Encontrar, descubrir

Playgrounds de Aldo van Eyck, Jacoba Mulder y Cornelius van Eesteren

En una entrevista realizada hace ya algunos años a Juan Herreros, le preguntaban si compraba libros en Internet, él contestaba que allí sólo accedía para encontrar lo que ya sabía que andaba buscando —esto es, en este caso, un libro determinado.

Seguramente, y aunque no de forma exclusiva, los que empezamos a estudiar con la red como herramienta (recuerdo cómo la llegada de GoogleMaps supuso una pequeña revolución para una asignatura como urbanismo), hemos asumido más rápidamente la lectura fragmentada, dispersa y, en ocasiones, errónea, residual e inútil que nos ofrece Internet.

Me gusta pensar que esta mirada que hemos desarrollado se amplía más allá de lo digital y que, frente a lo sugerido por Juan Herreros, existe otra manera de ver que hace del errabundeo de información —sea de Internet o no— una manera de acercarse al conocimiento de la arquitectura. Tal vez esa sea una mirada que, como ha apuntado Alejandro Hernández, se ejerza de manera distraída.

Distraída, no imprecisa.

Se trata de una mirada que hace del errar —en un doble sentido del término— una manera de hacer. Una mirada que asume lo fortuito o lo encontrado como valor. Una mirada que requiere un esfuerzo, eso sí: encontrar algo que en apariencia no se muestra visible entre todo el ruido de la información disponible, que intenta comprender está más allá, el valor oculto de las cosas que tenemos ante nosotros mismos.

Katrin Sigurdardottir

En una de tantas visitas a la librería, (h)ojeando diversos títulos sin pretensión de encontrar nada, topé con el libro Proyectos encontrados. Arquitectura de la alteración y el desvelo, del arquitecto sevillano Juan José López de la Cruz y editado por Recolectores Urbanos. Una lectura rápida ahí mismo, de pie, en la librería, apuntaba valores que luego se confirmaron.

El libro desarrolla esa idea del desvelo, de sacar a la luz el valor oculto de las cosas, exponiendo una arquitectura que se proyecta a partir de lo encontrado o lo sugerido.

A través de cuatro capítulos se desgranan los proyectos del estudio Sol89 — formado por el mismo autor junto con María Gonzalez — , atendiendo a aspectos como el Ready made —las posibilidades espaciales y tecnológicas ocultas de los objetos para convertirse en proyectos arquitectónicos—; el resto, el escombro o los fragmentos materiales de arquitectura; los espacios residuales de la ciudad y la arquitectura, y la superposición temporal.

El texto se guía a través de una serie de proyectos y acciones de personalidades del arte y la arquitectura como Richard Buckminster Füller, Lacaton & Vassal, Gordon Matta-Clark, Robert Smithson, Enric Miralles, Lara Almarcegui, Jacoba Mulder o Aldo van Eyck, que han sabido, incluso equivocándose, ver las cosas más allá de lo evidente, más lejos de términos como el reciclaje en “procedimientos que tienen en común la regeneración de proyectos y significados a partir de otros encontrados (…) que comparte la aceptación del azar frente al proyecto cerrado”.

Lara Almarcegui

El libro busca “desentrañar lo inencontrado”, atendiendo a lo residual, lo degradado, lo desplazado de las miradas y lenguajes oficiales; se aboga por utilizar el valor de lo existente, alejándose de conceptos como la tabula rasa, ya que para el autor “la acción arquitectónica es siempre una alteración del mundo existente y proyectar no es sino repensar una y otra vez sobre él, un intento fabuloso de intentar transformar continuamente la realidad para acomodarla a lo variable de nuestro pensamiento en constante cambio”.

Un difícil ejercicio visual para el arquitecto, que hace necesario que conozca lo que enfrenta y hasta mostrar cariño por los procesos de deterioro: “un mundo sin degradación sería un mundo sin memoria, por lo que la reutilización puede ser un método de transmisión de la misma”. Lo que existe es algo valorable de lo que rescatar esa lectura fragmentada, dispersa, errónea, residual y inútil con la que iniciamos este artículo.

“Todo está delante de nosotros, aunque velado y enmarañado, y el descubrimiento, que a menudo se confunde con un acto de posesión del que lo lleva a cabo, no es sino el entendimiento de una realidad que ya estaba ahí, por lo que no cabe el hallazgo, es acaso un desvelamiento, pero de nuestra propia mirada nublada que comienza a vislumbrar la realidad compleja. El descubrimiento llega entonces por la compresión de los distintos significados que nos ofrece lo encontrado, haciendo valido aquello que sugería [Paul] Valéry sobre que descubrir no es sino comprender”.
Depósitos Butler del programa Ever Normal Granery | Dymaxion House de Richard Buckminster Fuller