La intriga, desde “Youtube” al barril

El entusiasmo y la curiosidad juvenil, llevaron a los amigos Manuel Benamo y Francisco Pozzo a googlear “cómo hacer cerveza artesanal”. Cuando se dieron cuenta ya estaban en Youtube mirando tutoriales, que les servirían de guía. Pero aún les faltaba conocer algunos secretos y detalles para lograr un buen sabor.

Buscando proveedores de malta se toparon con quien les daría esos secretos que necesitaban y además les explicaría el proceso de producción. Con solo 22 y 23 años Manuel y Francisco comenzaron su emprendimiento al que llamarían “Diezthor”, el nombre surgiría de combinar “diez” en honor a Maradona y “Thor” por un apodo que le habían puesto a un conocido.

Ambos son estudiantes de música y cursan sus estudios en la Facultad de Bellas Artes de la UNLP. Manuel actualmente tiene 24 años, es morocho, de pelo corto y llegó desde Bahía Blanca con la idea de estudiar. Francisco tiene 25 años, tiene el pelo castaño y es platense. Los dos usan barba y son amantes de la música.

Dicen ellos que nunca estuvo en sus planes vivir de esto pero cuando se dieron cuenta de que era posible crecer en el negocio, empezaron a tomarse lo que en principio era un hobbie como un trabajo. Aseguran que sus familias los apoyaron enseguida, cuando vieron el compromiso que le ponían a su emprendimiento. “A mis viejos les preocupaba que descuidara el estudio pero vieron que lo tomé con seriedad y eso los dejó más tranquilos”, contó Manuel.

Hoy, dos años después, Diezthor es un negocio mejor organizado que en sus comienzos, con más maquinaria, que produce unos 700 litros de cerveza por mes. Estos se reparten entre ventas a clientes fijos y otros que se van sumando sobre la marcha.

El hecho de ser sus propios jefes les permite organizar sus horarios a conveniencia. La producción les roba entre siete y diez horas diarias tres veces por semana, los demás días los dedican a cursar materias y a sus actividades personales. Para ellos la clave está en la tranquilidad, no volverse locos con su trabajo para poder hacer las cosas bien. Así toman la producción artesanal como se toma una buena cerveza, disfrutándola y con calma.

Por: Victoria Chejmanek.