Ya para qué

Ya para qué te digo que siempre voy a estar ahí para ti pase lo que pase; ya lo sabes, ya te lo he demostrado, ya me has probado y no te he fallado. Dominas qué es cierto y hasta llegas a sacar ventaja de ello.

Ya para qué finjo que no te pienso. No engaño a nadie, y mucho menos a ti, aunque quisiera. Me delata mi hondo suspirar, mi vista perdida hacia la nada y mi intento fallido de de reprimir la sonrisa que surge cuando recuerdo aquellas frases que me decías a mí y a nadie más.

Ya para qué finjo que no me duele tu indiferencia; si es evidente mi esfuerzo por llamar tu atención. Lo he intentado todo, desde ignorante hasta buscar una mínima excusa para hablarte. Todos mis esfuerzos han funcionado, irónicamente, ninguno ha dado resultado; pues si te llegas a dar cuenta de mis intenciones, pero nada es suficiente para recobrar tu atención.

Ya para qué te pido perdón por todos los errores que he cometido; claro está que vienen sobrando, que no te interesan. Y es que no tienen peso alguno porque empecé a ser irrelevante en tu vida, y con ello, mis errores de igual forma.

No escribiré más. No tiene sentido que termine de escribir las mil y un cosas, que han dejado de tener caso alguno. Si nunca las vas a leer, si nunca las vas a apreciar…

Ya para qué