Cuquita, la maga.
No, mi madre no se llama Refugio, sin embargo es el mote que le dimos mi primo Roberto y yo hace algunos años. Mañana Cuquita festeja su cumpleaños número cincuenta y seis y yo le dedico mi primer (espero de muchos) texto en mi nuevo blog.
Les mentiría si les cuento que la relación entre mi madre y yo ha sido miel sobre hojuelas, pero también les mentiría si les dijera que toda ha sido malo.
Mis papás se divorciaron cuando yo tenía 3 años aproximadamente (cuentan ellos). Producto de ello mi papá emigró a Estados Unidos a causa del nasty divorce y desde entonces mi madre y yo nos hemos acompañado en este país. Fue ahí cuando empezó nuestra aventura y mi mamá comenzó a hacer magia.
Recuerdo claramente que un cumpleaños mío mi mamá se disfrazó de payaso por la sencilla razón de darme gusto. Pese a la distancia (geográfica) de mi papá, estudié en los mejores colegios (al menos de los 90s), disfruté de vacaciones, viajé y festejé (a lo grande) todos y cada uno de mis cumpleaños. Los reyes magos siempre se hicieron presentes y lo más importante, me he sentido especial y profundamente amada (síndrome de la hija única, perhaps).
Les juro que no termino de comprender cómo lo hizo; con mi papá a kilómetros, ella trabajando (hasta fines de semana), en fin. Yo soy incapaz a mis veintiocho años de cuidar a un perro. A todo esto sumémosle que he sido odiosa, me da pánico pensar la idea de tener una hija como yo (ya la hubiera ahorcado).
El regalo más grande que me ha dado mi madre ha sido la libertad, soy consciente de que no siempre he hecho uso adecuado de ella, pero me la regaló. A los 19 años pensé que sería una gran idea vivir sola, obviamente me quería comer el mundo. Ella confía y confió en mí pese a que la he defraudado en múltiples ocasiones. No sería hoy quién soy si no fuera por ella, por Cuquita.
Ella y yo somos como el agua y el aceite, lo juro. Odia que hable en spanglish, que no use aretes y que no llegue a comer los domigos. Yo odio que pronuncie todo mal en inglés, que cocine sin sal y que me diga Tanita (oso mil).
Cuando era adolescente no la soportaba, estoy segura que ella tampoco a mí. Nunca me ha abandonado, siempre ha estado ahí. No sé si se debe a que ya asimiló la idea de que nunca voy a ser cómo ella me imagina o imaginaba, pero siempre me ha aceptado (y vaya que le ha costado trabajo) tal cual soy.
No conozco mujer más valiente y amorosa, siempre ve las cosas buenas de la vida y de las personas. Soy afortunada de ser su hija, la amo intensamente y ella a mí.
Espero que podamos seguir siendo compañeras de vida y ella siga haciendo magia muchos años más.
Mucho amor y larga vida a la Cuca, mi Cuquita.
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