know

La canción se corta de improviso y una voz dice “Ésta es el agua y éste es el pozo. Bebe todo y desciende. El caballo es lo blanco del ojo y la oscuridad interna”.

¿Qué acaba de pasar?

Mientras éramos testigos del nacimiento del amor adolescente, el leñador ha seguido su camino y ha llegado a la estación de radio. Allí mata a la recepcionista y aprisiona al DJ. Le ha robado el micrófono y no se cansa de repetir la misma frase: “Ésta es el agua y éste es el pozo. Bebe todo y desciende. El caballo es lo blanco del ojo y la oscuridad interna”.

Como un embrujo, la frase hipnotiza a aquellos que estaban escuchando la radio. Vemos a un mecánico (¿el padre), a una camarera (¿la madre?) y a la adolescente que ya habíamos visto antes (¿la hija?). Todos duermen ahora. Pero el sueño no será placido. Por la ventana de la joven se cuela la rana-insecto. La niña abre la boca y el pequeño monstruo se cuela por ella. Se consuma la perdida de la inocencia. Y comienza la pesadilla.

Caballo blanco

As the night wind blows, the boughs move to and fro
The rustling, the magic rustling that brings on the dark dream
The dream of suffering and pain
Pain for the victim, pain for the inflicter of pain
A circle of pain, a circle of suffering
Woe to the ones who behold the pale horse
 — The Log Lady

“El caballo es lo blanco del ojo y la oscuridad interna”.

Ahí aparecen varios de los elementos recurrentes de la serie. Primero el color blanco. Ya desde el punto de partida, Lynch nos asocia este color al mal. Así, la historia de la llegada de Bob al mundo, junto con los huevos de El experimento, se da en un lugar llamado White Sands. Blanca es también la cocaína que consume Laura Palmer cuando se aventura a la oscuridad y la leche con la que Leland Palmer droga a su esposa la noche que ataca a Laura. Y blanco es, por supuesto, el caballo que atormenta a Sarah Palmer. Primero, la noche de la violación de Laura. Después, el día que Leland, ya con su pelo blanco, viola y mata a Madeline, la prima gemela de Laura, quien minutos antes avisaba que la casa de los Palmer olía como si algo se estuviera quemando.

Los espectadores volveremos a ver el Caballo Blanco algunas veces más. Está en la Logia Negra cuando el Agente Dale Cooper intenta salir de ella, justo después de que hayamos visto gritar y desvanecerse a Laura Palmer, y lo oímos relinchar la fatídica noche de 1956, justo al final del capítulo y después de emitir por la radio el extraño mensaje, anunciando su llegada al mundo de los humanos.

Su presencia nos advierte de que algo malo sucede. Oscuro es su interior. Lo advertimos cuando se nos aparece tras la desaparición de Laura de la Logia. Lo vemos con las muertes de Laura y Madeline a manos de Bob.

El Padre. Bob y Leland

La primera vez que conocemos a Bob descubrimos que habita dentro de Leland Palmer, que ha consumado atrocidades una tras otra hasta llegar a la mayor: la violación de su propia hija.

Esa revelación es tan sórdida que para Dale Cooper, tal y como advierte al Sheriff Harry Truman, es más fácil creer que una figura demoniaca y sobrenatural es la responsable de todo este horror que la posibilidad misma del incesto.

Muerto Leland, Bob se hará con el control de Windom Earle, un antiguo agente del FBI, al que acabará abandonando por Dale Cooper, quien le permite que le posea a cambio de salvar la vida de una joven e inocente camarera llamada Annie. El pacto es que el bueno de Dale debe esperar 25 años en la Logia Negra mientras su doppelgänger, el Cooper malo o Dark Cooper, anda suelto por el mundo.

Su muerte vendrá de la mano de dos de los personajes más inocentes de la serie. La infantil Lucy, la secretaria de la comisaría de Twin Peaks, dispara a Dark Cooper y convoca a Bob, y Freddie Sykes, un joven inglés que también roza lo patético —Skyles es una especie de superhéroe con una impresionante fuerza en su puño gracias a un guante de limpieza que llegó a él en un sueño—, lo golpea hasta la destrucción.

Las Madres. Judy, Sarah Palmer y otra cosa

Ya hemos visto la muerte y nacimiento de Bob, quien surge de una extraña entidad: Judy, el antagonista principal de la tercera temporada

¿Quién es y dónde está?

Judy es una entidad sobrenatural y maligna de la que sabemos sólo una cosa: es un demonio errante que se alimenta del sufrimiento humano.

Y, como nos advierte un etéreo Phillip Jeffries —otro exagente del FBI, interpretado más de dos décadas atrás por David Bowie, y que en algún momento se convirtió en pura electricidad—, ya la hemos conocido antes. La podemos encontrar, nos dice, asociada al infinito, pero también al número ocho.

Lynch nos está dando una pista: debemos mirar al episodio 8. Judy es, en realidad, aquello que habíamos conocido como El experimento. Literalmente, la madre de la que surge todo.

Su presencia es, además, recurrente. Está en el anillo, está en la carta de Dark Cooper — como una silueta negra, que, como el ojo, está rodeada de blanco — , y está en el mapa del oficial Hawk —quien nos avisa de que no queremos saber qué es.

Pero, ¿dónde está Judy y cómo se alimenta? Judy ha enviado a sus demonios para alimentarse del sufrimiento humano.

Fijémonos por un momento en Sarah Palmer. Han pasado 25 años de la muerte de su hija a manos de su marido, quien fallece poco después, arrepentido y tras confesar. Sarah vive en la misma casa donde pasó todo. Se pasa el día viendo violentos documentales de naturaleza y bebiendo Bloody Maries. Muerta en vida, y alimentada cual vampiro por un rojo brebaje, una mañana en una tienda de comestibles colapsa: “algo me ha sucedido”, les dice asustada a los empleados.

¿Qué ha cambiado en la naturaleza de Sarah? Lo descubrimos poco después. Una noche, Sarah acude a un bar de mala muerte, donde sigue bebiendo Bloody Maries de forma incansable. En un determinado momento, un hombre se le aproxima a ella y la violenta. Estamos ante una escena de abuso que acaba de forma desconcertante. Sarah Palmer levanta su pálido rostro y de su interior emerge una oscura figura, primero caracterizada por una especie de apéndice alargado, después de una enorme sonrisa sin ojos. Lo blanco desvela la oscuridad. Sarah expone la auténtica naturaleza que la posee: ¿Judy?

No exactamente. Ya se nos había advertido antes que dentro de Sarah descansa algo sobrenatural. En el episodio 29, último de la serie original, la madre de la familia Palmer se acerca al Major Briggs —uno de los pocos personajes luminosos de la historia — y, con una voz que no es la suya —de hecho la voz parece la de un hombre— , le advierte: “Estoy en la Logia Negra con Dale Cooper”. Si lo que posee a Sarah está allí, no puede ser Judy. Nunca vemos a Judy en la Logia.

La pista está en otro lado.

Vayamos a la habitación sobre la tienda de conveniencia. Es el lugar natural de los seres demoniacos que habitan Twin Peaks y donde Bob y el hombre de otro lugar consuman sus ritos alimentándose de Garmonbozia: un mejunje similar al maíz que extraen de sus víctimas.

Con ellos están los leñadores y vive, además, otro personaje enigmático del que sabemos muy poco: Jumping Man.

Saltando y riendo mientras se mueve por el espacio, se caracteriza por su traje rojo —similar al del hombre de otro lugar—, por la rama que porta siempre en su mano, por su enorme nariz y por su cara pintada de blanco —que oculta la piel del actor afroamericano Carlton Lee Russell. En la tercera temporada, Jumping Man aparece dos veces y siempre en la escalera de acceso a la parte superior de la tienda de conveniencia. En la primera de sus apariciones se nos desvela más de él: su cara se superpone con otra: la de Sarah Palmer.

¿De dónde llega Jumping Man y cuál es su sentido? En 1956, el día que Bob emerge de la boca de Judy/El Experimento, le acompañan varios huevos. De uno de ellos, ya hemos visto, nace un pequeño y extraño animal que se mete en el cuerpo de la niña. Al advertir de nuevo la rana-insecto, podemos encontrar una similaridad entre ella, Jumping Man y el monstruo interior de Sarah: todos tienen una larga y puntiaguda nariz.

Si Jumping Man/rana-insecto es quien está en el interior de Sarah, quizá eso explique su amplia sonrisa antes de atacar al hombre del bar, así como la voz masculina de Sara al hablar con el Major Briggs.

Hay algo más a tener en cuenta. Cuando Dark Cooper llama a Jeffries en el segundo capítulo de la tercera temporada, le contesta un hombre que le dice que debe volver a la Logia para que Bob se reúna de nuevo y finalmente con él. El Cooper malvado advierte tarde que no es Jeffries. El llamamiento, además, es extraño, tiene algo de impaciencia y deseo. ¿Quién es este personaje que desconcierta al Cooper oscuro, quien, hasta entonces, parecía ir siempre un paso por delante en la trama?

Aunque es poco probable, dado que Bob debiera reconocerlo, la voz que se escucha podría ser la de Mike, el demonio manco arrepentido de su pasado violento y quien había advertido su unión y armonía con Bob en el pasado.

O quizá sea otro personaje.

No hay certezas ya que el encuentro nunca se produce. Bob, como sabemos, nunca llega a la Logia.

Volvamos a Sarah. Después de su episodio en el bar, no la volveremos a ver hasta casi el final de la serie. Aparecerá de súbito, atacando impulsivamente la viaje fotografía de Laura, golpeándola reiteradamente mientras grita de odio.

¿Qué explica esa violencia desmedida contra la imagen de Laura?

¿De qué está culpando exactamente a su hija?

La Hija. Laura Palmer

La misma noche que Judy manda al mundo a Bob y a la rana-insecto gracias a la explosión atómica, el Bombero, que habita en El Castillo junto a la Señorita Dido, recibe una alerta: el sonido de una alarma le advierte que una alteración en uno de los mecanismos eléctricos. Es la energía liberada en la bomba atómica.

El bombero se dirige entonces a una gran sala, una especie de cine donde observa la explosión y la llegada de Bob. El Bombero y la Señorita Dido crean entonces a Laura y la lanzan al mundo.

¿Están buscando apagar el fuego?

Laura parece, a primera vista, un personaje oscuro que sólo aparenta ser dulce ante los demás. Pese a que su vida está marcada por la prostitución y las drogas, se reconoce una persona inocente, capaz de salvar a su mejor amiga de acabar como ella. La supuesta maldad de Laura se explica porque es una persona rota por la violencia familiar de un padre abusivo y de una madre ausente —asfixiada por el propio Leland.

La película de Twin Peaks, Fuego camina conmigo, da muestra de lo angustiante de su situación cuando, durante una cena, Laura sufre el acoso de Leland bajo la inoperante mirada de Sarah. Y es que Sarah siempre supo que había algo mal en la relación de Laura con su padre, pero la imagen de un hogar ideal oculto todo bajo la superficie. De ahí el tormento que acompaña siempre su figura y las visiones del caballo. Sarah es también una víctima de Bob, que ha sometido y doblegado su voluntad. Por ello Sarah culpa a Laura de todo y de ahí la violencia y la rabia incontenida al atacar el retrato de su hija.

Al tiempo, si Sarah está poseída por el personaje que pide la vuelta de Bob (sea éste Jumping Man o no), la rabia hacia Laura adquiere otro matiz: Laura Palmer, con el apoyo de un Dale Cooper aspira a devolverla a casa, es quien impide que suceda el regreso de Bob a la Logia.

De nuevo, el odio.

Como se ha dicho, Laura demostrará que, en el fondo, está gobernada por la bondad y la inocencia. Cuando pasados los 25 años, veamos de nuevo a Laura, la veremos vestida de negro y dará muestra de su interior: despojándose de la cara —igual que Sarah en el bar —, Laura nos muestra que es un ser de luz que llena la escena con una brillante energía blanca.

Y es que Laura, justo antes de morir asesinada, reniega de la oscuridad. Su alma debería haberse salvado, pero, de algún modo, se pierde y acaba atrapada en la Logia Negra, donde se encontrará con Dale, al que le contará el oscuro secreto del hogar de los Palmer.

Este secreto es algo que no oímos.

No todo puede decirse en voz alta.

Volver a casa: no hay tal cosa como el Hogar

“Toto, I have a feeling we’re not in Kansas anymore”
— Dorothy

Contada como una nueva versión del Mago de Oz, Twin Peaks es la búsqueda del hogar en un lugar donde lo familiar ha sido invadido por la oscuridad: la del incesto de un padre.

Existe un problema. Y Lynch lo deja claro: “Ésta no es nuestra casa ahora”, le dice El Bombero a Dale Cooper al iniciar la tercera temporada.

En 2017, el mundo de Twin Peaks no es el de 25 años atrás. Muchos de sus habitantes han acabado mal. El caso más dramático está en la joven Gersten Hayward, una niña tímida en la serie original y que ahora ha acabado sumida en las drogas. Ni siquiera el rico pastel del Double R Diner sabe igual. Un gigante empresarial ha comprado la receta original, ha hecho del pequeño restaurante un producto con cientos de franquicias y produce pasteles en serie, de forma industrial y usando ingredientes más baratos.

¡Y a la gente le encanta!

El corporativismo se ha expandido por EEUU de la misma manera que la tecnología, gracias a la cual la oscuridad también se extiende y campa a sus anchas por el mundo. Dark Cooper es un experto hacker, capaz de montar una caja de cristal hipertecnológica o de controlar cualquier dispositivo apretando un botón.

Por eso, como advierte la infantil Lucy, los teléfonos móviles son tan inquietantes. Lucy, después de abatir a Cooper/Bob, lo entenderá: “Ya sé como funcionan los teléfonos móviles”.

Sólo ella, que vive atemorizada por ese invento, podía advertir su función siniestra.

Lynch parece reclamar así cierta vuelta a la sencillez. Puede sonar un argumento simplón, pero no es la primera vez que el director apunta a la relación entre un mundo de ensueño asediado por las pesadillas que viven en su interior.

Es hora de volver a casa,

pero nos hemos alejado demasiado.

De la misma manera que la casa de los Palmer no es tal cosa como un hogar, EEUU, a la vista de Lynch, también ha perdido su esencia a golpe de guerra, neoliberalismo y tecnología, todo ello liberado por la explosión nuclear que permitió al mundo la llegada de un mal sobrenatural que pervertiría el ideal estadounidense.

La perdida de la inocencia que asedió a una niña en la noche de 1956, se ha extendido. EEUU es, más de 60 años después, una pesadilla que emerge constantemente sobre aquellos seres más puros, los niños, quienes se enfrentan en demasiadas ocasiones a la violencia generada por los adultos: el niño que ve cómo explota un coche cuando unos rateros lo intentan robar, el joven que vomita en el asiento del copiloto mientras su histérica madre apunta frases sinsentido, el pequeño militar que dispara en mitad de la noche sobre los clientes del Double R Diner, los tres pequeños que juegan felices hasta que se encuentran con una mujer violentada o el niño que muere atropellado mientras se divertía con su madre. Ellos ponen de manifiesto que, ante el contexto de violencia creado, no hay forma de retroceder.

La pureza del mundo infantil es destruida una y otra vez, cuando podría ser una vía para resarcir las cosas. Lynch lo pone de manifiesto en el hecho de que sólo un personaje es capaz volver al hogar: el catatónico Dougie, el más infantil de los adultos, el único que consigue tener la complicidad con uno de los niños, no sólo es capaz de salvar la empresa de su jefe, reconducir a un corrupto compañero y salvar el futuro de los Jones al tiempo que se hace amigo de la mafia, también es el único final feliz de la serie: él vuelve a casa para fundirse en un abrazo familiar.

Dougie Jones se despide de la serie con una sola palabra: “Home”

Para el resto, no es posible recuperar tal cosa como el hogar. Si lo intentamos, sólo acabaremos como Laura, quien ya después de ser rescatada por el bueno de Cooper vuelve a desaparecer. Como ella nos perderemos, una vez más, en el camino de vuelta a casa.

“What story is that? Is is the story of the little girl who lived down the lane?”
―Audrey Horn

Habiendo perdido a Laura, y a solicitud de Leland, Cooper decide ir a buscarla. Acompañado de Diane, cruzan la milla 430 para convertirse en Richard y Linda. Richard-Cooper, tras una acalorada discusión en un restaurante llamado Eat at Judy’s, encuentra a Laura en una casa suburbana de una zona degradada de la ciudad. Laura dice llamarse Carrie Page y desconoce cualquier alusión a un lugar llamado Twin Peaks.

Si, como advierte la serie en voz de Monica Bellucci, todo lo que vemos forma parte de un sueño, cabe preguntarse: ¿Quién está soñando?, ¿Lynch?, ¿el espectador? Hay quienes han advertido que quizá el sujeto que sueña no es otro que Laura Palmer, quien, ya muerta, busca dar un sentido trascendental a lo inútil de su muerte, llevándola al plano de una lucha milenaria ente el bien y el mal, donde sus dos padres no son otra cosa que la encarnación del mal.

En el camino, y sin poder despertar, Laura ha abandonado la pesadilla y ha buscado otro lugar: uno donde ella no es Laura.

Lynch aplica eso que ha hecho otras tantas veces: una fuga psicogénica de su personaje principal: el abandono de su realidad por otra donde su naturaleza y la de quienes le rodean se transforma por completo.

Cuando Cooper la rescata de su terrible final, Laura pregunta “¿Dónde vamos?”. “A casa”, le dice el agente del FBI. Justo después, oímos el grito desesperado de la joven. Si Cooper insiste en llevarla a casa, eso significa regresar a un lugar marcado por el abuso. Laura ha huido porque en el fondo sabe que no puede volver al hogar.

Algo no anda bien. En casa de Carrie aparece, de nuevo, la figura de un caballo blanco

De eso mismo se percatará más tarde Carrie Page.

Richard-Cooper le convence de que vaya con él a Twin Peaks. Juntos llegan a la vieja casa de los Palmer, pero son recibidos por Alice Tremond, la dueña de la vivienda en esa realidad. Como no hay noticias de Sarah, un desconcertado Cooper decide retirarse.

Ya en la calle, Cooper pregunta “¿Qué año es éste?”.

Carrie no le dará respuesta, está mirando fijamente a la casa. En ese momento oye la voz de Sarah Palmer que la llama: “Laura, Laura”. La misma llamada que hizo el día de la muerte de su hija.

La pesadilla emerge de nuevo y Laura, o Carrie, grita una última vez.

Las luces se apagan.

Y la pantalla también.

¿Habremos despertado?