Espacio y multitud

“Ah, la multitud, cuánta prosopopeya para describir una masa de cuerpos confundidos, un amasijo de partes y de partes de partes. (…) Ese cuerpo revolucionario, sí, pero cómo ponerlo en marcha. Cómo arrancarlo de la inercia. Ésa es la ciencia, la nueva ciencia de la realidad. El movimiento de la multitud.” 
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Karnaval. Juan Francisco Ferré, 2012.
página de la revista La Tempestad, donde se publicó el texto originalmente

En su Tratado Político el filósofo Baruch Spinoza es el primero que plantea el concepto de multitudo como forma positiva de la acción colectiva frente a las definiciones de plebe, turba, masa, o pueblo[i]. La multitudo representa para Spinoza la inevitable dimensión colectiva, y por tanto política, de toda acción humana: existo, luego somos[ii]. Para él, tal y como explica Paolo Virno, “la multitud representa una pluralidad que persiste como tal en la escena pública, en la acción colectiva, en la atención de los asuntos comunes, sin converger en un Uno, sin evaporarse en un movimiento centrípeto. La multitud es la forma de existencia política y social de los muchos en cuanto muchos: forma permanente, no episódica ni intersticial.”[iii]

Esta forma de organización de individualidades no se define a través de una identidad estática o transcendente como ocurre con la idea de pueblo, sino a través de una producción común que deviene actividad constituyente[iv]. Esta constante reconstrucción de lo real “es un proceso físico continuado de composición y descomposición de las cosas”[v]. La física se ha convertido en política y el juego de relaciones entre los cuerpos ofrece una lectura de lo político no centrada en abstracciones legales y promesas institucionales sino en la constantemente renovada constitución colectiva del espacio social.

¿Qué pasa si el espacio es definido desde la acción del cuerpo y no desde el medio construido; desde una espacialidad material y cambiante y no desde la abstracción tradicional de los tres ejes cartesianos? ¿Qué pasa si además extendemos el concepto de cuerpo para referirnos con ello no sólo a seres vivos sino al resto de realidades materiales que interactúan con nosotros y entre sí?[vi]

Surgen nuevas definiciones y herramientas, por ejemplo la de “sitio” propuesta por los geógrafos Marston, Woodward y Jones como “espacios-acontecimiento inmanentes (auto-organizativos) compuestos dinámicamente por cuerpos, prácticas y discursos,”[vii] ejemplo de una línea ontólogica representada por el trabajo de Bruno Latour, Graham Harman o Levi R. Bryant. Pero la herencia salvaje spinozista nos obliga a reivindicar la diferencia que supone privilegiar el concepto de cuerpo frente al de objeto o la distinción humano/no-humano que emplean otras lecturas.

Podríamos imaginar entonces la acción de un arquitecto-multitud cuya labor no es el diseño de modelos abstractos que materializar sobre lo real sino una práctica siempre compartida dentro del proceso de constitución espacial de la sociedad, pues tal y como plantea el Comité Invisible: “no se trata de ocupar el territorio sino de ser territorio”[viii].

En Nueva York se da una de las situaciones que mejor muestran la actual agonía del Arquitecto como Constructor de Edificios. En 2003 la Lower Manhattan Development Corporation (LMDC) lanza un concurso público para encontrar un “estudio de diseños innovadores” que respondiese a la demanda pública de “planes creativos e inspiradores”[ix] para la Zona Cero. El debate que sigue a esta convocatoria, o la significativa ausencia del mismo, es un momento paradigmático en la separación entre la disciplina arquitectónica y lo real.

Felicity D. Scott señala en 2003 cómo “los arquitectos perdieron una ocasión de problematizar la imbricación de la disciplina con complejos y cambiantes contextos históricos, sociales, institucionales y geopolíticos”, puesto que la mayoría de ellos “no cuestionaron las fuerzas históricas que condicionaban el programa de la competición sino que se dejaron llevar por los versiones estereotipadas de lugares comunes — héroes, monumentos, renacimiento, espacio público, “arquitectura visionaria”, “espacio defendible”, legibilidad espiritual y simbólica — sin ofrecer estrategias críticas con las que abordar los asuntos políticos que éstos presentaban.”[x]

El concurso del LMDC es expresión de un rechazo a una práctica arquitectónica “que podría haber sido observada no sólo como labor paliativa o funcional sino pensada como lugar del compromiso político con el encuentro, la disensión y la contestación.” Dos conceptos clave, el desacuerdo y el conflicto[xi], para entender la crisis de la ciudad contemporánea como espacio de lo político. Erik Swyngedouw explica bien la situación presente cuando escribe que “la polis — concebida como el marco de encuentro político público y negociación democrática en el sentido ideal griego, el espacio del (a menudo radical) desacuerdo y la disensión, y el lugar en el que emerge y literalmente tiene lugar la subjetivización política — parece moribunda. En otras palabras, lo “político” retrocede mientras que el espacio social es colonizado por políticas.”[xii] Una colonización administrativa en la que la primacía de la gestión y el consenso se construyen “en torno a la inevitabilidad del capitalismo neoliberal”[xiii].

El 18 de diciembre de 2010 otro tipo de plaza entra en juego. Ese día Mohamed Bouazizi se prende fuego en la ciudad de Sidi Bouzid en Túnez. Es el dramático comienzo de un año 2011 marcado por la explosión de protestas civiles en todo el planeta. En pocas semanas el movimiento se había extendido a otros países de la zona. En el caso de Egipto, la ocupación civil el 25 de enero de la plaza Tahrir en El Cairo y el derrocamiento 18 días después del dictador Hosni Mubarak que había gobernado durante los últimos 30 años se convierte en un símbolo mundial. Poco después llegará el movimiento 15M en España y en septiembre, Zucotti Park, en el centro financiero del planeta se convierte en el escenario de Occupy Wall Street. El 15 de octubre se produce una convocatoria global y desde entonces hemos asistido a nuevas protestas períodicas todas con una característica común detectada por Slavoj Zizek: la presencia constante de dos demandas, “una económica (desde la corrupción a la ineficiencia del capitalismo), la otra político-ideológica (desde la exigencia de democracia al derrocamiento de la democracia multi-partidista tradicional)”[xiv].

Es curioso comprobar que la mayoría de lecturas que se producen desde medios arquitectónicos sobre estos movimientos se centran en los vínculos con tradicionales temas disciplinares como la privatización del espacio público[xv], el uso del planeamiento como forma de control[xvi] o los procesos de gentrificación[xvii]. Parece que de la atención arquitectónica hacia estos movimientos sólo cabe esperar la vuelta recursiva de problemas clásicos, y sin embargo urge pensar estas situaciones desde renovadas teorías y prácticas arquitectónicas pues expresan de forma radical la necesidad social contemporáneas de acceder a un mundo sensible común desde el que poder actuar.

Por eso entendemos que estas situaciones van más allá de la definición tradicional de la plaza, un concepto que se ha convertido más en una herramienta de la acción constitutiva de la multitud que en una determinación física de nuestras ciudades. La constitución de espacios se distancia cada vez más de la construcción de edificios y el conocimiento arquitectónico se hace más poderoso cuando habla de posiciones y disposiciones de los cuerpos en el espacio, de estrategias y tácticas de movimiento, transformación y ocupación, de prácticas y formas de hacer, de tiempos y ritmos de uso…

El paso de una arquitectura de la torre, símbolo capital del siglo XX, que aún proyecta su sombra sobre muchas de nuestras ciudades, al reclamo de la plaza como nuevo espacio a reivindicar. Una construcción jerárquica, vertical, desarrollada por poderosos y diseñada por arquitectos de renombre como si de una marca se tratase; da paso a lo horizontal, donde lo político reinventa sus estructuras y reclama estructuras más ad hoc en las que la figura de la autoría y, por extensión, del arquitecto se diluye y donde la forma material resulta improvisada, pervirtiendo la naturaleza de los materiales, apropiándose del reciclaje, el trabajo del bricoleur y la acción directa sobre el espacio como formas de trabajo. Ya no nos encontramos ante simples objetos de diseño, sino que se nos habla de una forma de relación espacial y política sintetizada en una determinada forma espacial. Al leer precisas descripciones materiales no sólo de la configuración estática de las plazas sino de la dinámica resistente que tiene lugar en ellas como la que hace Ghaith Abdul-Ahad sobre la ocupación de Taksim en Estambul[xviii], notamos cómo surge la figura del arquitecto-multitud o la multitud-arquitecta, inversión que nos permite priorizar el papel colectivo de la acción en la constitución de estos nuevos espacios[xix].

Irán 2009, las revueltas producidas tras las elecciones presidenciales son bautizadas por la prensa internacional como la twitter revolution y sin embargo uno de los hechos más sugerentes y arquitectónicamente más importantes fue la ocupación de las azoteas de la ciudad y la reivindicación de lo común desde el espacio de lo privado puesto que la calle, espacio tradicional de lo público, estaba en manos de las milicias del gobierno[xx]; pero también en Egipto en 2011, pese al apagón que sufre Internet durante seis días la protesta en Tahrir gana más y más fuerza[xxi].

No se trata de restar importancia al papel que claramente han tenido las nuevas tecnologías y el acceso a las redes sociales en toda esta ola de protestas, sino de, tal y como hace Franco Berardi Bifo, en su análisis de la era del semiocapital, reconocer la necesidad de sumar a ese efecto una ralentización muy necesaria de la que sólo es capaz el mundo de lo sensible.

La semio-inflación de la que habla Bifo, “cada vez más signos, más palabras, más información para comprar cada vez menos significado”, supone una problemática aceleración de los procesos de producción de lo común, un aumento de la velocidad que lleva a que “la esfera emocional vinculada a la cognición se tensione hasta su límite. El ciberespacio sobrecarga el cibertiempo, porque el ciberespacio es una esfera ilimitada cuya velocidad puede aumentar sin restricción, mientras que el cibertiempo (el tiempo de atención orgánico, la memoria, la imaginación) no puede acelerar más allá de un punto — o se rompe.[xxii]” Ante ese problema se trata de reivindicar la esfera de lo sensible en la que encontramos al “general intellect en busca de cuerpo”[xxiii], de las dimensiones materiales, del territorio, de la ciudad, del paisaje, de las distancias y proximidades entre los cuerpos.

La ironía y cinismo presente en la frase con la que encabezamos este artículo y la peculiar “corte de los milagros” ante la que la pronuncia Ferré para cerrar su peculiar Karnaval nos obliga a pensar en una realidad más oscura, próxima a la de los caprichos de Goya dedicados al carnaval en los que están presentes la monstruosidad y la anormalidad, la alteración y el miedo ante lo incierto. Es habitual etiquetar estos movimientos de protesta como carnavalescos sin atender a la complejidad contenida en este calificativo[xxiv] y es precisamente esa banalización que los convierte en algo lúdico y divertido lo que deriva en una espectacularización de la acción (que corta desde la raíz su potencial político[xxv]) y en su asimilación por parte del sistema de producción de consenso contemporáneo[xxvi].

Asomarnos, aunque sea fugazmente, a ese necesario lado monstruoso de la multitud nos lleva a terminar con una pregunta abierta que sirve de guiño a uno de los arquitectos de cabecera para el arquitecto-multitud, Bernard Tschumi: ¿Podríamos decir hoy que quizá sea necesario asesinar al Arquitecto tal y como lo hemos conocido hasta ahora para adentrarnos y apreciar realmente en las prácticas del arquitecto-multitud?


[i] También es cierto que el potencial político y vital del pensamiento de Spinoza no despierta hasta finales de los años 60 y los 70 con las lecturas que de él van a hacer Louis Althusser, Etienne Balibar, Alexandre Matheron, Gilles Deleuze o Antonio Negri.

[ii] Hacemos aquí nuestra peculiar versión del “Me rebelo, luego somos” de Albert Camus en El Hombre Rebelde. En cuanto a ese nuevo cogito es muy interesante el artículo de Marina Garcés La Fuerza Anónima del Rechazo en Blanchot, Maurice. Escritos Políticos: Guerra De Argelia, Mayo Del 68, Etc. : 1958–1993. Madrid: A. Machado Libros, 2010.

[iii] Virno, Paolo. Gramática De La Multitud: Para un Análisis de las Formas de Vida Contemporáneas. Madrid: Traficantes de Sueños, 2003.

[iv] “El paso de la individualidad a la comunidad no proviene de una transferencia de poder o una cesión de derechos, sino de un proceso constitutivo de la imaginación.” NEGRI, Antonio. The Savage Anomaly: The Power of Spinoza’s Metaphysics and Politics. Oxford: Univ. of Minnesota Press, 2000.

[v] Ibid.

[vi] Por ejemplo en la línea desarrollada por Bruno Latour y la idea del Parlamento de las Cosas.

[vii] Jones, John Paul, Keith Woodward, and Sallie A. Marston. Situating flatness. Transactions of the Institute of British Geographers 32.2 (2007): 264–276.

[viii] Comité, invisible. La insurrección que viene. Barcelona: Melusina, 2009. En el original “Il n’est pas question d’occuper, mais d’être le territoire”, preferimos esta traducción a la publicada en español (“El territorio no es un asunto a ocupar sino de ser”) ya que transmite mejor el alcance material de la frase.

[ix] Ambas citas provienen de los folletos y documentos promocionales del concurso emitidos por la LMDC. Citados en Scott, Felicity D.. “Involuntary Prisoners of Architecture” OCTOBER 106, Fall 2003, pp. 75–101

[x] Ibid.

[xi] A partir de estos conceptos es interesante ver el trabajo que están realizando arquitectos como Markus Miessen o Pier Vittorio Aureli (abogando, cada uno de manera muy distinta por una práctica arquitectónica fundada en el concepto de agonismo) o Keller Easterling a partir de la idea de extrastatecraft (http://extrastatecraft.net)

[xii] Swyngedouw, Erik. “The zero-ground of politics: musings on the post-political city.” New Geographies 1.1 (2009): 52–61. Ver además el concepto de “reparto de lo sensible” y la política del “desacuerdo” en Rancière, Jacques. El Reparto de lo Sensible: Estética y Política. Santiago de Chile: LOM Ediciones, 2009; y Rancière, Jacques. El Desacuerdo: Política y Filosofia. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión, 1996.

[xiii] Ibid.

[xiv] Žižek, Slavoj. “Trouble in Paradise.” London Review of Books 35.14 (2013): 11–12. 15 Aug. 2013 <http://www.lrb.co.uk/v35/n14/slavoj-zizek/trouble-in-paradise&gt;.

[xv] Por ejemplo el proyecto Public Space 2.0 propuesto por Irene Cheng, Brett Snyder, and Jesse Ganes <http://chengsnyder.com/projects/public-space-20&gt;

[xvi] Como demuestra el muy interesante artículo Tahrir Square: Social Media, Public Space de Mohamed Elshahed publicado en la revista Places el 27 de febrero de 2011 <http://places.designobserver.com/feature/tahrir-square-social-media-public-space/25108/&gt;

[xvii] Curiosamente el caso de Gezi Park ha sido el que mayor atención ha obtenido desde los medios arquitectónicos, seguramente por su origen directamente urbano. En este aspecto es interesante el artículo publicado por DOMUS, “Event” architecture: Resist Istanbul, el 10 de julio de 2013 <http://www.domusweb.it/en/news/2013/07/10/_event_architecture_resist_istanbul.html&gt;

[xviii] Abdul-Ahad, Ghaith. Diary. London Review of Books 35.15 (2013): 43–45. 15 Aug. 2013 <http://www.lrb.co.uk/v35/n15/ghaith-abdul-ahad/diary&gt;.

[xix] En este aspecto resulta paradigmática la reciente entrevista al arquitecto Juan Herreros en relación al futuro museo Munch en la ciudad de Oslo cuando decía: “Estos cuatro años han cristalizado un proceso de aprendizaje. Las inquietudes de los noruegos nos han obligado a cuestionar nuestras convicciones, tratar de comprender y, en ocasiones, ofrecer alternativas. Es un ejemplo de hasta qué punto la arquitectura contemporánea surge de la interacción entre muchos agentes. Los arquitectos ya no somos el elemento central.” <http://cultura.elpais.com/cultura/2013/07/07/actualidad/1373213802_383872.html&gt;

[xx] Jalón Oyarzun, Lucía. “Acrobats in the rooftops of Tehran” in Think Space Pamphlets, Zagreb Society of Architects ZSA (eds.), 2013.

[xxi] Elshahed, Mohamed. Tahrir Square: Social Media, Public Space. Places. 27 Feb. 2011 <http://places.designobserver.com/feature/tahrir-square-social-media-public-space/25108/&gt;.

[xxii] Berardi Bifo, Franco. Cognitarian Subjectivation. e-flux journal #20, Nov. 2010. <http://www.e-flux.com/journal/cognitarian-subjectivation/&gt;

[xxiii] Ibid.

[xxiv] El concepto de lo carnavalesco lo plantea Mikhail Bakhtin en su obra Problemas de la Poética de Dostoievski de 1936 y desarrollado en La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento: el contexto de François Rabelais de 1941. Antonio Negri y Michael Hardt lo vinculan a la actividad de la multitud en sus libros Multitud (2004) y Commonwealth (2009), pero precisamente deslizan en la banalización del concepto. Para una lectura más completa ver los artículos de Claire Tancons en e-flux: Carnival to Commons: Pussy Riot Punk Protest and the Exercise of Democratic Culture <http://www.e-flux.com/journal/carnival-to-commons-pussy-riot-punk-protest-and-the-exercise-of-democratic-culture/&gt; y Occupy Wall Street: Carnival Against Capital? Carnivalesque as Protest Sensibility <http://www.e-flux.com/journal/occupy-wall-street-carnival-against-capital-carnivalesque-as-protest-sensibility/&gt;

[xxv] Este proceso que ha sufrido desde la década de 1970 el movimiento del Mayo del 68 es perfectamente retratado en Ross, Kristin. Mayo del 68 y sus Vidas Posteriores: Ensayo contra la Despolitización de la Memoria. Madrid: Acuarela, 2008.

[xxvi] En ese aspecto la Bienal de Arquitectura de Venecia de 2012 titulada Common Ground y comisariada por David Chipperfield fue una actuación ejemplar por parte del establishment arquitectónico en su constante labor de apropiación de nociones de enorme potencial transformador para la disciplina (en este caso lo común) para integrarlos al mercado como mercancía cultural desprovista de su dimensión política.


Colaboración con Lucía Jalón
formato:
texto
Publicaciones: La Tempestad | México, 2013