el derrumbe de las columnas

el 18 de noviembre, carlos alazraki, publicista famoso por trabajar para el pri y por sus episodios de desorientación en las redes sociales, publicó una “carta a los mexicanos normales [sic]” en su columna, las cartas de alazraki. en ella, alazraki arremetía contra (cito) “los comemierda”, “las organizaciones sindicales” y los “izquierdistas anarquistas”, entre otros, empeñados —todo según él— en desestabilizar al país (1).

históricamente, la columna responde a la necesidad de tener opiniones bien estructuradas, escritas con oficio, firmadas por figuras cuya autoridad intelectual —y, acaso, moral— permitiera confiar en su buen juicio. yo acuso, la carta que publicó émile zola en l’aurore en defensa de alfred dreyfus, es uno de los antecedentes de la columna y, además, marca algo que idealmente debería estar en el adn de toda sección que así se ostente: su firme posición en contra de los abusos del poder.

carlos alazraki haciendo gala de su conocida independencia intelectual

es claro que carlos alazraki —quien, además, participa públicamente lanzando alabanzas al pri— no representa la mejor encarnación de esta tradición (2). ningún columnista debería dedicarse a elogiar sistemáticamente los logros de ningún gobierno. se espera de ellos pensamiento crítico: análisis: información pasada por un filtro particularmente fino, elementos todos ausentes en los textos de alazraki.

su caso no es único. la crisis de las columnas nacionales no está limitada a la política. ayer, anna bolena meléndez comentó, en excélsior, que “en nuestro país, ya no tiene mucho sentido autonombrarse feminista” porque “hoy en día las mujeres gozamos de todos los derechos y beneficios que buscábamos”. previsiblemente, el texto generó reacciones negativas. la autora pidió disculpas y aclaró su postura muy pobremente, pero la duda persiste: ¿por qué estos columnistas publican en medios nacionales o, al menos, de amplia circulación?

obama reflexiona acerca de los derechos de las mujeres en méxico después de leer a anna bolena meléndez

las respuestas pueden ser variadas —editores irresponsables o inexistentes, necesidad de atraer clics con nombres conocidos o posturas polémicas, etc.— pero creo que la principal razón radica en la irresponsabilidad del propio columnista: la incapacidad de hilar ideas, la prisa por entregar, la flojera que le provoca investigar, la falta de ética o un acrítico y ramplón conservadurismo. las columnas en los diarios nacionales —y aún más en los locales, donde las posturas reaccionarias ni siquiera se disfrazan de pensamiento crítico (3)— se han convertido, poco a poco —y en esto me recuerdan a la radio am que menciona david foster wallace en su ensayo host, donde comenta cómo esas estaciones se han erigido como trincheras del conservadurismo—, en lugares desde los cuales se elogia al poder y se denosta a quien lo cuestiona (4).

frente al derrumbe de las columnas de los periódicos establecidos y las innegables embestidas de una derecha que considera a cualquier oposición como “desestabilizadora”, “comemierda”, “asesina”, “manipulada”, “deseosa de sacar raja política”; es decir: frente al abaratamiento de las plumas, sólo queda reapropiarnos de la palabra. un ejemplo: en la ciudad letrada, ángel rama comenta cómo durante la dictadura del uruguay se prohibió la utilización en cualquier escrito público de siete palabras (5), y cómo el graffiti funcionó como una forma clandestina de devolución del poder de la palabra a quienes no se encontraban en plena libertad de ejercerla.

son estos tiempos en apariencia más benévolos que los de la dictadura del uruguay: cualquiera puede publicar en internet y ser leído. esto se debe, también, a un gobierno que no ha sabido adaptarse a la contemporaneidad; anquilosados, buscan aplicar las mismas estrategias que falsean la información en una era en la que la información avanza más rápido que los periódicos —y, consciente de ello, las leyes de control de internet y los ataques anónimos a sitios informativos van tomando una amenazadora forma. aún hay tiempo; esta es nuestra oportunidad y nuestra ventaja: libres de ataduras y fechas de entrega, los usuarios de a pie podemos refutar con paciencia los argumentos falaces, las posturas engañosas y desmentir a los columnistas manipuladores. lograr, poco a poco, devolverle a la columna su esencia independiente, crítica e interrogante. sumarnos a la conversación sin rendirle cuentas a ninguna línea editorial. ejercer nuestra propia y acaso ilimitada lucidez.

internet, en méxico, es una responsabilidad antes que un privilegio: usarlo para contrarrestar la desinformación y crticar las posturas oficiales es necesario. existen, ahora, más paredes que antes: hagámoslas nuestras antes de que las derrumben. ~

notas:

  1. esto no es infrecuente: una columna en milenio, hace poco, perpetraba el siguiente argumento circular: aseguraba que las protestas “están siendo manejadas por oscuras y siniestras manos (siniestras, en los dos sentidos del término)”, pero no decía de quiénes eran esas oscuras y siniestras manos ni tampoco aportaba prueba alguna para sustentar la afirmación. de nuevo: no es raro. a esa postura se han sumado editorialistas como ricardo alemán, xavier velasco y el caricaturista paco calderón.
  2. va un comparativo. esto dijo alazraki el 18 de noviembre en su columna: “los normalistas muertos les valen absolutamente madres. ellos han aprovechado la desgracia de estas pobres familias para volver a intentar joder al país”. al día siguiente, esto dijo enrique peña nieto en cuautitlán: “hemos advertido los movimientos de violencia que, al amparo y al escudo de esta pena, pretenden hacer valer protestas. protestas que a veces no está claro su objetivo. pareciera que respondieran a un interés de generar desestabilización, de generar desorden social y, sobre todo, de atentar contra el proyecto de nación que hemos venido impulsando”. como dicen en internet: the resemblance is uncanny.
  3. ejemplo preclaro: “¿habrá que respetar los derechos humanos de los instigadores? se pregunta alguien en una columna del diario de xalapa.
  4. decirlo es una perogrullada, pero claro que hay buenos columnistas en periódicos nacionales: juan villoro, estefanía vela, jesús silva-herzog márquez, carlos bravo regidor, catalina ruiz-navarro, gabriel zaid, león krauze y ana escoto, entre otros, ejercen el oficio con inteligencia y sensatez. habría que sumar a todos aquellos que, liberados del corsé de la fecha de entrega, publican textos en blogs o en revistas independientes que podrían pasar por columnas no periódicas: tania tagle, lilián lópez camberos, alaíde ventura, javier raya, carlos brito y óscar de pablo son algunos. uno puede estar o no de acuerdo con ellos, pero en sus textos no se encontrarán dobleces ante el poder ni complacencias gratuitas.
  5. me lo pregunta alguien y lo anoto antes de despertar más dudas: no tengo la lista completa de las palabras prohibidas, pero entre ellas estaban “libertad”, “dictadura” y “control”.
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